viernes, 6 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Mashenka


 

Si quiero hacer bien los deberes y leer las 6 novelas de Kate Atkinson protagonizadas por Jackson Brodie y las tres primeras de Vladimir Nabokov, cronológica pero no sucesivamente, tengo que leer dos de Atkinson/Brodie, intercalar con una de Nabokov, y repetir el ciclo hasta terminar.

 

Leídos (con sumo placer) los dos primeros Atkinson/Brodie, me toca el primer Nabokov. Se llama "Mashenka" y transcurre en el año en que fue escrita o sea 1926.

 

Sucede en una pensión en Berlín. Ya me predispone bien, después de "Rosaura a las 10" de Marco Denevi, me gustan las novelas que pasan en pensiones. Nunca viví en una, pero hay una intimidad forzada cuando se comparten comidas, baños, llaves, horarios y a veces hasta cuartos. Tienen, diríamos, una promiscuidad emocional.

 

A esta la regentea una señora ya mayor, Lydia Nikolaevna, que al quedar viuda, para vivir con desahogo, transforma la holgura de su piso en pensión.

 

Sus pensionados son Podtyagin, un viejo poeta, Alfyorov, un matemático que se gana la vida como contable, Klara, una joven de veintiséis años, que es mecanógrafa, Gornotsuetoy y Kolin, jóvenes bailarines y Lev Glebovich, Ganin para los amigos, escritor en ciernes, a través del cual se narra la historia.

 

Todos exiliados de la vieja Madre Rusia. Lydia ya estaba en Berlín desde mucho antes de la Revolución, pero al llegar a su viudez comprendió que ya no podía volver. A los demás los corrió el bolcheviquismo.

 

Y si cada persona es un mundo, estos de puro rusos, son como un universo. Alfyorov, un cuarentón (o sea para la época un vejestorio matusalémico) espera con ansía la llegada de su esposa, Mary, que por unas fotos, nuestro protagonista descubre que no es otra que su Machenka, su primer amor y su iniciación sexual.

 

Detalle llamativo. Gornotsuetoy y Kolin son muy queer. Se maquillan, juegan con lo andrógino y Kolin coquetea abiertamente con Ganin, pero al revés del uso y costumbre de la época en que los personajes homosexuales eran tratados con crueldad y mofa, estos están retratados con ternura y simpatía y sin una sola nota escandalizada.

 

Y como Nabokov era un novelista natural no parece ni ahí una primera novela. Es que, al ser un narrador nato, no tiene nada que aprender, solo desarrollar. Tenía 27 años al escribirla.

 

Y si en su "Habla, memoria", las descripciones llegaron a insuflarme la paciencia, aquí tienen un lugar lógico y ¡breve!

 

Es más, me gustaron mucho, tanto que cito una: "Aquella noche, como todas las noches, un viejecito envuelto en una capa negra avanzaba lentamente por la acera de la larga y desierta avenida, golpeando el asfalto con el pincho en que terminaba su bastón, mientras buscaba colillas de cigarrillo —de papel o con boquilla dorada o de corcho— y medio deshechas colillas de cigarro. De vez en cuando, bramando como un ciervo, pasaba veloz un automóvil, o bien ocurría algo en que las gentes que caminan por la ciudad nunca se fijan: una estrella, más rápida que el pensamiento, y más silenciosa que una lágrima, cruzaba el firmamento. Más espIendentes y más alegres que las estreIIas, eran las letras de fuego que surgían una tras otra sobre un negro tejado, desfilando en fila india, y se desvanecían de repente en las tinieblas. (…) Y en esas calles, ahora tan anchas como brillantes mares negros, a última hora de la noche, cuando la última cervecería ha cerrado sus puertas, un ruso abandona el sueño y, sin sombrero ni chaqueta, cubierto con un viejo impermeable, pasea como en trance de vidente. Y a esta hora tardía, por esas anchas calles pasaban mundos absolutamente ajenos entre sí: un juerguista sin juerga, una mujer, o simplemente un caminante, cada cual un mundo aislado, y cada cual un todo de maravillas y desdichas. Cinco viejos carruajes de caballos aguardaban en la avenida junto a la voluminosa forma, con estructura de tambor, de un pissoir: cinco adormilados, cálidos y grises mundos con uniforme de cochero, y cinco otros mundos sobre doloridos cascos, dormidos y sin soñar en otra cosa que en avena escapando por el roto de un saco, con suave sonido de caída.

En momentos como éste todo adquiere naturaleza fabulosa, todo se convierte en insondablemente problema y la vida parece terrorífica, en tanto que la muerte es todavía peor. Y entonces, mientras uno camina deprisa por la ciudad nocturna, mirando las luces a través de las lágrimas y buscando en ellas gloriosos y deslumbrantes recuerdos de pasada felicidad —un rostro de mujer, que surge del fondo de muchos años de olvido—, de repente, en nuestro loco avance, nos detiene cortésmente un peatón y nos pregunta el camino para llegar a tal o cual calle, nos lo pregunta en voz normal, pero en una voz que nunca más volveremos a oír."

 

No se lo digan a nadie, en realidad me gustó mucho porque me hizo recordar este poema de Oliverio Girondo: "Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.

¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?

Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes.

A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón.

Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.

¡Silencio! —grillo afónico que nos mete en el oído—. ¡Cantar de las canillas mal cerradas! —único grillo que le conviene a la ciudad—." (Nocturno, 1922)

Gustavo Monteros


viernes, 27 de febrero de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Incidentes de Kate Atkinson



Alcoyana-Alcoyana. ¡Se ha formado una pareja! Kate Atkinson, ¡soy tu lector! Los autores ingleses no le tienen miedo al que dirán si se meten con los géneros. Después de todo, John Le Carré fue uno de los mejores autores del siglo XX mientras hacía "supuestamente" novelas de espionaje. Género con el que ya se había metido nada menos que Graham Greene.

 

Kate Atkinson se suma a la tradición y hace literatura de la buena cuando se supone escribe "solo" novelas policiales.

 

Sabrá Dios por qué la empresa que traduce y comercializa estos libros, rebautizó esta segunda novela con el expolicía Jackson Brodie como “Incidentes” (Debe haber sido para asociarlo con el libro anterior al que llamaron “Expedientes” (“Case Histories”, en el original))

 

Este se llama en el original “One Good Turn”, mitad de un dicho que se completa con: Deserves Another, o sea literalmente, Una buena acción merece otra y que en buen castellano se traduce como "Favor con favor se paga" u "Hoy por ti, mañana por mí" o "Bien con bien se paga" o "Una mano lava la otra".

 

El título es muy pertinente porque aquí los favores pagados o a pagarse están a la orden del día. Los "incidentes" también, a decir verdad, aunque como título es tan pelado...

 

Estamos en Edimburgo en su temporada más alta: la del festival de teatro. Festival multidisciplinario (abarca todas las formas teatrales conocidas o por conocerse) que domina durante tres semanas de agosto todos los espacios en los que pueden montarse espectáculos, no excluyendo calles, sitios históricos, monumentos, plazas, sótanos, terrazas, teatros, claro, bares o donde quiera que los actuantes elijan montar su sede de actuación.

 

Se dice que hay más gente dando vuelta que espectáculos para tenerlos de público, de allí que las entradas para todos los eventos se agotan. 

 

En una calle hay una larga cola para entrar a ver un show de stand up de un cómico que en los lejanos ochentas tuvo su cuarto de hora. Un choque (más bien un pequeño topetón) entre dos autos hace que los dueños de cada vehículo se agarren y que uno abata al otro con un bate de beisbol.

 

Entre los testigos, está un novelista con su laptop en una mochila, que al ver que el del bate va literalmente a destrozarle la cabeza al otro, le revolea con la mochila y logra detenerlo.

 

Pronto sabremos que el matón del bate es un violento al servicio de un empresario inmobiliario que construye casas defectuosas, que al que le pegó es un asesino a sueldo y que el escritor alberga circunstancialmente al cómico al que la gente de la vereda se reunió para ver.

 

Jackson Brodie también anda por ahí porque su novia, Julia, se presenta en una obra. (Julia fue una de las protagonistas de la novela anterior).

 

Aparte de los mencionados tendrán especial gravitación en lo que va contarse, la esposa del estafador inmobiliario, una inspectora policial con un hijo adolescente que se inclina por el delito, unas chicas rusas que tanto pueden limpiar casas como ser dominatrices, más personajes orbitales que circundan a los personajes citados y sus particulares entornos.

 

Los personajes son a cuál más atractivos y recién pasada la tercera parte del libro comenzarán los hechos de sangre que justificarán que lo que leemos pueda calificarse de policial.

 

Es como el anterior, “Expedientes”, altamente adictivo. Uno se apasiona con los personajes y puteamos cuando ya no disponemos de más tiempo para seguir leyendo.

 

Últimamente le ponemos garra a todo (la serie que empezamos con entusiasmo al rato nos aburre soberanamente y militamos para terminarla, el libro que tanto prometía, a las 10 páginas ya nos empieza a pedir que le pongamos interés adicional para seguirlo y así), que es un placer que algo nos atrape y ¡no nos suelte!

 

Gustavo Monteros


 


viernes, 20 de febrero de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Habla, memoria de Vladimir Nabokov


 He visto tantas películas basadas en ficciones de Nabokov que siento que estoy en deuda, que alguna vez debería adentrarme de primera mano en su literatura.

 

En los lejanos tiempos de mi adolescencia leí "Lolita". Con la temeridad de esa edad, me pareció que el aura de escándalo que la perseguía era exagerado e hipócrita. Por entonces triunfaba una película que enamoraba a todos y no escandalizaba a nadie: "Verano del 42", historia de una iniciación sexual de un púber por parte de una treintañera. La polémica que yo quería crear entre ambas era falsa.

 

"Lolita" es sobre la precocidad sexual y el uso rapaz que puede hacerse de la misma. "Verano del 42" es sobre una iniciación sexual, justificada melodramáticamente.

 

La mujer al enterarse de que su marido había muerto en la guerra, cambia por un rato su duelo por sexo, triunfo de la pulsión de vida que le dicen.

 

"Lolita" no es un melodrama, es una novela de ideas que expone la explotación que puede dársele a la precocidad sexual, a la vez que ataca las hipocresías con que se revisten las verdades que no quieren verse.

 

Ahora Nabokov me atacaba de nuevo. Me dispongo a leer el primer libro de memorias de Alan Alda, "No embalsames a tu perro" y la contratapa me dice que el estilo remite a Nabokov y su "Habla, memoria".

 

Decido alternar la lectura de los distintos capítulos del libro de Alda con los de otro libro de memorias, el de la actriz Illeana Douglas, "Dennis Hopper tiene la culpa y otras historias". En el prólogo me cuenta que su narración, por consejo de Mike Nichols, puede remitir a Nabokov y su "Habla, memoria".

 

Entonces dejo los dos libros, el de Alda y el de Douglas y me pongo a leer "Habla, memoria" de Vladimir Nabokov.

 

A mitad del primer capítulo quiero revolearlo contra la pared. Está tan lleno de descripciones minuciosas que me aburre. Es un temita que tengo, las descripciones lentas y elaboradas y detalladas y exhaustivas me aburren soberanamente.

 

No digo que todos deban escribir como Hemingway, pero hacer de cada cuarto un inventario abarcador, con hasta las manchas del picaporte y las telarañas pegados a los marcos de los cuadros, tampoco.

 

Nabokov reconoce que su memoria es prodigiosa, que con ponerse a evocar, puede recordar hasta lo más insignificante. No sé si creerle o atribuir su intención a su condición de exiliado.

 

Pertenecía a una familia rica y aristocrática de la Rusia zarista, de la que debió huir apenas iniciada la revolución. De ahí que la prodigalidad de los detalles quizá sea una idealización de lo que cree recordar.

 

Evito entrar en esa discusión con Nabokov y aceptar lo que él dice. Me tomo con paciencia la catarata de detalles y confío en que en algún momento, más tarde que temprano, llegará a la narración de hechos.

 

Y cuando lo hace, me gana. No al divino botón es uno de los mejores autores del siglo XX. No sin dificultad, con una mezcla de gusto y displacer, termino el libro. Me costó, pero la balanza se inclina para el lado de que valió la pena.

 

Me propongo leer en orden cronológico sus primeras tres novelas. Ojalá cumpla, por ahora me tomo un recreo con las novelas de Kate Atkinson para reponerme.

Gustavo Monteros


viernes, 13 de febrero de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Expedientes de Kate Atkinson

 


Dejamos por un rato a nuestras mujeres que cantan y nos abocamos a una sección nueva: Lecturas 2026.

 

Kate Atkinson es una novelista de talento. ¿Por qué lo afirmo? Porque recién a las dos horas me doy cuenta de que paso una página tras otra, atrapado, inmerso en lo que narra, sin esfuerzo alguno, sin tener que ponerle ganas, ni darme aliento para avanzar.

 

Convivo con sus personajes, me alegro o puteo las circunstancias que les tocan y los discuto cuando meten la pata o hacen algo que me desconcierta. O sea, me devuelve al asombro de la niñez sin cháchara ni nostalgia.

 

Expedientes (Case Histories, 2004, en el original) es su primera novela con el detective Jackson Brodie, un cuarentón largo, exmilitar, expolicía, divorciado, padre de una nena de 8 años, de no mal ver, tanto que en la tele lo hizo Jason Isaacs (9 episodios entre 2011 y 2013).

 

Es un detective muy particular porque hace de poco a nada para averiguar lo que le piden y sin embargo, cumple con su cometido. Le basta con ser solidario, contenedor, comprensivo y escuchar con atención para dar con la pista correcta.

 

La trama lo halla averiguando si una azafata le mete o no los cuernos al marido. Y se le suman tres casos viejos dados por finalizados. Primero dos hermanas cincuentonas, muy peculiares, le piden que halle a una hermana menor que desapareció cuando todas eran chicas, una noche en que dormían en una carpa en el jardín por una ola de calor. Después un exabogado, jubilado de prepo la mañana que asesinaron a su hija veinteañera de un tajo en el cuello, cuando daba una mano en el bufete, le pide que halle al asesino. Y por último una enfermera treintañera le pide que halle a su sobrina adolescente, hija de su hermana que mató de un hachazo al padre de la chica cuando esta era bebé.

 

También tiene una clienta prácticamente ad honorem, una anciana aristocrática que le pide halle algunos de sus numerosos gatos que según ella le secuestran.

 

Los protagonistas de cada caso se mezclarán porque son vecinos, pertenecen a la misma clase social y deambulan por ambientes en común.

 

La novela tiene una estructura atípica de las novelas policiales habituales. No empieza in media res con las víctimas ya establecidas, sino que cada capítulo trata las circunstancias familiares o profesionales que llevarán a los hechos de sangre.

 

De ahí que nuestra relación con los personajes sea directa y no tamizada por hechos interpretados por detectives privados o policías públicos. Paso ya a la segunda novela con Jackson Brodie, Incidentes (One Good Turn, 2006) tal es mi entusiasmo con Miss Atkinson, después les cuento.

Gustavo Monteros

Dedicado a la memoria de mi hermana, María Alejandra, a la que le divertía leer estos apuntes míos sobre lecturas.


viernes, 2 de enero de 2026

Vacaciones

 Nos reencotramos el 13 de febrero de 2026, mientras tanto les dejo un recital imperdible de Barbara Cook. ¡A disfrutarlo! 

viernes, 19 de diciembre de 2025