viernes, 24 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Cinco libros, cinco


 

Nunca había hecho eso. Leer cinco libros a la vez, disciplinadamente, de principio a fin. En la facultad debemos de haber leído más de cinco libros a la vez, pero no de portada a colofón, sino un capítulo aquí, otro más allá y un largo fragmento que baja y se pierde. ¿Por qué decidí emprender este intento? Para no aumentar la extensa lista de libros a medio leer. Con los de ficción, tiendo a llegar al final. Pero con los de no ficción (como estos cinco) arranco con entusiasmo, pero cuando llego a un capítulo que no me interesa tanto, tiendo a dejar el libro de lado y seguir con otra cosa. Así que supuse que, si arremetía varios a la vez, leyendo un capítulo de uno y después un capítulo de otro, aunque me cruzara con capítulos que no me interesaran tanto, al ir de un libro al otro, completaría la lectura de todos. Y ¡lo logré! Terminé los cinco.


El primero de la lista era “Historia de la última dictadura militar (Argentina 1976-1983)” de Gabriela Águila, porque no quería ser como ese necio viejo de mierda que me dijo una vez: “Yo la viví, a mí no me la van a venir a contar.” Yo la viví y quiero también que me la cuenten. La dictadura cubrió los últimos años de mi adolescencia y los primeros de mi juventud, así que era consciente de lo que pasaba, a la vez que la bisoñez me impedía, quizá, abarcar el horror en toda su magnitud. Como decía un artículo que leí en estos días, lo más llamativo de la sociedad argentina es su capacidad de convivir con el horror y hacer de cuenta de que no pasa nada extraño, de seguir viviendo como si tal cosa, algo que en La Plata por entonces costaba doble, porque había “operativos” a cada rato y hasta “chupaban” personas a la luz del día. El libro me permitió cotejar “mi historia” con “la Historia” y corroborar los entresijos de una realidad monstruosa.




El segundo fue “El mejor amigo del perro: Breve historia de un vínculo único” de Simon Garfield, en el que como su título lo indica, el autor reseña los efectos y consecuencias de la relación hombre-perro. Se centra en detalles que le interesan particularmente como el enigma científico de la derivación lobo a perro, la humanización creciente de los nombres asignados a los perros durante el siglo XX o como se pasó de Colita a Facundo, la comercialización millonaria de las nuevas comodidades del perro, la exclusividad y el esnobismo detrás del Best in Show y demás concursos de Mejor Perro, los perros en la literatura, la crueldad de los perros diseñados, de la clonación y de la “pureza” certificada, etc. El señor es inglés y no pasa por alto la tremenda matanza de animales domésticos que se dio en Inglaterra, en especial en las grandes ciudades al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Como en la Primera Guerra habían visto en las ciudades devastadas la penuria de los animales sin amos, decidieron evitarles a las mascotas el probable sufrimiento “durmiéndolos”. En el primer mes de esa campaña eliminaron 400.000 perros según datos oficiales. No se dieron tiempo de pensar soluciones alternativas, el que no tenía campos en el interior para mandar a sus mascotas, las eliminaba. Esta historia es como el bombardeo a Plaza de Mayo de civiles indefensos casi al final del peronismo, es algo que se sabe, pero no mucho.




El tercer libro fue “The Ballet Lover’s Companion de Zoe Anderson”. Lo leí en inglés porque todavía no tiene traducción al español (y ya no creo que la tenga, porque es de 2018). Es un libro de divulgación de conocimientos, claro, y está dirigido al lego, entre los que me cuento. Como vivo en la ciudad de La Plata donde hay un teatro de ópera, que como todos ellos tienen también ballet, me he expuesto desde mi adolescencia al ballet. A lo largo del tiempo, vi ballets de diferentes períodos y fui adquiriendo un conocimiento esporádico y desordenado. Por eso necesitaba un libro que me ordenara y me diera una perspectiva fidedigna de las distintas etapas por las que fue evolucionando el ballet. Este libro fue la respuesta ideal a mis inquietudes. Va reseñando los diferentes períodos y enumera los ballets que corresponden a cada etapa. Si los mismos títulos fueron tomados para ser renovados o modificados en etapas futuras, Anderson nos detalla los cambios. No se lo digan a nadie, pero el final del libro le da un poco la razón a Timothée Chalamet, el ballet (ojo, no confundir con la danza o la danza moderna, aquí hablamos solo del ballet) está en un camino sin salida (un poco al igual que la ópera), porque no surgen autores que creen nuevos ballets, de vez en cuando aparece uno, pero es excepción y no regla. O sea, es muy probable que, hoy por hoy, no sea un arte vivo. En lo que no tenía razón Chalamet es en lo que no le interesa a nadie: soy una prueba que lo desmiente, buscaba un libro que me guiara en la historia de esta ceremonia de belleza que me deslumbra siempre. Lo extraño es que nadie le dijera a Chalamet que el cine, que él daba como arte vivo, está en vías de extinción y que mantenerlo vivo, como lo conocimos en el siglo XX, le interesa cada vez a menos personas. Por culpa, creo, de que estamos inmersos en la lógica del escándalo superficial y berreta, alguien dice algo que no gusta y todos corren y prenden las teas y quieren ejecutar al apóstata en plaza pública y nadie procura entender por qué dijo lo que dijo, confrontarlo, discutirlo, demostrándole que su juicio es apresurado y quizá muy errado.



Los dos que siguen son autobiografías que leí porque dijeron que seguían el modelo inaugurado por Vladimir Nabokov en su libro de recuerdos, “Habla, memoria”, o sea, en vez de la ilación cronológica de hechos, capítulos independientes que se centran un evento o revelación.

El primer tomo de la autobiografía de Alan Alda se llama: “Never Have Your Dog Stuffed: And Other Things I’ve Learned” y es de 2006. Hasta la fecha no se tradujo y en castellano sería algo así como “Nunca embalsames a tu perro y otras cosas que aprendí”. Confieso que no era un fan muy entusiasta de Alan Alda, pero tampoco me caía mal. Estaba en películas que había que ver y a la salida comprobaba que sumaba más que restaba. Cuando llegó su consagración con la serie M.A.S.H., espié el fenómeno para ver de qué se trataba (sobre todo en qué se diferenciaba de la película de Altman), comprobé su calidad, pero no la seguí. Pero este libro me seducía por lo que el título prometía. ¿De qué perrito se trataba, cómo llegó a embalsamarlo y sobre todo, por qué aconsejaba jamás hacer algo así? Se llega pronto a este capítulo porque es un hecho de su infancia y se vuelve inolvidable. Lo traduje y lo compartiré pronto, quizá la semana que viene. Conocí además a un tipo muy atendible, sencillo, sensible, con una peculiar capacidad de verse sin tapujos, que no teme quedar mal, en particular en lo que tiene que ver con su mamá, una persona con serios problemas mentales, que tuvo la poca suerte de vivir en una época en la que determinados trastornos psíquicos no tenían todavía diagnóstico y tratamiento. Vi en su momento las películas con guion propio, o sea, The Seduction of Joe Tynan, que aquí se llamó Escalera al poder, que dirigió Jerry Schatzberg, con el coprotagónico de una tal Meryl Streep y The Four Seasons / Las 4 estaciones que también dirigió, en 1981, con Carol Burnett, Rita Moreno, Jack Weston y Sandy Dennis en el elenco. No me dejaron mella, no por alguna falla que tuvieran sino porque era muy chico y los conflictos que trataban me dejaban afuera. Cuando pueda las volveré a ver y les cuento.




Y el quinto y último libro del desafío es el primero de memorias de la actriz Illeana Douglas y se llama “I Blame Dennis Hopper, And Other Stories From a Life Lived In and Out of the Movies”, es de 2015 y tampoco se tradujo. El título sería algo así como “Le echo la culpa a Dennis Hopper y otras historias de una vida vivida dentro y fuera del cine.” Es un libro delicioso y como su título lo indica es de una persona que ama el cine y que jura y perjura que algunas películas hicieron que su vida fuera mejor de lo que era, que le salvaron la vida, porque la hicieron trascender momentos difíciles. Principio al que adhiere a pie juntillas quien esto escribe. Pronto traduciré los capítulos que se refieren a Liza Minnelli y a Robert De Niro, que son también mis ídolos, por las dudas no lo sepan.

Gustavo Monteros



viernes, 17 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: La defensa de Vladimir Nabokov

 


Dice Nabokov en su autobiografía ("Habla, memoria") que dos actividades lo dominaron desde la infancia: el ajedrez y cazar mariposas (que en fino se llama Lepidopterología y es una rama de la Entomología, esto de cazar mariposas pasó en su caso de hobby a contribución científica, porque capturó algunas que no se conocían a las que tuvo que bautizar).

 

Y dicen los que saben (o sea los críticos literarios) que a los novelistas les conviene sacarse de encima más pronto que tarde la elaboración de la infancia, los ritos de pasaje a la pubertad, la influencia de los padres, etc.), para pasar a temas superadores.

 

¿Será siempre así?, en García Márquez, por ejemplo, no se aplica. Aunque en Vladimir Nabokov, sí. Su primera novela, "Mashenka", se centra en su primer amor y en su inicio en la sexualidad, y esta, su tercera "La defensa" gira alrededor de otra pasión arrebatadora de sus primeros años, el ajedrez.

 

Luzhin, a los 9 años por culpa del romance del padre con una prima de la madre, descubre el ajedrez. Venía sin destacarse en la escuela, no era muy apreciado por sus compañeros y su padre, un autor de libros para adolescentes, se sentía decepcionado por un chico tan gris. El ajedrez le dará el brillo que le faltaba, y un "productor" explotará su genio mientras sea un niño prodigio, después lo abandonará a su suerte.

 

Luzhin vivirá solo para para su mente y el juego, y a los 20 años será un hombrecito sin edad, miope, asmático, muy excedido de peso, feucho, sin gracia, no muy limpio. Pero todo un maestro del ajedrez.

 

Contra todo pronóstico, una chica lo hallará atractivo y se empecinará en sacarlo adelante como un ser más "corriente". Mientras tanto el ajedrez hará que Luzhin cruce los límites de su capacidad y terminará ¿loco?, ¿depresivo?, ¿exhausto del juego?

 

De allí en más, ya no sabrá qué es real y qué no. Tendrá prohibido jugar el ajedrez, pero lo aprendido lo perseguirá y jugará con ¿el destino?, ¿lo incognoscible?, ¿lo que subyace bajo las cosas que se ven?

 

Conclusión: puede que el ajedrez lleve a la locura, pero también hace oír la música de las esferas. Un buen libro.

 

Y así acaba el plan de lectura propuesto para este enero y febrero, las seis novelas de Kate Atkinson con el protagónico del detective Jackson Brodie, intercalas por las tres primeras novelas de Vladimir Nabokov. ¿Me comprometo públicamente con otro plan? No es necesario, creo. Voy a seguir leyendo para no encerrarme en esta realidad desesperante, a la que no me niego, me entero de lo que pasa, pero no quiero rumiar el horror todo el día. Leer me despeja, me despabila, hallo que me mantiene entero. Que es así como debemos estar, porque en algún momento habrá que reconstruir todo lo que están destruyendo.

Gustavo Monteros

viernes, 10 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Muerte en Rook Hall de Kate Atkinson


 

Los géneros son artificio puro, chocolate por la noticia, y al policial, en especial a su variante ¿Quién-lo-hizo? (el famoso whodunit) se le nota mucho la marca en el orillo.

 

“Muerte en Rook Hall” es la sexta novela de Kate Atkinson protagonizada por el expolicía, exsoldado Jackson Brodie. En reseñas anteriores contábamos que a Atkinson le gustaba apartarse de las fórmulas tradicionales de la novela policial y que jugaba con las formas.

 

En esta novela, en cambio, ha decidido abrazar los más rancios trucos de la novela típica inglesa de crímenes en pueblos chicos, abadías o casas solariegas y divertirse a lo grande con ellos, subvirtiéndolos.

 

Pero no andemos con vueltas y nombremos al elefante en la habitación. ¿Quién es la reina del whodunit en pueblitos, abadías, casas solariegas y aledaños? ¡Agatha Christie!

 

Aquí  Atkinson elige referirse a ella a través de una tal Nancy Styles, un personaje inventado, que es tanto Christie como algunas (o todas) de sus epígonos más conspicuas.

 

Es que si sos mujer, británica y escribís policiales, antes de teclear la primera palabra, tenés que lidiar con el legado del monumento Christie. Y aquí Atkinson la "homenajea" con amor y odio. Amor por el ingenio de sus tramas y personajes, y odio por haber llevado ese ingenio a alturas vertiginosas. Porque aun antes de empezar, si sos mujer, británica y escribís policiales, ya tenés la vara no alta, sino olímpica.

 

Pero no hay monstruo o genio sin su talón de Aquiles. El de Christie fue ser prolífica. Y así cuando la inspiración amenguaba, Agatha se recostaba en el oficio: si no salían personajes, que sean tipos pues, si la trama no es inteligente, que sea arrevesada, que lo intricado puede pasar por profundo o brillante.

 

Por supuesto, si homenajeamos, nos metemos en el terreno de lo "meta": lo metalingüístico o lo metaficcional, o sea el recurso que remite a los recursos típicos de lo que se narra, el juego de espejos, la interreferencialidad. Por ejemplo, la novela se abre y se cierra con una compañía de teatro que se especializa en obras de "descubra al asesino" y que está perdida en su laberinto.  Bien podría uno decirles: Querido actores, no suden las neuronas, si tienen que entregar a alguien, los mayordomos se pintan solos, son los “perejiles” ideales para atarles el sambenito.

 

Y la excusa para accionar la trama de esta novela es la pérdida de un cuadro (¿renacentista, quizá?), los herederos del mismo, una pareja de hermanos (como diría Cortázar en “Casa tomada”) contrata a Jackson Brodie para que encuentre a la persona que lo robó, para ellos es la chica que cuidaba a su madre hasta que la pobre pasó a mejor vida.

 

En una mansión que es casi igual a Downton Abbey, ocurrió algo similar, allí con un Turner.

 

Como ya mencionamos antes también, el punto fuerte de Atkinson es la creación de personajes, aquí parte de estereotipos y, como no puede con su genio, los empieza a tridimensionar: el reverendo, la baronesa, el soldado son los principales y los más logrados.

 

El reverendo es como la respuesta contemporánea al cura de “El poder y la gloria” de Graham Greene. Aunque ahora la pérdida de fe, según Atkinson, ya no es tan grave y más que angustia desata sarcasmo, una de las perversas formas del humor.

 

La baronesa es puro Bernard Shaw, o sea uno espera una cosa y el autor aniquila nuestras expectativas: ejemplo, la señora tiene más libros que la biblioteca del congreso yanqui, pero es más bruta que un arado, su educación es puro modales, o parece frágil, pero puesta a prueba es más brava que los parcos que hacía Clint Eastwood.

 

El soldadito arranca como la reformulación de otro personaje de Graham Greene, el de “Un caso acabado”. El muchacho se presenta aguerrido, pero es más flojo que el calzón de la empleada pública de Gasalla.

 

Como sea la hilaridad campea a su antojo, es el más humorístico y regocijante de todos los libros de Atkinson con Jackson Brodie.

Gustavo Monteros


viernes, 3 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Cielo interminable de Kate Atkinson


 

Y el plan de lecturas sigue inexorable, lo que me sorprende, aunque no sé por qué: la realidad es horrible, los insomnios son largos y en algún lugar tengo que meter la cabeza para no desesperar de tanta tristeza.

 

Y como dije en reseñas anteriores, no me cuesta relacionarme con Jackson Brodie, el protagonista de las novelas policiales de Kate Atkinson. Ya llegué a la quinta.

 

Por supuesto, pueden leerse individualmente, pero si se leen seguidas en orden cronológico, se ve que conforman una saga con personajes que figuran en todas y otros que aparecieron puntualmente en una y vuelven en alguna otra.

 

Jackson, claro, viene con su historia y sus circunstancias. Es exsoldado, expolicía, tiene una hermana asesinada, un hermano que se suicidó por la culpa de no haber ido a buscar a su hermana en la parada del bus la noche que la mataron, un padre minero y una madre sacrificada que reconoció estar doblada de dolor cuando ya nada podía hacerse. Tiene una exesposa y una hija de esa pareja.

 

En la primera novela (Expedientes, 2004) por el caso que trata, conoce a Julia, una actriz. En la segunda novela (Incidentes, 2006) atestiguamos que Julia y él tienen una relación establecida, que termina mal, ella está embarazada, pero le asegura a Jackson que él no es padre. En la tercera novela, Esperando noticias, 2008) Jackson va al pueblito donde Julia vive ahora con su nueva pareja y el supuesto hijo de ambos, Nathan, y le roba al pibe unos cabellos durante un paseo con la escuela, para hacerle la prueba de ADN. En la cuarta novela, Me desperté temprano y saqué al perro, 2010), Jackson ya sabe que Nathan es su hijo y se relaciona con él, con la anuencia de Julia. Y en la quinta novela, Cielo interminable, 2019), vemos a Jackson veranear con Nathan, ahora un preadolescente.

 

Y en esta novela reaparecerá Reggie, una de las protagonistas de la tercera o sea, Esperando noticias.

 

Jackson desde que lo conocemos también ha tenido lo suyo, sentimentalmente hablando, no solo se relacionó con Julia, conoció en Incidentes a una comisaria, de la que se enamoró en Esperando noticias y con la que no pudo concretar una relación en Me desperté temprano y saqué al perro. Para olvidarla, se casó en Esperando noticias, con una chica que resultó una estafadora que le quitó la fortuna que heredó de una clienta de la primera o sea, Expedientes.

 

Y como es habitual en estas novelas, el hecho de sangre surgirá promediando el libro y no en sus primeras páginas. Jackson anda detrás de un adúltero, y la casualidad lo envolverá en la reapertura de un caso que involucra un círculo de pedófilos que en su momento fue desarmado, pero que los que se ocupaban de la logística transformaron en trata de blancas.

 

Y como ya mencionamos, el punto fuerte de Atkinson es la creación de personajes que nos importan o interesan.

 

Hasta el cuarto libro, los mismos fueron publicados con dos años de diferencia, pero 9 años pasaron entre el cuarto y el quinto. Este hiato hizo que el personaje perruno del título del cuarto no reapareciera en el quinto.

 

Jackson rescató este perrito del maltrato de un matón que lo había heredado de una mujer que lo abandonó, no la juzgamos, por ahí en el apuro por huir y sobrevivir no se llevó al perrito, lo que debió haber hecho. El pobre tuvo suerte y cayó en manos de Jackson, al que en un momento decisivo le salvó la vida, porque de no ser por la tozudez del perrito, Jackson no contaba el cuento.

 

En la saga 5 años trascurrieron entre el cuarto y el quinto libro, así que esperaba que este perrito de nombre horrible, Embajador, al que Jackson prometió cambiarle el nombre al final del relato, reapareciera, pero no. En su lugar (porque los perros son personajes en estos libros, aparece Dido, la perrita de Julia que anda en sus últimos achaques.

 

Y cuando se la devuelve a Julia, Embajador es mencionado de soslayo: "Jackson echó de menos al animal de inmediato; quizá debería buscarse un perro solo para él. Había estado brevemente a cargo de un chucho poco satisfactorio con un nombre absurdo. A lo mejor podía conseguirse uno más viril: un collie, tal vez, o un pastor alsaciano, y llamarlo Spike o Rebel."

 

A mí me gustaba Embajador. ¿Se sabrá algo más de él en la última novela de serie hasta el momento que fue publicada el año pasado, Muerte en Rock Hall? Si es así, después les cuento.

Gustavo Monteros