viernes, 28 de agosto de 2026

Para hacerla así, mejor no la hubieran hecho


 

En Broadway los desastres teatrales son más frecuentes porque mucha gente está habilitada para opinar, y a veces quienes deciden qué queda, no pueden soslayar pareceres que deberían descartar. Por eso acuñaron un nombre con su correspondiente definición: Theatrical Disaster. Por estos lados, por diversos motivos y por suerte, son escasos. Aunque hacer un desastre teatral no es difícil. Basta con tomar, ante cada disyuntiva, la solución equivocada.

 

Esta versión de La ópera de tres centavos es un desastre teatral hecho y derecho. Dos son los responsables: el puestista y director general, el uruguayo Gabriel Calderón, hombre con muchas cucardas que debuta infaustamente en la Argentina y la directora musical, Annunziata Tomaro que no oyó un disco de música de Kurt Weill en su vida (un mérito tiene, a pesar de que para todos los presentes la música de Weill ya no suena rara o innovadora, ella, de tan mal que la hace, la devuelve al desconcierto que su estreno provocó en algunos oídos ) (La obertura, por ejemplo, debe sonar discordante y levemente desafinada, ella marca tanto la desafinación que uno se pregunta como hicieron los ejecutantes para llegar a ser músicos de la orquesta del Colón) Y el tal Gabriel Calderón desnaturaliza la obra de Brecht / Weill hasta la nada misma. Ojalá la filmen y la guarden, los odiadores de Brecht podrán dar seminarios de cómo destruir la obra de Bertolt al estilo Cartago.

 

Para empezar no "contó el cuentito" (como venimos diciendo desde los ochenta), ni los personajes, ni justificó las dimensiones políticas y sociológicas que la obra trae. Los personajes son unidimensionales y si el texto no los describe no tienen color propio y pueden ser intercambiables por cualquier otro que se te ocurra. Polly Peachum puede ser Polly o Dorothy (con o sin Toto) o Julieta u Ofelia u otra protagonista joven.

 

El ensamble tiene que cubrir tres grupos de personajes: a) los mendigos con sus deficiencias reales e inventadas, b) los malandras que secundan a Mackie, unos estafadores, cafiolos y asesinos y c) las prostitutas, falsas, traidoras y acomodaticias. O sea, deben ser peligrosos, siniestros, amenazadores. Normalmente cubren estos roles actores adultos, con características no asociadas al modelo de belleza aceptado, es decir nada muy apolíneo que digamos, un ensamble para un Natán Pinzón, un Peter Dinklage, una Elsa Lanchester. Calderón eligió un grupo de jóvenes rechazados de un casting para un programa de Cris Morena. Son todos super fit, con melenas que conocen todos los productos L'Oreal, y veganos. Son tan amenazantes y siniestros como La dama y el vagabundo. Y dan la apariencia de ser inmunes al concepto de plusvalía explicado para zombies. Y el marxismo, uno juraría, les es tan cercano como Groenlandia. Encima la coreografía es muy mala, más de gimnasia rítmica que de Terpsícore.

 

Entonces todo queda como de teatro infantil (lo cual podría ser un concepto interesante para promover una relectura de Brecht/Weill, en una serie alemana, alumnos de cuarto grado hacían esta ópera de tres centavos y a pesar de que los chicos no entendían nada de lo que estaban haciendo, la obra volvía a ser muy perturbadora, porque el público de padres sí entendían a lo que aludían) No aquí, todo remite al peor teatro infantil, en el que se grita al principio "¡Hola, chicos"! y se pregunta todo el tiempo dónde se escondió Ramoncito y así.

 

Calderón y Tomaro recordaron que esta obra se representa en el mundo como comedia musical o como ópera y decidieron hacer un mix: contratar artistas del musical y hacerlos cantar con la gola operística. Mezcla que salió horrible. Como hay que forzar la voz, los microfonaron por demás, entonces la dicción se resiente y no se entiende qué dicen, y todos suenan como si les apretaran los zapatos o tuvieran ataques de hemorroides. En el mundo de la música, hay un chiste que dice que si hacés Weill, o no sabés cantar y por lo tanto cantás como el orto, o sos un cantante de ópera con mal gusto. Aquí se acercan al chiste, esta gente sabe cantar, pero la hacen sonar peor que a Susana Giménez y sus balidos dodecafónicos.

 

Soy sincero, en el curso del espectáculo, llegué a odiar a  Weill, a Brecht, a Lotte Lenya, a Julie Andrews, al musical, a Verdi, a Rodgers and Hammerstein, a Rodgers and Hart, a Sweet Charity y a Sophia Loren y a todo lo que me pareció lindo en algún momento. Cuando se me pase el disgusto volveré a ver en YouTube las versiones de esta obra que me gustan y todo volverá a estar en su lugar.

 

Eso sí, jamás olvidaré que es posible volver inane hasta la obra completa de Shakespeare. Ah, la escenografía, el vestuario y la iluminación son igual de horribles que todo lo demás. No rescato ni a los acomodadores.

 

Me gané otra medallita para cuando San Pedro me pregunte por qué tendría que ir al cielo, a la larga lista de cosas que ya me franquearían las puertas del Edén, le agregaré: "Y vi La ópera de tres centavos de Calderón y Tomaro" ¡Me van a tirar hasta una alfombra roja!

 

Gustavo Monteros

Cerca del final, el actor que hace de policía le agrega a su monólogo de cómo va a tratar a la muchedumbre en la ceremonia de coronación una arenga contra Milei, con la que es imposible no estar de acuerdo. El agregado está torpemente puesto y llega tarde. Bah, no sé, por ahí sirve para despertar a los espectadores que a esta altura del espectáculo está a las cabezadas (a la función que fui ningún número por vibrante que fuera su ejecución y su final provocó aplausos, salvo cuando un actor los mendigó y dijo: che, ¡pueden aplaudir!). O ¿es acaso este agregado un lavado de culpas? ¿El reconocimiento de que la obra tendría que tener esa virulencia? Si la hubieran hecho bien, no hubieran necesitado ningún agregado. La ópera de tres centavos, hecha como corresponde, es el mejor alegato contra los Milei del mundo.


viernes, 21 de agosto de 2026

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viernes, 14 de agosto de 2026

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viernes, 7 de agosto de 2026

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viernes, 26 de junio de 2026

Por razones de fuerza mayor...

 


...nos tomamos una pausa. Volvemos en agosto. ¡Nos vemos a la vuelta! ¡Gracias! Gustavo Monteros