Billy Eckstine canta September Song, con letra de Maxwell Anderson y música de Kurt Weill, canción compuesta para el musical Knickerbocker Holiday de 1938.
viernes, 16 de octubre de 2026
viernes, 9 de octubre de 2026
Crooners - Hoy: Andy Williams
Andy Williams canta Moon River, con música de Henry Mancini y letra de Johnny Mercer. Esta canción fue compuesta en 1961 para la película Breakfast at Tiffany's, estrenada en la Argentina con el título de Muñequita de lujo.
viernes, 2 de octubre de 2026
Crooners - Hoy: Nat King Cole
Nat King Cole canta Nature Boy, canción de eden ahbez (seudónimo de George Alexander Aberle) compuesta en 1947.
viernes, 25 de septiembre de 2026
Crooners - Hoy: Dean Martin
Y hoy es el turno de uno de los crooners por excelencia, Dean Martin, que canta That's Amore, canción de 1953 compuesta por Harry Warren y Jack Brooks.
viernes, 18 de septiembre de 2026
Crooners - Hoy: Bing Crosby
Esta semana uno de los primeros cantantes en ser definidos como "crooners", o sea Bing Crosby, que aquí canta Don't Fence Me In, canción de 1934, con música de Cole Porter y letra de Robert Fletcher y Cole Porter. Con una ayudita de The Andrews Sisters, claro.
viernes, 11 de septiembre de 2026
Crooners - Hoy: Sammy Davis Jr.
Sammy Davis Jr. canta Birth of the Blues, canción de 1926, con música de Ray Henderson y letra de Buddy DeSylva y Lew Brown.
viernes, 4 de septiembre de 2026
Crooners - Hoy: Bobby Darin
Bobby Darin canta Mack the Knife, canción compuesta para La ópera de tres centavos, letra de Bertolt Brecht y música de Kurt Weill.
viernes, 28 de agosto de 2026
Para hacerla así, mejor no la hubieran hecho
En Broadway los desastres teatrales son más frecuentes
porque mucha gente está habilitada para opinar, y a veces quienes deciden qué
queda, no pueden soslayar pareceres que deberían descartar. Por eso acuñaron un
nombre con su correspondiente definición: Theatrical Disaster. Por estos lados,
por diversos motivos y por suerte, son escasos. Aunque hacer un desastre
teatral no es difícil. Basta con tomar, ante cada disyuntiva, la solución
equivocada.
Esta versión de La ópera de tres centavos es un
desastre teatral hecho y derecho. Dos son los responsables: el puestista y
director general, el uruguayo Gabriel Calderón, hombre con muchas cucardas que
debuta infaustamente en la Argentina y la directora musical, Annunziata Tomaro
que no oyó un disco de música de Kurt Weill en su vida (un mérito tiene, a
pesar de que para todos los presentes la música de Weill ya no suena rara o
innovadora, ella, de tan mal que la hace, la devuelve al desconcierto que su
estreno provocó en algunos oídos ) (La obertura, por ejemplo, debe sonar
discordante y levemente desafinada, ella marca tanto la desafinación que uno se
pregunta como hicieron los ejecutantes para llegar a ser músicos de la orquesta
del Colón) Y el tal Gabriel Calderón desnaturaliza la obra de Brecht / Weill
hasta la nada misma. Ojalá la filmen y la guarden, los odiadores de Brecht
podrán dar seminarios de cómo destruir la obra de Bertolt al estilo Cartago.
Para empezar no "contó el cuentito" (como venimos
diciendo desde los ochenta), ni los personajes, ni justificó las dimensiones
políticas y sociológicas que la obra trae. Los personajes son unidimensionales
y si el texto no los describe no tienen color propio y pueden ser
intercambiables por cualquier otro que se te ocurra. Polly Peachum puede ser
Polly o Dorothy (con o sin Toto) o Julieta u Ofelia u otra protagonista joven.
El ensamble tiene que cubrir tres grupos de personajes: a)
los mendigos con sus deficiencias reales e inventadas, b) los malandras que
secundan a Mackie, unos estafadores, cafiolos y asesinos y c) las prostitutas,
falsas, traidoras y acomodaticias. O sea, deben ser peligrosos, siniestros,
amenazadores. Normalmente cubren estos roles actores adultos, con
características no asociadas al modelo de belleza aceptado, es decir nada muy
apolíneo que digamos, un ensamble para un Natán Pinzón, un Peter Dinklage, una Elsa
Lanchester. Calderón eligió un grupo de jóvenes rechazados de un casting para
un programa de Cris Morena. Son todos super fit, con melenas que conocen todos
los productos L'Oreal, y veganos. Son tan amenazantes y siniestros como La dama
y el vagabundo. Y dan la apariencia de ser inmunes al concepto de plusvalía
explicado para zombies. Y el marxismo, uno juraría, les es tan cercano como
Groenlandia. Encima la coreografía es muy mala, más de gimnasia rítmica que de
Terpsícore.
Entonces todo queda como de teatro infantil (lo cual podría
ser un concepto interesante para promover una relectura de Brecht/Weill, en una
serie alemana, alumnos de cuarto grado hacían esta ópera de tres centavos y a
pesar de que los chicos no entendían nada de lo que estaban haciendo, la obra
volvía a ser muy perturbadora, porque el público de padres sí entendían a lo
que aludían) No aquí, todo remite al peor teatro infantil, en el que se grita
al principio "¡Hola, chicos"! y se pregunta todo el tiempo dónde se
escondió Ramoncito y así.
Calderón y Tomaro recordaron que esta obra se representa en
el mundo como comedia musical o como ópera y decidieron hacer un mix: contratar
artistas del musical y hacerlos cantar con la gola operística. Mezcla que salió
horrible. Como hay que forzar la voz, los microfonaron por demás, entonces la
dicción se resiente y no se entiende qué dicen, y todos suenan como si les
apretaran los zapatos o tuvieran ataques de hemorroides. En el mundo de la
música, hay un chiste que dice que si hacés Weill, o no sabés cantar y por lo
tanto cantás como el orto, o sos un cantante de ópera con mal gusto. Aquí se
acercan al chiste, esta gente sabe cantar, pero la hacen sonar peor que a
Susana Giménez y sus balidos dodecafónicos.
Soy sincero, en el curso del espectáculo, llegué a odiar
a Weill, a Brecht, a Lotte Lenya, a
Julie Andrews, al musical, a Verdi, a Rodgers and Hammerstein, a Rodgers and
Hart, a Sweet Charity y a Sophia Loren y a todo lo que me pareció lindo en
algún momento. Cuando se me pase el disgusto volveré a ver en YouTube las
versiones de esta obra que me gustan y todo volverá a estar en su lugar.
Eso sí, jamás olvidaré que es posible volver inane hasta la
obra completa de Shakespeare. Ah, la escenografía, el vestuario y la
iluminación son igual de horribles que todo lo demás. No rescato ni a los
acomodadores.
Me gané otra medallita para cuando San Pedro me pregunte
por qué tendría que ir al cielo, a la larga lista de cosas que ya me
franquearían las puertas del Edén, le agregaré: "Y vi La ópera de tres
centavos de Calderón y Tomaro" ¡Me van a tirar hasta una alfombra roja!
Gustavo Monteros
Cerca del final, el actor que hace de policía le agrega a
su monólogo de cómo va a tratar a la muchedumbre en la ceremonia de coronación una
arenga contra Milei, con la que es imposible no estar de acuerdo. El agregado
está torpemente puesto y llega tarde. Bah, no sé, por ahí sirve para despertar
a los espectadores que a esta altura del espectáculo está a las cabezadas (a la
función que fui ningún número por vibrante que fuera su ejecución y su final
provocó aplausos, salvo cuando un actor los mendigó y dijo: che, ¡pueden
aplaudir!). O ¿es acaso este agregado un lavado de culpas? ¿El reconocimiento
de que la obra tendría que tener esa virulencia? Si la hubieran hecho bien, no
hubieran necesitado ningún agregado. La ópera de tres centavos, hecha
como corresponde, es el mejor alegato contra los Milei del mundo.
viernes, 21 de agosto de 2026
Crooners - Hoy: Yves Montand
Yves Montand, crooner de aquellos si los hay, canta una de las joyas de su repertorio, Las hojas muertas / Les feuilles mortes, canción de 1945 con música de Joseph Kosma y letra de Jacques Prévert.
viernes, 14 de agosto de 2026
Crooners - Hoy: Frank Sinatra
Frank Sinatra canta That's Life, canción de 1963 compuesta por Dean Kay y Kelly Gordon, y grabada por Sinatra para su álbum con el mismo título en 1966.
viernes, 7 de agosto de 2026
Crooners - Hoy: Tramell Tillman
Tramell Tillman canta Nobody Does It Like Me, una canción con letra de Dorothy Fields y música de Cy Coleman, que pertenece al musical Seasaw.
viernes, 26 de junio de 2026
viernes, 19 de junio de 2026
Mujeres que cantan - Hoy: Judy Garland
Judy Garland canta It Never Was You, con música de Kurt Weill y letra de Maxwell Anderson.
viernes, 12 de junio de 2026
Mujeres que cantan - Hoy: Soledad Pastorutti
Soledad Pastorutti y Lito Vitale hacen Oración del Remanso, chamamé de 1998 de Jorge Fandermole.
viernes, 5 de junio de 2026
Mujeres que cantan - Hoy: Virginia Luque
Virginia Luque canta Rebeldía, tango de 1946 compuesto por Roberto Nievas Blanco y Oscar Rubens.
viernes, 29 de mayo de 2026
Lo que dice la obertura
En los espectáculos musicales con obertura (ópera, opereta, zarzuela, musical, etcétera), a veces las oberturas nos informan con pelos y señales a qué nos atendremos el resto de la velada.
Una de las mejores oberturas de los musicales es la de Gypsy (libro de Arthur Laurents, música de Jule Styne, letras de Stephen Sondheim).
Los espectadores del 21 de mayo de 1959 del teatro Imperial de Broadway, a poco de empezada la obertura, supieron que un caballo ganador había entrado a la pista.
viernes, 22 de mayo de 2026
El musical es un arte, pero también una ciencia
Diagramar un musical con partes estelares requiere una precisión quirúrgica. La estrella debe tener un personaje hipnótico que abarque todos los recursos de quien lo interpreta y pueda expresarlos en plenitud y abundancia.
Los números estelares deben estar espaciados con
regularidad y permitirle a la estrella reponerse y descansar entre ellos. Estas
estrellas suelen no ser jóvenes y deben llegar al gran final vivitas y
coleando. Sin olvidar que a veces hasta se les exigirá hacer dos funciones.
Uno de los grandes maestros de este tipo de musicales es
Jerry Herman y llegó a la cumbre de su genio no con uno, sino con ¡dos! obras: Hello,
Dolly! y Mame. Ambas piezas tienen el gran número del segundo acto
en canciones que dan el nombre a la obra.
Y la astucia creativa usada por los directores originales
de estas obras con sus respectivos coreógrafos se manifestó en que incluso en
ese mismo número, la estrella desplegaba su talento y descansaba alternadamente
a la vez.
Hello, Dolly! se estrenó en 1964 y
fue dirigida y coreografiada por Gower Champion. Mame se estrenó en 1970
y la dirigió Gene Saks y la coreografió Onna White.
El darle descansos a la estrella dentro de una obra es tan
viejo como el tiempo, pero lo de hacer descansar a la estrella dentro del mismo
número puede que lo haya inventado Gower Champion en el largo número central de
Hello, Dolly!
Pero el truco se ve más claramente en Mame y a las pruebas me remito. El número que veremos es de cuando Ginger Rogers desempeñaba el protagónico en un montaje del West End.
viernes, 15 de mayo de 2026
Intermezzo - Hoy: Beyond the Sea
Seguimos con nuestra pausa musical. Hoy nos vamos a Broadway y escucharemos a Jeremy Jordan cantar "Beyond the Sea", la versión anglosajona de "La mer" de Charles Trenet en el musical Just in Time, que es sobre vida y obra de Bobby Darin.
viernes, 8 de mayo de 2026
Intermezzo - Hoy: Los productores
Nos tomamos una pausa musical de tanta literatura y disfrutamos de dos canciones (We Can Do It y I Wanna Be a Producer) del clásico de Mel Brooks, Los productores. Andy Nyman es Max Bialystock y Marc Antolín es Leo Bloom. La coreografía es de Lorin Latarro.
viernes, 1 de mayo de 2026
Lecturas 2026 - Cuatro novelas de Margaret Millar
“La cabra siempre tira pa’l monte”, me hubiera dicho la tía
Martina de haberme visto sentado leyendo uno de los libritos de la pila de
novelitas con las tapas idiosincráticas de El Séptimo Círculo, que hacía
equilibrio en la mesa de tres patas, reliquia del bar / cantina que alguna vez
regenteó mi viejo.
Es que cuando la oscuridad ruge afuera, lo que más aquieta
los temores de mi mente es la lectura de policiales. ¡Y mirá que la oscuridad
ruge y rige en este marzo, ya abril, de 2026 en el Mileinato del Río de la
Plata!
Cuando busqué entre los volúmenes de El Séptimo Círculo que
andaban por la biblioteca, me decidí por privilegiar autoras sobre autores,
dado que venía de una experiencia tan buena con las novelas de Kate Atkinson.
La opción final quedó entre ¿Vera Caspary o Margaret
Millar? Vamos por la Millar, me dije, porque, aunque brilló con luz propia no
dejó de estar a la sombra de su marido, Kenneth Millar, un señor que firmaba
con el seudónimo de ¡Ross Macdonald! ¡Sí, el que creó al detective Lew Archer!
Decido leer cuatro títulos de Margaret Millar. Arranco con
“Pagarás con maldad” (Do Evil in Return, 1950). Dice la contratapa: “La
doctora Charlotte Keating está en una difícil situación. Su apacible vida como
médica y su apasionada aventura con el apuesto y respetable Lewis dan un vuelco
cuando, súbitamente, aparece el cadáver de la joven Violet, a la que había
practicado un aborto tras quedarse embarazada, pero no de su marido. Sin saber
aún si la muerte de Violet es fruto de un suicidio o de un asesinato, Keating
se verá involucrada en una asfixiante espiral de amenazas y chantajes que, de
algún modo que no consigue comprender, guardan cierta relación con su propio
amante. De repente, la confianza se convierte en un lujo que Keating no se
podrá permitir, si quiere seguir con vida para averiguar el porqué de la
horrenda muerte de Violet.”
Por supuesto el morbo que se me desata está puesto en la
palabra aborto, asociada a una novela que transcurre en 1950, perdón por la
frivolidad (y la rima), pero me pareció el colmo de la modernidad. Si bien el
género negro se permite todas las sordideces, algo tan clandestino y tan íntimo
como el cese de un embarazo me parece incongruente con el canon moralizante y
pacato de los años cincuenta.
Sin embargo, a quien escribió la contratapa, leyó mal la
novela o no la entendió. En la trama la doctora Keating se niega a hacerle el
aborto a Violet, algo de lo que se arrepentirá de inmediato. Curioso lapsus del
autor de la contratapa.
La novela es apasionante, muy humana y a la vez perturbadora. Y uno cree adivinar por dónde vendrán los tiros, pero no, la autora está unos pasos por delante y saca una carta ganadora. ¡Sorpresa! En los cincuenta no solo tomaban té y jugaban a la canasta, ¡tenían mucho sexo!
Sigo con “Muerte en el estanque” (Rose´s Last Summer,
1952). Dice la contratapa: “Rose French había sido una estrella. Cinco veces
se había casado y, aun ahora, a los sesenta años, la animaba una intensa
vitalidad que parecía inextinguible. La muerte la encontró en un jardín
desierto. Su amigo y consejero, Frank Clyde, sospechó que detrás del
fallecimiento, atribuido a causas naturales, había un misterio. Se agravó la
sospecha cuando el pasado empezó a invadir el presente. Uno de los nebulosos
maridos de Rose apareció en la localidad, agresivo y próspero. Casi sin
proponérselo, Frank Clyde se convirtió en detective. La historia de su
investigación es siempre cautivante y a veces desaforadamente absurda. Es una
comedia de costumbres escrita con implacable agudeza. Esta novela originalísima
se leerá con alarma y con encanto.”
Esta vez el autor de la contratapa no puede estar más
acertado. La cosa tiene mucho de comedia y de la buena. Encanta y deleita. Y
por más que todo sea grave y haya una muerte, sonreímos durante toda la
lectura, porque a veces el absurdo de la vida es sencillamente hilarante.
Sigo con “La bestia se acerca” (Beast in View, 1955), que
fue muy elogiada, un best-seller y premiada con un Edgar. No sé si está en El
Séptimo Círculo, al menos mi copia no es de esa colección. Dice la contratapa: “El
mundo puede llegar a ser terrorífico más allá de las cuatro paredes de una
habitación de hotel. La joven Helen Clarvoe tenía muy claro que su seguridad
personal dependía de aquella reclusión voluntaria, hasta que recibió la llamada
más estremecedora de su vida: Evelyn Merrick, una supuesta ex compañera de
colegio, le contaba que había tenido una visión onírica en la que Helen
aparecía sangrienta y mutilada tras haber sufrido un terrible accidente.
Aterrorizada y confusa, Helen decide pedir ayuda a su viejo amigo Paul
Blackshear para que investigue quién es Evelyn y por qué ha pretendido
asustarla con tal dicha llamada. Paul, que decide echarle una mano, pronto
comienza a seguir pistas que le conducen a un submundo de delincuencia, abuso
de drogas y pornografía, algo que no solo implica a la desconocida Evelyn, sino
también a su propia amiga Helen.”
Bueno, aquí el que escribió la contratapa no comprendió un
par de cosas. Helen no es tan joven, es una treintañera soltera, que para los
parámetros de la época equivalía a una vieja solterona. Y Paul no es
precisamente su amigo.
El resumen de Wikipedia es más fiel a la esencia de la
novela: “una intriga psicológica desencadenada a partir del acoso telefónico
que sufre una soltera al borde de los cuarenta años por parte de una mujer
trastornada que estuvo brevemente casada con el hermano homosexual de aquella.”
Como se ve, la cosa venía fuerte: homosexualidad,
trastornos psíquicos, droga, pornografía. Todo eso está y en radiante
tecnicolor, pero la autora de a poco empieza a hacer pases de magia y cerca del
final saca la alfombra donde estamos parados y literalmente nos sienta de culo.
El truco es magistral y el engaño al que nos somete es lícito (en literatura,
claro, si lo hace en la vida, habría que encarcelarla).
El viejo axioma de “Nada es lo que parece” aquí es cierto y se verifica para nuestra total diversión. Terminada la lectura dan ganas de leerla otra vez para ir viendo cómo “cocina” el timo.
Y termino con “Solo
monstruos” (Beyond This Point Are Monsters, 1970). Dice
la contratapa: “En un rancho de California, Robert Osborn, sale a buscar a
su perro y nunca más se le vuelve a ver. Algunos rastros de sangre, el hallazgo
de una probable arma asesina, hacen que su esposa, Devon, crea que han
asesinado a Robert. Un año después, su madre y su mujer protagonizan un duelo
frente a frente en un juicio para declarar o no legalmente muerto al ranchero
desaparecido. La madre no quiere que el juez dictamine la muerte porque está
convencida de que sigue vivo y la viuda espera que lo haga para poder seguir
adelante con su vida. ¿Lo mataron? ¿No lo mataron? ¿Quién? ¿Por qué? Pero es la
policía, a través de la correspondiente investigación, la que debe aclarar este
punto. Accidentes que fueron en realidad asesinatos, amores tempestuosos y
secretos, relaciones promiscuas, violentas escenas que habían quedado ocultas
comienzan a salir a escena a medida que la investigación progresa. Al final, se
hace patente en toda su siniestra evidencia la monstruosa realidad de una
familia terrible, que se esconde celosamente tras el poder del dinero.
Publicada también en castellano como «Más allá hay monstruos».”
Esta puede que esté un punto más abajo que las anteriores.
La trama está muy bien manejada, los personajes son empáticos, los conflictos
bien delineados, pero en el final-final quiere hacernos dudar y la cosa no le
sale muy prolija.
Y si uno relee los últimos párrafos comprende que no es la
visión de la autora sino la del personaje la que quiere confundir o hacernos
polemizar. De todos modos, este pequeño demérito no le resta valor a todo lo
logrado por la novela hasta ese punto.
¿Y ahora qué leo? Vengo en una buena racha y no quiero que
se me corte. Mejor ir por lo seguro, ¡un clásico! Después les cuento





