viernes, 17 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: La defensa de Vladimir Nabokov

 


Dice Nabokov en su autobiografía ("Habla, memoria") que dos actividades lo dominaron desde la infancia: el ajedrez y cazar mariposas (que en fino se llama Lepidopterología y es una rama de la Entomología, esto de cazar mariposas pasó en su caso de hobby a contribución científica, porque capturó algunas que no se conocían a las que tuvo que bautizar).

 

Y dicen los que saben (o sea los críticos literarios) que a los novelistas les conviene sacarse de encima más pronto que tarde la elaboración de la infancia, los ritos de pasaje a la pubertad, la influencia de los padres, etc.), para pasar a temas superadores.

 

¿Será siempre así?, en García Márquez, por ejemplo, no se aplica. Aunque en Vladimir Nabokov, sí. Su primera novela, "Mashenka", se centra en su primer amor y en su inicio en la sexualidad, y esta, su tercera "La defensa" gira alrededor de otra pasión arrebatadora de sus primeros años, el ajedrez.

 

Luzhin, a los 9 años por culpa del romance del padre con una prima de la madre, descubre el ajedrez. Venía sin destacarse en la escuela, no era muy apreciado por sus compañeros y su padre, un autor de libros para adolescentes, se sentía decepcionado por un chico tan gris. El ajedrez le dará el brillo que le faltaba, y un "productor" explotará su genio mientras sea un niño prodigio, después lo abandonará a su suerte.

 

Luzhin vivirá solo para para su mente y el juego, y a los 20 años será un hombrecito sin edad, miope, asmático, muy excedido de peso, feucho, sin gracia, no muy limpio. Pero todo un maestro del ajedrez.

 

Contra todo pronóstico, una chica lo hallará atractivo y se empecinará en sacarlo adelante como un ser más "corriente". Mientras tanto el ajedrez hará que Luzhin cruce los límites de su capacidad y terminará ¿loco?, ¿depresivo?, ¿exhausto del juego?

 

De allí en más, ya no sabrá qué es real y qué no. Tendrá prohibido jugar el ajedrez, pero lo aprendido lo perseguirá y jugará con ¿el destino?, ¿lo incognoscible?, ¿lo que subyace bajo las cosas que se ven?

 

Conclusión: puede que el ajedrez lleve a la locura, pero también hace oír la música de las esferas. Un buen libro.

 

Y así acaba el plan de lectura propuesto para este enero y febrero, las seis novelas de Kate Atkinson con el protagónico del detective Jackson Brodie, intercalas por las tres primeras novelas de Vladimir Nabokov. ¿Me comprometo públicamente con otro plan? No es necesario, creo. Voy a seguir leyendo para no encerrarme en esta realidad desesperante, a la que no me niego, me entero de lo que pasa, pero no quiero rumiar el horror todo el día. Leer me despeja, me despabila, hallo que me mantiene entero. Que es así como debemos estar, porque en algún momento habrá que reconstruir todo lo que están destruyendo.

Gustavo Monteros

viernes, 10 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Muerte en Rook Hall de Kate Atkinson


 

Los géneros son artificio puro, chocolate por la noticia, y al policial, en especial a su variante ¿Quién-lo-hizo? (el famoso whodunit) se le nota mucho la marca en el orillo.

 

“Muerte en Rook Hall” es la sexta novela de Kate Atkinson protagonizada por el expolicía, exsoldado Jackson Brodie. En reseñas anteriores contábamos que a Atkinson le gustaba apartarse de las fórmulas tradicionales de la novela policial y que jugaba con las formas.

 

En esta novela, en cambio, ha decidido abrazar los más rancios trucos de la novela típica inglesa de crímenes en pueblos chicos, abadías o casas solariegas y divertirse a lo grande con ellos, subvirtiéndolos.

 

Pero no andemos con vueltas y nombremos al elefante en la habitación. ¿Quién es la reina del whodunit en pueblitos, abadías, casas solariegas y aledaños? ¡Agatha Christie!

 

Aquí  Atkinson elige referirse a ella a través de una tal Nancy Styles, un personaje inventado, que es tanto Christie como algunas (o todas) de sus epígonos más conspicuas.

 

Es que si sos mujer, británica y escribís policiales, antes de teclear la primera palabra, tenés que lidiar con el legado del monumento Christie. Y aquí Atkinson la "homenajea" con amor y odio. Amor por el ingenio de sus tramas y personajes, y odio por haber llevado ese ingenio a alturas vertiginosas. Porque aun antes de empezar, si sos mujer, británica y escribís policiales, ya tenés la vara no alta, sino olímpica.

 

Pero no hay monstruo o genio sin su talón de Aquiles. El de Christie fue ser prolífica. Y así cuando la inspiración amenguaba, Agatha se recostaba en el oficio: si no salían personajes, que sean tipos pues, si la trama no es inteligente, que sea arrevesada, que lo intricado puede pasar por profundo o brillante.

 

Por supuesto, si homenajeamos, nos metemos en el terreno de lo "meta": lo metalingüístico o lo metaficcional, o sea el recurso que remite a los recursos típicos de lo que se narra, el juego de espejos, la interreferencialidad. Por ejemplo, la novela se abre y se cierra con una compañía de teatro que se especializa en obras de "descubra al asesino" y que está perdida en su laberinto.  Bien podría uno decirles: Querido actores, no suden las neuronas, si tienen que entregar a alguien, los mayordomos se pintan solos, son los “perejiles” ideales para atarles el sambenito.

 

Y la excusa para accionar la trama de esta novela es la pérdida de un cuadro (¿renacentista, quizá?), los herederos del mismo, una pareja de hermanos (como diría Cortázar en “Casa tomada”) contrata a Jackson Brodie para que encuentre a la persona que lo robó, para ellos es la chica que cuidaba a su madre hasta que la pobre pasó a mejor vida.

 

En una mansión que es casi igual a Downton Abbey, ocurrió algo similar, allí con un Turner.

 

Como ya mencionamos antes también, el punto fuerte de Atkinson es la creación de personajes, aquí parte de estereotipos y, como no puede con su genio, los empieza a tridimensionar: el reverendo, la baronesa, el soldado son los principales y los más logrados.

 

El reverendo es como la respuesta contemporánea al cura de “El poder y la gloria” de Graham Greene. Aunque ahora la pérdida de fe, según Atkinson, ya no es tan grave y más que angustia desata sarcasmo, una de las perversas formas del humor.

 

La baronesa es puro Bernard Shaw, o sea uno espera una cosa y el autor aniquila nuestras expectativas: ejemplo, la señora tiene más libros que la biblioteca del congreso yanqui, pero es más bruta que un arado, su educación es puro modales, o parece frágil, pero puesta a prueba es más brava que los parcos que hacía Clint Eastwood.

 

El soldadito arranca como la reformulación de otro personaje de Graham Greene, el de “Un caso acabado”. El muchacho se presenta aguerrido, pero es más flojo que el calzón de la empleada pública de Gasalla.

 

Como sea la hilaridad campea a su antojo, es el más humorístico y regocijante de todos los libros de Atkinson con Jackson Brodie.

Gustavo Monteros


viernes, 3 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Cielo interminable de Kate Atkinson


 

Y el plan de lecturas sigue inexorable, lo que me sorprende, aunque no sé por qué: la realidad es horrible, los insomnios son largos y en algún lugar tengo que meter la cabeza para no desesperar de tanta tristeza.

 

Y como dije en reseñas anteriores, no me cuesta relacionarme con Jackson Brodie, el protagonista de las novelas policiales de Kate Atkinson. Ya llegué a la quinta.

 

Por supuesto, pueden leerse individualmente, pero si se leen seguidas en orden cronológico, se ve que conforman una saga con personajes que figuran en todas y otros que aparecieron puntualmente en una y vuelven en alguna otra.

 

Jackson, claro, viene con su historia y sus circunstancias. Es exsoldado, expolicía, tiene una hermana asesinada, un hermano que se suicidó por la culpa de no haber ido a buscar a su hermana en la parada del bus la noche que la mataron, un padre minero y una madre sacrificada que reconoció estar doblada de dolor cuando ya nada podía hacerse. Tiene una exesposa y una hija de esa pareja.

 

En la primera novela (Expedientes, 2004) por el caso que trata, conoce a Julia, una actriz. En la segunda novela (Incidentes, 2006) atestiguamos que Julia y él tienen una relación establecida, que termina mal, ella está embarazada, pero le asegura a Jackson que él no es padre. En la tercera novela, Esperando noticias, 2008) Jackson va al pueblito donde Julia vive ahora con su nueva pareja y el supuesto hijo de ambos, Nathan, y le roba al pibe unos cabellos durante un paseo con la escuela, para hacerle la prueba de ADN. En la cuarta novela, Me desperté temprano y saqué al perro, 2010), Jackson ya sabe que Nathan es su hijo y se relaciona con él, con la anuencia de Julia. Y en la quinta novela, Cielo interminable, 2019), vemos a Jackson veranear con Nathan, ahora un preadolescente.

 

Y en esta novela reaparecerá Reggie, una de las protagonistas de la tercera o sea, Esperando noticias.

 

Jackson desde que lo conocemos también ha tenido lo suyo, sentimentalmente hablando, no solo se relacionó con Julia, conoció en Incidentes a una comisaria, de la que se enamoró en Esperando noticias y con la que no pudo concretar una relación en Me desperté temprano y saqué al perro. Para olvidarla, se casó en Esperando noticias, con una chica que resultó una estafadora que le quitó la fortuna que heredó de una clienta de la primera o sea, Expedientes.

 

Y como es habitual en estas novelas, el hecho de sangre surgirá promediando el libro y no en sus primeras páginas. Jackson anda detrás de un adúltero, y la casualidad lo envolverá en la reapertura de un caso que involucra un círculo de pedófilos que en su momento fue desarmado, pero que los que se ocupaban de la logística transformaron en trata de blancas.

 

Y como ya mencionamos, el punto fuerte de Atkinson es la creación de personajes que nos importan o interesan.

 

Hasta el cuarto libro, los mismos fueron publicados con dos años de diferencia, pero 9 años pasaron entre el cuarto y el quinto. Este hiato hizo que el personaje perruno del título del cuarto no reapareciera en el quinto.

 

Jackson rescató este perrito del maltrato de un matón que lo había heredado de una mujer que lo abandonó, no la juzgamos, por ahí en el apuro por huir y sobrevivir no se llevó al perrito, lo que debió haber hecho. El pobre tuvo suerte y cayó en manos de Jackson, al que en un momento decisivo le salvó la vida, porque de no ser por la tozudez del perrito, Jackson no contaba el cuento.

 

En la saga 5 años trascurrieron entre el cuarto y el quinto libro, así que esperaba que este perrito de nombre horrible, Embajador, al que Jackson prometió cambiarle el nombre al final del relato, reapareciera, pero no. En su lugar (porque los perros son personajes en estos libros, aparece Dido, la perrita de Julia que anda en sus últimos achaques.

 

Y cuando se la devuelve a Julia, Embajador es mencionado de soslayo: "Jackson echó de menos al animal de inmediato; quizá debería buscarse un perro solo para él. Había estado brevemente a cargo de un chucho poco satisfactorio con un nombre absurdo. A lo mejor podía conseguirse uno más viril: un collie, tal vez, o un pastor alsaciano, y llamarlo Spike o Rebel."

 

A mí me gustaba Embajador. ¿Se sabrá algo más de él en la última novela de serie hasta el momento que fue publicada el año pasado, Muerte en Rock Hall? Si es así, después les cuento.

Gustavo Monteros


viernes, 27 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Rey, dama, valet de Vladimir Nabokov


 

De acuerdo al plan de lecturas establecido para este verano, le toca el turno a la segunda novela de Vladimir Nobokov, "Rey, dama, valet" (1928). Las contratapas en su afán de "vender" son generalmente embarulladoras y dan gato por liebre. La de este libro, sin embargo, es clara y pertinente.

 

Dice: "«Este fogoso animal es la más alegre de mis novelas», dijo Nabokov de 'Rey, Dama, Valet', una sátira en la que un jovencito miope, provinciano, mojigato y desprovisto de sentido del humor irrumpe en el frío paraíso de un matrimonio de nuevos ricos berlineses. La esposa seduce al recién llegado y le convierte en su amante. Poco después le convence para intentar eliminar al marido. Éste es el aparentemente sencillo planteamiento de la más clásica, quizá, de las novelas escritas por Nabokov. Pero, tras esa aparente ortodoxia se oculta una notable complejidad técnica, y, sobre todo, un tratamiento singular presidido por el tono de farsa. Publicada originalmente en Berlín, a finales de los años veinte, y ampliamente reelaborada por Nabokov en el momento de su traducción al inglés, a finales de los sesenta, 'Rey, Dama, Valet' muestra un fuerte influjo del expresionismo alemán, especialmente del cinematográfico, y contiene un auténtico derroche de humor negro. Nabokov vapulea a sus personajes, los convierte en autómatas, se ríe de ellos a diabólicas carcajadas, caricaturizándolos con gruesos trazos que no impiden, sin embargo, que posean una verosimilitud que proporciona sostenida amenidad a toda la novela."

 

En relación a su primera novela, “Mashenka” (1926), Nabokov juega en esta mucho más con la forma. ¿Cómo logra esto de "vapulear a sus personajes"? Con un truco muy artero: los personajes son pueriles, pero los trata con la grandiosidad reservada a los caracteres importantes, trascendentes. Se habla de sus futilidades con grandilocuencia, como si fueran hechos míticos o épicos. Y se las arregla para mantener este tono paródico, sin cansar ni aburrir.

 

Cuando estaba en la facultad, me daba cierta admiración ver como lxs profesorxs se daban cuenta de si habíamos leído el libro, aunque nos tomáramos siempre el recaudo de enterarnos del argumento pormenorizadamente. Sondheim, como tantos otros, decía que Dios estaba en los detalles, o sea, lo que les da grandeza o singularidad a los trabajos literarios es acertar con las pequeñeces que sacan a los personajes o lo que se narra de la generalidad anodina. Y a eso no se accede solo con la memorización del argumento.

 

Es imposible leer "Rey, dama, valet" y no sorprenderse con algunas puntualizaciones. Según consigna Nabokov en su pasión por las nimiedades, en 1928 no estaba universalizado el uso del dentífrico y el cepillo de dientes, de ahí que los alientos tenían su peso, sobre todo en ambientes cerrados como compartimentos de trenes o ascensores. No existían los desodorantes y hombres y mujeres (no estaban exentas porque la depilación de axilas no se usaba) tenían siempre un tufillo (o un tufazo) de olor a sudor. Los viajes en subtes o colectivos eran un festival de aromas personales. Los baños corporales en las clases medias y bajas eran semanales, lo que traía aparejado que ¡solo una vez por semana! se cambiaban de ropa interior. (A esto último no lo deduzco, Nabokov lo dice expresamente). Los olores íntimos no se disimulaban menos en invierno, porque la ropa interior incluía camisetas y calzoncillos largos de frisa. No tenían muchas mudas de ropa, de modo que olían a lo que cocinaban, y como gustaban de las coles... Los ricos entre que jamás pisaban una cocina (salvo para supervisar el menú), tenían mucha ropa para cambiarse, no se restringían con los baños y tenían plata para perfumes y dentistas, olían mucho mejor. Es que pertenecer siempre tuvo sus ventajas.

Gustavo Monteros


viernes, 20 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Me desperté temprano y saqué al perro


 

Y entonces llegué al cuarto libro de Kate Atkinson, protagonizado por el expolicía, ¿exdetective privado? Jackson Brodie.

 

El título parece fáctico, "Me desperté temprano y saqué al perro", pero en realidad es la primera línea de un poema de Emily Dickinson.

 

Los poetas tienen unas mentes singulares, y en singularidades y peculiaridades la Dickinson es soberana. ¿De dónde saca esas metáforas?, se preguntará por ahí Jackson y todos asentiremos.

 

El libro se cierra también con otro poema de la Dickinson, aquel de "Esperanza es algo con plumas"

 

Volviendo a Atkinson, como ya es su marca, juega con las habitualidades de los policiales y las regenera. Aquí hay tres hilos de historias que maneja paralelamente hasta que las junta.

 

Todo transcurre en Leeds y adyacencias. Ahí llegó un itinerante Jackson Brodie que anda un poco de turismo y un poco buscando donde sentar un hogar.

 

Lo trae también a Leeds una averiguación que no pudo rechazar, una tal Hope desde Australia le pidió que descubra quienes son sus padres biológicos, misterio que sus padres adoptivos no supieron develar, le contaron una historia que no se sostuvo cuando pidió la partida de nacimiento.

 

Lo que Hope necesita saber se supone algo sencillo para un detective. Aunque nada es fácil en un policial. ¿Hope fue secuestrada, "entregada" en adopción por policías que interpretan la ley según les convenga y, hoy como ayer, no quieren que se los exponga?

 

Estas inquisiciones involucrarán más temprano que tarde a la policía jubilada, Tracy Waterhouse, una mujerona tan grandota como sensible, que tiene ahora a su cargo la seguridad de un shopping. Tracy hizo un balance de su vida y le dio negativo. (En las novelas de Atkinson, como en la vida, bah, los mortales comunes que no tienen mucha suerte, viven como les sale)

 

No haber forjado una familia es uno de sus déficits y una tarde que ve en el shopping a una puta, que conoció cuando era policía, arrastrar de mala manera a una nena de 4 años, la encara y se la "compra". Anda embilletada, porque justo esa mañana había ido al banco a sacar una plata que le debía al albañil que le estaba haciendo unos trabajos, así que ahora usa ese dinero, convenientemente fajado y ensobrado, para pagar por la niña.

 

Ahora bien, ¿es la nena hija de la puta o esta solo la estaba cuidando, si es así, qué origen tiene la nena, la mafia, el narco, la trata de blancas?

 

El tercer hilo de la trama gira alrededor de vida y obra de Matilda Squires, Tilly para los amigos, una actriz septuagenaria que anda por los albores de una senilidad galopante.

 

Solo al final, sabremos por qué Tilly está en esta novela. Mientras tanto el por qué no nos pesará porque Tilly tiene una vida apasionante como para una miniserie de 8 episodios.

 

Los tres hilos son espejos que reflejan problemas y urgencias de niños en peligro. Cada historia viene con sus protagonistas y sus secundarios y sus terciarios, todos muy atractivos.

 

Y para que el título no sea metafórico, Jackson Brodie se agencia de un cachorro, inolvidable la forma que llega a su vida y lo hace quedar, viene con una chapa que dice Embajador, no creo que siga con ese nombre. Y será también inolvidable cuando el perrito le salve la vida.

 

En lo personal, recordaré siempre este libro, creo, porque cuando promediaba la lectura, me devastó la noticia de una muerte cercana. Y en la impotencia de ser un deudo lejano, en la geografía al menos, me aferré a terminarlo para amenguar el dolor. Y el libro se la bancó. Gracias, Brodie. Gracias, Atkinson.

Gustavo Monteros


viernes, 13 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Esperando noticias de Kate Atkinson


 

Y ya voy por el tercer libro protagonizado por el expolicía, exinvestigador Jackson Brodie, "Esperando noticias" y su autora, Kate Atkinson, sigue cumpliendo con su parte del contrato: atraparme, entretenerme, dejarme con ganas de más.

 

Le gusta distinguirse de los demás autores policiales, jugar con las tramas y las formas. Aquí parece, al menos en el comienzo, que va a cumplir con las normas clásicas. El primer capítulo es el relato de un crimen.

 

Es verano, por una campiña inglesa apartada, una mujer joven empuja un cochecito donde va un bebé que no cumplió todavía los 2 años, la acompañan sus dos hijas mayores de 8 y 6 años, y cierra la fila un perro juguetón. De repente, un loco malo con un cuchillo los ataca y mata a todos, menos a la hija de 6 que logra esconderse en un trigal cercano.

 

Pasan 30 años, estamos en Edimburgo, y la nena que escapó es ahora una médica con un bebé. Tiene la edad que tenía su madre cuando la mataron y su bebé, la edad de su hermanito.

 

El asesino cumplió la condena y saldrá libre. La policía que le avisa sobre la salida de su victimario tiene en sus manos otro caso con otro loco, un padre divorciado que no acepta que sus hijos no estén con él, y que en la fiesta de cumpleaños de su hija (hay también un hijo) mató a su exsuegra, a su excuñada y a la madre de un chico invitado a la fiesta. En realidad, iba a matar a su exmujer y a sus dos hijos. Este desquiciado logró escapar, la inspectora del caso cree que volverá a atacar, algunos colegas creen que no.

 

Un accidente hará que Jackson Brodie se involucre en el caso de la médica y su bebé.

 

El secreto de los policiales (o de todos los libros, en realidad) es crear personajes interesantes, con los que nos identifiquemos, o que nos importen, o a los que nos guste odiar, que no nos sean indiferentes para nada y nos hagan dar vueltas las páginas y seguir leyendo. En teoría parece sencillo, en la práctica no siempre es un propósito que se consigue. La Atkinson sabe hacerlo.

 

Aquí, como en las noveles anteriores, hay una galería de personajes a cuál más atractivo, pero dos se llevan los laureles. La médica superviviente del crimen inicial y la adolescente que la ayuda con el bebé, que se llama Reggie, aquí diminutivo de Regina.

 

Nombre más que apropiado porque esta huérfana, menuda, que parece tener menos de los 16 que tiene, es una reina guerrera que se impone a una realidad que le es cruel, a su favor tiene un don, que aprovecha y expande con estudio y dedicación, una inteligencia feroz. Don que le garantiza tener humor, porque el humor es inteligencia en uso o en acción.

 

En un momento, la policía, medio enamorada de nuestro Jackson, recientemente casada evoca lo siguiente: "Recordaba una balada o un poema ambientado en una época lejana, en que se celebraba una boda en una gran casa y todos los invitados jugaban al escondite como parte de la fiesta (imagínate algo así ahora). La recién casada se había escondido en un enorme baúl, en una parte recóndita de la casa donde a nadie se le ocurrió buscarla. La tapa del baúl tenía un muelle oculto y solo podía abrirse desde fuera; la joven se asfixió allí dentro antes de haber pasado siquiera la noche de bodas. Encontraron su esqueleto años después, ataviado con el traje de novia. Enterrada viva, pero algunas relaciones eran también así. Quién sabía, a lo mejor a la pobre novia le había ido mejor muerta. Alison Needler decía que su exmarido la habría tenido «encerrada en una caja de haber podido». «La novia de Mistletoe», así se llamaba el poema. Si esperabas el tiempo suficiente, tu memoria venía a tu encuentro. Un día dejaría de hacerlo."

 

Esta mención activó mi memoria, pero la novia no se ocultaba en un baúl sino en un banco de jardín veneciano, y así me devolvió el argumento del cuento largo de Beatriz Guido que sería la base de la última película de Leopoldo Torre Nilsson: "Piedra libre".

 

Entonces es verdad lo que se dice: los amigos se van, los amores se pierden o se acaban, la salud te hace largar el tabaco y el alcohol, pero leer es un placer que no se va, no se pierde, no se acaba y que nada te hace largar.

Gustavo Monteros

viernes, 6 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Mashenka de Vladimir Nabokov


 

Si quiero hacer bien los deberes y leer las 6 novelas de Kate Atkinson protagonizadas por Jackson Brodie y las tres primeras de Vladimir Nabokov, cronológica pero no sucesivamente, tengo que leer dos de Atkinson/Brodie, intercalar con una de Nabokov, y repetir el ciclo hasta terminar.

 

Leídos (con sumo placer) los dos primeros Atkinson/Brodie, me toca el primer Nabokov. Se llama "Mashenka" y transcurre en el año en que fue escrita o sea 1926.

 

Sucede en una pensión en Berlín. Ya me predispone bien, después de "Rosaura a las 10" de Marco Denevi, me gustan las novelas que pasan en pensiones. Nunca viví en una, pero hay una intimidad forzada cuando se comparten comidas, baños, llaves, horarios y a veces hasta cuartos. Tienen, diríamos, una promiscuidad emocional.

 

A esta la regentea una señora ya mayor, Lydia Nikolaevna, que al quedar viuda, para vivir con desahogo, transforma la holgura de su piso en pensión.

 

Sus pensionados son Podtyagin, un viejo poeta, Alfyorov, un matemático que se gana la vida como contable, Klara, una joven de veintiséis años, que es mecanógrafa, Gornotsuetoy y Kolin, jóvenes bailarines y Lev Glebovich, Ganin para los amigos, escritor en ciernes, a través del cual se narra la historia.

 

Todos exiliados de la vieja Madre Rusia. Lydia ya estaba en Berlín desde mucho antes de la Revolución, pero al llegar a su viudez comprendió que ya no podía volver. A los demás los corrió el bolcheviquismo.

 

Y si cada persona es un mundo, estos de puro rusos, son como un universo. Alfyorov, un cuarentón (o sea para la época un vejestorio matusalémico) espera con ansía la llegada de su esposa, Mary, que por unas fotos, nuestro protagonista descubre que no es otra que su Machenka, su primer amor y su iniciación sexual.

 

Detalle llamativo. Gornotsuetoy y Kolin son muy queer. Se maquillan, juegan con lo andrógino y Kolin coquetea abiertamente con Ganin, pero al revés del uso y costumbre de la época en que los personajes homosexuales eran tratados con crueldad y mofa, estos están retratados con ternura y simpatía y sin una sola nota escandalizada.

 

Y como Nabokov era un novelista natural no parece ni ahí una primera novela. Es que, al ser un narrador nato, no tiene nada que aprender, solo desarrollar. Tenía 27 años al escribirla.

 

Y si en su "Habla, memoria", las descripciones llegaron a insuflarme la paciencia, aquí tienen un lugar lógico y ¡breve!

 

Es más, me gustaron mucho, tanto que cito una: "Aquella noche, como todas las noches, un viejecito envuelto en una capa negra avanzaba lentamente por la acera de la larga y desierta avenida, golpeando el asfalto con el pincho en que terminaba su bastón, mientras buscaba colillas de cigarrillo —de papel o con boquilla dorada o de corcho— y medio deshechas colillas de cigarro. De vez en cuando, bramando como un ciervo, pasaba veloz un automóvil, o bien ocurría algo en que las gentes que caminan por la ciudad nunca se fijan: una estrella, más rápida que el pensamiento, y más silenciosa que una lágrima, cruzaba el firmamento. Más espIendentes y más alegres que las estreIIas, eran las letras de fuego que surgían una tras otra sobre un negro tejado, desfilando en fila india, y se desvanecían de repente en las tinieblas. (…) Y en esas calles, ahora tan anchas como brillantes mares negros, a última hora de la noche, cuando la última cervecería ha cerrado sus puertas, un ruso abandona el sueño y, sin sombrero ni chaqueta, cubierto con un viejo impermeable, pasea como en trance de vidente. Y a esta hora tardía, por esas anchas calles pasaban mundos absolutamente ajenos entre sí: un juerguista sin juerga, una mujer, o simplemente un caminante, cada cual un mundo aislado, y cada cual un todo de maravillas y desdichas. Cinco viejos carruajes de caballos aguardaban en la avenida junto a la voluminosa forma, con estructura de tambor, de un pissoir: cinco adormilados, cálidos y grises mundos con uniforme de cochero, y cinco otros mundos sobre doloridos cascos, dormidos y sin soñar en otra cosa que en avena escapando por el roto de un saco, con suave sonido de caída.

En momentos como éste todo adquiere naturaleza fabulosa, todo se convierte en insondablemente problema y la vida parece terrorífica, en tanto que la muerte es todavía peor. Y entonces, mientras uno camina deprisa por la ciudad nocturna, mirando las luces a través de las lágrimas y buscando en ellas gloriosos y deslumbrantes recuerdos de pasada felicidad —un rostro de mujer, que surge del fondo de muchos años de olvido—, de repente, en nuestro loco avance, nos detiene cortésmente un peatón y nos pregunta el camino para llegar a tal o cual calle, nos lo pregunta en voz normal, pero en una voz que nunca más volveremos a oír."

 

No se lo digan a nadie, en realidad me gustó mucho porque me hizo recordar este poema de Oliverio Girondo: "Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.

¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál será la intención de los papeles que se arrastran en los patios vacíos?

Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras, y en que las cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de las paredes.

A veces se piensa, al dar vuelta la llave de la electricidad, en el espanto que sentirán las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las azoteas, tienen algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o como un ladrón.

Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo, y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme.

¡Silencio! —grillo afónico que nos mete en el oído—. ¡Cantar de las canillas mal cerradas! —único grillo que le conviene a la ciudad—." (Nocturno, 1922)

Gustavo Monteros