viernes, 24 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Cinco libros, cinco


 

Nunca había hecho eso. Leer cinco libros a la vez, disciplinadamente, de principio a fin. En la facultad debemos de haber leído más de cinco libros a la vez, pero no de portada a colofón, sino un capítulo aquí, otro más allá y un largo fragmento que baja y se pierde. ¿Por qué decidí emprender este intento? Para no aumentar la extensa lista de libros a medio leer. Con los de ficción, tiendo a llegar al final. Pero con los de no ficción (como estos cinco) arranco con entusiasmo, pero cuando llego a un capítulo que no me interesa tanto, tiendo a dejar el libro de lado y seguir con otra cosa. Así que supuse que, si arremetía varios a la vez, leyendo un capítulo de uno y después un capítulo de otro, aunque me cruzara con capítulos que no me interesaran tanto, al ir de un libro al otro, completaría la lectura de todos. Y ¡lo logré! Terminé los cinco.


El primero de la lista era “Historia de la última dictadura militar (Argentina 1976-1983)” de Gabriela Águila, porque no quería ser como ese necio viejo de mierda que me dijo una vez: “Yo la viví, a mí no me la van a venir a contar.” Yo la viví y quiero también que me la cuenten. La dictadura cubrió los últimos años de mi adolescencia y los primeros de mi juventud, así que era consciente de lo que pasaba, a la vez que la bisoñez me impedía, quizá, abarcar el horror en toda su magnitud. Como decía un artículo que leí en estos días, lo más llamativo de la sociedad argentina es su capacidad de convivir con el horror y hacer de cuenta de que no pasa nada extraño, de seguir viviendo como si tal cosa, algo que en La Plata por entonces costaba doble, porque había “operativos” a cada rato y hasta “chupaban” personas a la luz del día. El libro me permitió cotejar “mi historia” con “la Historia” y corroborar los entresijos de una realidad monstruosa.




El segundo fue “El mejor amigo del perro: Breve historia de un vínculo único” de Simon Garfield, en el que como su título lo indica, el autor reseña los efectos y consecuencias de la relación hombre-perro. Se centra en detalles que le interesan particularmente como el enigma científico de la derivación lobo a perro, la humanización creciente de los nombres asignados a los perros durante el siglo XX o como se pasó de Colita a Facundo, la comercialización millonaria de las nuevas comodidades del perro, la exclusividad y el esnobismo detrás del Best in Show y demás concursos de Mejor Perro, los perros en la literatura, la crueldad de los perros diseñados, de la clonación y de la “pureza” certificada, etc. El señor es inglés y no pasa por alto la tremenda matanza de animales domésticos que se dio en Inglaterra, en especial en las grandes ciudades al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Como en la Primera Guerra habían visto en las ciudades devastadas la penuria de los animales sin amos, decidieron evitarles a las mascotas el probable sufrimiento “durmiéndolos”. En el primer mes de esa campaña eliminaron 400.000 perros según datos oficiales. No se dieron tiempo de pensar soluciones alternativas, el que no tenía campos en el interior para mandar a sus mascotas, las eliminaba. Esta historia es como el bombardeo a Plaza de Mayo de civiles indefensos casi al final del peronismo, es algo que se sabe, pero no mucho.




El tercer libro fue “The Ballet Lover’s Companion de Zoe Anderson”. Lo leí en inglés porque todavía no tiene traducción al español (y ya no creo que la tenga, porque es de 2018). Es un libro de divulgación de conocimientos, claro, y está dirigido al lego, entre los que me cuento. Como vivo en la ciudad de La Plata donde hay un teatro de ópera, que como todos ellos tienen también ballet, me he expuesto desde mi adolescencia al ballet. A lo largo del tiempo, vi ballets de diferentes períodos y fui adquiriendo un conocimiento esporádico y desordenado. Por eso necesitaba un libro que me ordenara y me diera una perspectiva fidedigna de las distintas etapas por las que fue evolucionando el ballet. Este libro fue la respuesta ideal a mis inquietudes. Va reseñando los diferentes períodos y enumera los ballets que corresponden a cada etapa. Si los mismos títulos fueron tomados para ser renovados o modificados en etapas futuras, Anderson nos detalla los cambios. No se lo digan a nadie, pero el final del libro le da un poco la razón a Timothée Chalamet, el ballet (ojo, no confundir con la danza o la danza moderna, aquí hablamos solo del ballet) está en un camino sin salida (un poco al igual que la ópera), porque no surgen autores que creen nuevos ballets, de vez en cuando aparece uno, pero es excepción y no regla. O sea, es muy probable que, hoy por hoy, no sea un arte vivo. En lo que no tenía razón Chalamet es en lo que no le interesa a nadie: soy una prueba que lo desmiente, buscaba un libro que me guiara en la historia de esta ceremonia de belleza que me deslumbra siempre. Lo extraño es que nadie le dijera a Chalamet que el cine, que él daba como arte vivo, está en vías de extinción y que mantenerlo vivo, como lo conocimos en el siglo XX, le interesa cada vez a menos personas. Por culpa, creo, de que estamos inmersos en la lógica del escándalo superficial y berreta, alguien dice algo que no gusta y todos corren y prenden las teas y quieren ejecutar al apóstata en plaza pública y nadie procura entender por qué dijo lo que dijo, confrontarlo, discutirlo, demostrándole que su juicio es apresurado y quizá muy errado.



Los dos que siguen son autobiografías que leí porque dijeron que seguían el modelo inaugurado por Vladimir Nabokov en su libro de recuerdos, “Habla, memoria”, o sea, en vez de la ilación cronológica de hechos, capítulos independientes que se centran un evento o revelación.

El primer tomo de la autobiografía de Alan Alda se llama: “Never Have Your Dog Stuffed: And Other Things I’ve Learned” y es de 2006. Hasta la fecha no se tradujo y en castellano sería algo así como “Nunca embalsames a tu perro y otras cosas que aprendí”. Confieso que no era un fan muy entusiasta de Alan Alda, pero tampoco me caía mal. Estaba en películas que había que ver y a la salida comprobaba que sumaba más que restaba. Cuando llegó su consagración con la serie M.A.S.H., espié el fenómeno para ver de qué se trataba (sobre todo en qué se diferenciaba de la película de Altman), comprobé su calidad, pero no la seguí. Pero este libro me seducía por lo que el título prometía. ¿De qué perrito se trataba, cómo llegó a embalsamarlo y sobre todo, por qué aconsejaba jamás hacer algo así? Se llega pronto a este capítulo porque es un hecho de su infancia y se vuelve inolvidable. Lo traduje y lo compartiré pronto, quizá la semana que viene. Conocí además a un tipo muy atendible, sencillo, sensible, con una peculiar capacidad de verse sin tapujos, que no teme quedar mal, en particular en lo que tiene que ver con su mamá, una persona con serios problemas mentales, que tuvo la poca suerte de vivir en una época en la que determinados trastornos psíquicos no tenían todavía diagnóstico y tratamiento. Vi en su momento las películas con guion propio, o sea, The Seduction of Joe Tynan, que aquí se llamó Escalera al poder, que dirigió Jerry Schatzberg, con el coprotagónico de una tal Meryl Streep y The Four Seasons / Las 4 estaciones que también dirigió, en 1981, con Carol Burnett, Rita Moreno, Jack Weston y Sandy Dennis en el elenco. No me dejaron mella, no por alguna falla que tuvieran sino porque era muy chico y los conflictos que trataban me dejaban afuera. Cuando pueda las volveré a ver y les cuento.




Y el quinto y último libro del desafío es el primero de memorias de la actriz Illeana Douglas y se llama “I Blame Dennis Hopper, And Other Stories From a Life Lived In and Out of the Movies”, es de 2015 y tampoco se tradujo. El título sería algo así como “Le echo la culpa a Dennis Hopper y otras historias de una vida vivida dentro y fuera del cine.” Es un libro delicioso y como su título lo indica es de una persona que ama el cine y que jura y perjura que algunas películas hicieron que su vida fuera mejor de lo que era, que le salvaron la vida, porque la hicieron trascender momentos difíciles. Principio al que adhiere a pie juntillas quien esto escribe. Pronto traduciré los capítulos que se refieren a Liza Minnelli y a Robert De Niro, que son también mis ídolos, por las dudas no lo sepan.

Gustavo Monteros



viernes, 17 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: La defensa de Vladimir Nabokov

 


Dice Nabokov en su autobiografía ("Habla, memoria") que dos actividades lo dominaron desde la infancia: el ajedrez y cazar mariposas (que en fino se llama Lepidopterología y es una rama de la Entomología, esto de cazar mariposas pasó en su caso de hobby a contribución científica, porque capturó algunas que no se conocían a las que tuvo que bautizar).

 

Y dicen los que saben (o sea los críticos literarios) que a los novelistas les conviene sacarse de encima más pronto que tarde la elaboración de la infancia, los ritos de pasaje a la pubertad, la influencia de los padres, etc.), para pasar a temas superadores.

 

¿Será siempre así?, en García Márquez, por ejemplo, no se aplica. Aunque en Vladimir Nabokov, sí. Su primera novela, "Mashenka", se centra en su primer amor y en su inicio en la sexualidad, y esta, su tercera "La defensa" gira alrededor de otra pasión arrebatadora de sus primeros años, el ajedrez.

 

Luzhin, a los 9 años por culpa del romance del padre con una prima de la madre, descubre el ajedrez. Venía sin destacarse en la escuela, no era muy apreciado por sus compañeros y su padre, un autor de libros para adolescentes, se sentía decepcionado por un chico tan gris. El ajedrez le dará el brillo que le faltaba, y un "productor" explotará su genio mientras sea un niño prodigio, después lo abandonará a su suerte.

 

Luzhin vivirá solo para para su mente y el juego, y a los 20 años será un hombrecito sin edad, miope, asmático, muy excedido de peso, feucho, sin gracia, no muy limpio. Pero todo un maestro del ajedrez.

 

Contra todo pronóstico, una chica lo hallará atractivo y se empecinará en sacarlo adelante como un ser más "corriente". Mientras tanto el ajedrez hará que Luzhin cruce los límites de su capacidad y terminará ¿loco?, ¿depresivo?, ¿exhausto del juego?

 

De allí en más, ya no sabrá qué es real y qué no. Tendrá prohibido jugar el ajedrez, pero lo aprendido lo perseguirá y jugará con ¿el destino?, ¿lo incognoscible?, ¿lo que subyace bajo las cosas que se ven?

 

Conclusión: puede que el ajedrez lleve a la locura, pero también hace oír la música de las esferas. Un buen libro.

 

Y así acaba el plan de lectura propuesto para este enero y febrero, las seis novelas de Kate Atkinson con el protagónico del detective Jackson Brodie, intercalas por las tres primeras novelas de Vladimir Nabokov. ¿Me comprometo públicamente con otro plan? No es necesario, creo. Voy a seguir leyendo para no encerrarme en esta realidad desesperante, a la que no me niego, me entero de lo que pasa, pero no quiero rumiar el horror todo el día. Leer me despeja, me despabila, hallo que me mantiene entero. Que es así como debemos estar, porque en algún momento habrá que reconstruir todo lo que están destruyendo.

Gustavo Monteros

viernes, 10 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Muerte en Rook Hall de Kate Atkinson


 

Los géneros son artificio puro, chocolate por la noticia, y al policial, en especial a su variante ¿Quién-lo-hizo? (el famoso whodunit) se le nota mucho la marca en el orillo.

 

“Muerte en Rook Hall” es la sexta novela de Kate Atkinson protagonizada por el expolicía, exsoldado Jackson Brodie. En reseñas anteriores contábamos que a Atkinson le gustaba apartarse de las fórmulas tradicionales de la novela policial y que jugaba con las formas.

 

En esta novela, en cambio, ha decidido abrazar los más rancios trucos de la novela típica inglesa de crímenes en pueblos chicos, abadías o casas solariegas y divertirse a lo grande con ellos, subvirtiéndolos.

 

Pero no andemos con vueltas y nombremos al elefante en la habitación. ¿Quién es la reina del whodunit en pueblitos, abadías, casas solariegas y aledaños? ¡Agatha Christie!

 

Aquí  Atkinson elige referirse a ella a través de una tal Nancy Styles, un personaje inventado, que es tanto Christie como algunas (o todas) de sus epígonos más conspicuas.

 

Es que si sos mujer, británica y escribís policiales, antes de teclear la primera palabra, tenés que lidiar con el legado del monumento Christie. Y aquí Atkinson la "homenajea" con amor y odio. Amor por el ingenio de sus tramas y personajes, y odio por haber llevado ese ingenio a alturas vertiginosas. Porque aun antes de empezar, si sos mujer, británica y escribís policiales, ya tenés la vara no alta, sino olímpica.

 

Pero no hay monstruo o genio sin su talón de Aquiles. El de Christie fue ser prolífica. Y así cuando la inspiración amenguaba, Agatha se recostaba en el oficio: si no salían personajes, que sean tipos pues, si la trama no es inteligente, que sea arrevesada, que lo intricado puede pasar por profundo o brillante.

 

Por supuesto, si homenajeamos, nos metemos en el terreno de lo "meta": lo metalingüístico o lo metaficcional, o sea el recurso que remite a los recursos típicos de lo que se narra, el juego de espejos, la interreferencialidad. Por ejemplo, la novela se abre y se cierra con una compañía de teatro que se especializa en obras de "descubra al asesino" y que está perdida en su laberinto.  Bien podría uno decirles: Querido actores, no suden las neuronas, si tienen que entregar a alguien, los mayordomos se pintan solos, son los “perejiles” ideales para atarles el sambenito.

 

Y la excusa para accionar la trama de esta novela es la pérdida de un cuadro (¿renacentista, quizá?), los herederos del mismo, una pareja de hermanos (como diría Cortázar en “Casa tomada”) contrata a Jackson Brodie para que encuentre a la persona que lo robó, para ellos es la chica que cuidaba a su madre hasta que la pobre pasó a mejor vida.

 

En una mansión que es casi igual a Downton Abbey, ocurrió algo similar, allí con un Turner.

 

Como ya mencionamos antes también, el punto fuerte de Atkinson es la creación de personajes, aquí parte de estereotipos y, como no puede con su genio, los empieza a tridimensionar: el reverendo, la baronesa, el soldado son los principales y los más logrados.

 

El reverendo es como la respuesta contemporánea al cura de “El poder y la gloria” de Graham Greene. Aunque ahora la pérdida de fe, según Atkinson, ya no es tan grave y más que angustia desata sarcasmo, una de las perversas formas del humor.

 

La baronesa es puro Bernard Shaw, o sea uno espera una cosa y el autor aniquila nuestras expectativas: ejemplo, la señora tiene más libros que la biblioteca del congreso yanqui, pero es más bruta que un arado, su educación es puro modales, o parece frágil, pero puesta a prueba es más brava que los parcos que hacía Clint Eastwood.

 

El soldadito arranca como la reformulación de otro personaje de Graham Greene, el de “Un caso acabado”. El muchacho se presenta aguerrido, pero es más flojo que el calzón de la empleada pública de Gasalla.

 

Como sea la hilaridad campea a su antojo, es el más humorístico y regocijante de todos los libros de Atkinson con Jackson Brodie.

Gustavo Monteros


viernes, 3 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Cielo interminable de Kate Atkinson


 

Y el plan de lecturas sigue inexorable, lo que me sorprende, aunque no sé por qué: la realidad es horrible, los insomnios son largos y en algún lugar tengo que meter la cabeza para no desesperar de tanta tristeza.

 

Y como dije en reseñas anteriores, no me cuesta relacionarme con Jackson Brodie, el protagonista de las novelas policiales de Kate Atkinson. Ya llegué a la quinta.

 

Por supuesto, pueden leerse individualmente, pero si se leen seguidas en orden cronológico, se ve que conforman una saga con personajes que figuran en todas y otros que aparecieron puntualmente en una y vuelven en alguna otra.

 

Jackson, claro, viene con su historia y sus circunstancias. Es exsoldado, expolicía, tiene una hermana asesinada, un hermano que se suicidó por la culpa de no haber ido a buscar a su hermana en la parada del bus la noche que la mataron, un padre minero y una madre sacrificada que reconoció estar doblada de dolor cuando ya nada podía hacerse. Tiene una exesposa y una hija de esa pareja.

 

En la primera novela (Expedientes, 2004) por el caso que trata, conoce a Julia, una actriz. En la segunda novela (Incidentes, 2006) atestiguamos que Julia y él tienen una relación establecida, que termina mal, ella está embarazada, pero le asegura a Jackson que él no es padre. En la tercera novela, Esperando noticias, 2008) Jackson va al pueblito donde Julia vive ahora con su nueva pareja y el supuesto hijo de ambos, Nathan, y le roba al pibe unos cabellos durante un paseo con la escuela, para hacerle la prueba de ADN. En la cuarta novela, Me desperté temprano y saqué al perro, 2010), Jackson ya sabe que Nathan es su hijo y se relaciona con él, con la anuencia de Julia. Y en la quinta novela, Cielo interminable, 2019), vemos a Jackson veranear con Nathan, ahora un preadolescente.

 

Y en esta novela reaparecerá Reggie, una de las protagonistas de la tercera o sea, Esperando noticias.

 

Jackson desde que lo conocemos también ha tenido lo suyo, sentimentalmente hablando, no solo se relacionó con Julia, conoció en Incidentes a una comisaria, de la que se enamoró en Esperando noticias y con la que no pudo concretar una relación en Me desperté temprano y saqué al perro. Para olvidarla, se casó en Esperando noticias, con una chica que resultó una estafadora que le quitó la fortuna que heredó de una clienta de la primera o sea, Expedientes.

 

Y como es habitual en estas novelas, el hecho de sangre surgirá promediando el libro y no en sus primeras páginas. Jackson anda detrás de un adúltero, y la casualidad lo envolverá en la reapertura de un caso que involucra un círculo de pedófilos que en su momento fue desarmado, pero que los que se ocupaban de la logística transformaron en trata de blancas.

 

Y como ya mencionamos, el punto fuerte de Atkinson es la creación de personajes que nos importan o interesan.

 

Hasta el cuarto libro, los mismos fueron publicados con dos años de diferencia, pero 9 años pasaron entre el cuarto y el quinto. Este hiato hizo que el personaje perruno del título del cuarto no reapareciera en el quinto.

 

Jackson rescató este perrito del maltrato de un matón que lo había heredado de una mujer que lo abandonó, no la juzgamos, por ahí en el apuro por huir y sobrevivir no se llevó al perrito, lo que debió haber hecho. El pobre tuvo suerte y cayó en manos de Jackson, al que en un momento decisivo le salvó la vida, porque de no ser por la tozudez del perrito, Jackson no contaba el cuento.

 

En la saga 5 años trascurrieron entre el cuarto y el quinto libro, así que esperaba que este perrito de nombre horrible, Embajador, al que Jackson prometió cambiarle el nombre al final del relato, reapareciera, pero no. En su lugar (porque los perros son personajes en estos libros, aparece Dido, la perrita de Julia que anda en sus últimos achaques.

 

Y cuando se la devuelve a Julia, Embajador es mencionado de soslayo: "Jackson echó de menos al animal de inmediato; quizá debería buscarse un perro solo para él. Había estado brevemente a cargo de un chucho poco satisfactorio con un nombre absurdo. A lo mejor podía conseguirse uno más viril: un collie, tal vez, o un pastor alsaciano, y llamarlo Spike o Rebel."

 

A mí me gustaba Embajador. ¿Se sabrá algo más de él en la última novela de serie hasta el momento que fue publicada el año pasado, Muerte en Rock Hall? Si es así, después les cuento.

Gustavo Monteros


viernes, 27 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Rey, dama, valet de Vladimir Nabokov


 

De acuerdo al plan de lecturas establecido para este verano, le toca el turno a la segunda novela de Vladimir Nobokov, "Rey, dama, valet" (1928). Las contratapas en su afán de "vender" son generalmente embarulladoras y dan gato por liebre. La de este libro, sin embargo, es clara y pertinente.

 

Dice: "«Este fogoso animal es la más alegre de mis novelas», dijo Nabokov de 'Rey, Dama, Valet', una sátira en la que un jovencito miope, provinciano, mojigato y desprovisto de sentido del humor irrumpe en el frío paraíso de un matrimonio de nuevos ricos berlineses. La esposa seduce al recién llegado y le convierte en su amante. Poco después le convence para intentar eliminar al marido. Éste es el aparentemente sencillo planteamiento de la más clásica, quizá, de las novelas escritas por Nabokov. Pero, tras esa aparente ortodoxia se oculta una notable complejidad técnica, y, sobre todo, un tratamiento singular presidido por el tono de farsa. Publicada originalmente en Berlín, a finales de los años veinte, y ampliamente reelaborada por Nabokov en el momento de su traducción al inglés, a finales de los sesenta, 'Rey, Dama, Valet' muestra un fuerte influjo del expresionismo alemán, especialmente del cinematográfico, y contiene un auténtico derroche de humor negro. Nabokov vapulea a sus personajes, los convierte en autómatas, se ríe de ellos a diabólicas carcajadas, caricaturizándolos con gruesos trazos que no impiden, sin embargo, que posean una verosimilitud que proporciona sostenida amenidad a toda la novela."

 

En relación a su primera novela, “Mashenka” (1926), Nabokov juega en esta mucho más con la forma. ¿Cómo logra esto de "vapulear a sus personajes"? Con un truco muy artero: los personajes son pueriles, pero los trata con la grandiosidad reservada a los caracteres importantes, trascendentes. Se habla de sus futilidades con grandilocuencia, como si fueran hechos míticos o épicos. Y se las arregla para mantener este tono paródico, sin cansar ni aburrir.

 

Cuando estaba en la facultad, me daba cierta admiración ver como lxs profesorxs se daban cuenta de si habíamos leído el libro, aunque nos tomáramos siempre el recaudo de enterarnos del argumento pormenorizadamente. Sondheim, como tantos otros, decía que Dios estaba en los detalles, o sea, lo que les da grandeza o singularidad a los trabajos literarios es acertar con las pequeñeces que sacan a los personajes o lo que se narra de la generalidad anodina. Y a eso no se accede solo con la memorización del argumento.

 

Es imposible leer "Rey, dama, valet" y no sorprenderse con algunas puntualizaciones. Según consigna Nabokov en su pasión por las nimiedades, en 1928 no estaba universalizado el uso del dentífrico y el cepillo de dientes, de ahí que los alientos tenían su peso, sobre todo en ambientes cerrados como compartimentos de trenes o ascensores. No existían los desodorantes y hombres y mujeres (no estaban exentas porque la depilación de axilas no se usaba) tenían siempre un tufillo (o un tufazo) de olor a sudor. Los viajes en subtes o colectivos eran un festival de aromas personales. Los baños corporales en las clases medias y bajas eran semanales, lo que traía aparejado que ¡solo una vez por semana! se cambiaban de ropa interior. (A esto último no lo deduzco, Nabokov lo dice expresamente). Los olores íntimos no se disimulaban menos en invierno, porque la ropa interior incluía camisetas y calzoncillos largos de frisa. No tenían muchas mudas de ropa, de modo que olían a lo que cocinaban, y como gustaban de las coles... Los ricos entre que jamás pisaban una cocina (salvo para supervisar el menú), tenían mucha ropa para cambiarse, no se restringían con los baños y tenían plata para perfumes y dentistas, olían mucho mejor. Es que pertenecer siempre tuvo sus ventajas.

Gustavo Monteros


viernes, 20 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Me desperté temprano y saqué al perro


 

Y entonces llegué al cuarto libro de Kate Atkinson, protagonizado por el expolicía, ¿exdetective privado? Jackson Brodie.

 

El título parece fáctico, "Me desperté temprano y saqué al perro", pero en realidad es la primera línea de un poema de Emily Dickinson.

 

Los poetas tienen unas mentes singulares, y en singularidades y peculiaridades la Dickinson es soberana. ¿De dónde saca esas metáforas?, se preguntará por ahí Jackson y todos asentiremos.

 

El libro se cierra también con otro poema de la Dickinson, aquel de "Esperanza es algo con plumas"

 

Volviendo a Atkinson, como ya es su marca, juega con las habitualidades de los policiales y las regenera. Aquí hay tres hilos de historias que maneja paralelamente hasta que las junta.

 

Todo transcurre en Leeds y adyacencias. Ahí llegó un itinerante Jackson Brodie que anda un poco de turismo y un poco buscando donde sentar un hogar.

 

Lo trae también a Leeds una averiguación que no pudo rechazar, una tal Hope desde Australia le pidió que descubra quienes son sus padres biológicos, misterio que sus padres adoptivos no supieron develar, le contaron una historia que no se sostuvo cuando pidió la partida de nacimiento.

 

Lo que Hope necesita saber se supone algo sencillo para un detective. Aunque nada es fácil en un policial. ¿Hope fue secuestrada, "entregada" en adopción por policías que interpretan la ley según les convenga y, hoy como ayer, no quieren que se los exponga?

 

Estas inquisiciones involucrarán más temprano que tarde a la policía jubilada, Tracy Waterhouse, una mujerona tan grandota como sensible, que tiene ahora a su cargo la seguridad de un shopping. Tracy hizo un balance de su vida y le dio negativo. (En las novelas de Atkinson, como en la vida, bah, los mortales comunes que no tienen mucha suerte, viven como les sale)

 

No haber forjado una familia es uno de sus déficits y una tarde que ve en el shopping a una puta, que conoció cuando era policía, arrastrar de mala manera a una nena de 4 años, la encara y se la "compra". Anda embilletada, porque justo esa mañana había ido al banco a sacar una plata que le debía al albañil que le estaba haciendo unos trabajos, así que ahora usa ese dinero, convenientemente fajado y ensobrado, para pagar por la niña.

 

Ahora bien, ¿es la nena hija de la puta o esta solo la estaba cuidando, si es así, qué origen tiene la nena, la mafia, el narco, la trata de blancas?

 

El tercer hilo de la trama gira alrededor de vida y obra de Matilda Squires, Tilly para los amigos, una actriz septuagenaria que anda por los albores de una senilidad galopante.

 

Solo al final, sabremos por qué Tilly está en esta novela. Mientras tanto el por qué no nos pesará porque Tilly tiene una vida apasionante como para una miniserie de 8 episodios.

 

Los tres hilos son espejos que reflejan problemas y urgencias de niños en peligro. Cada historia viene con sus protagonistas y sus secundarios y sus terciarios, todos muy atractivos.

 

Y para que el título no sea metafórico, Jackson Brodie se agencia de un cachorro, inolvidable la forma que llega a su vida y lo hace quedar, viene con una chapa que dice Embajador, no creo que siga con ese nombre. Y será también inolvidable cuando el perrito le salve la vida.

 

En lo personal, recordaré siempre este libro, creo, porque cuando promediaba la lectura, me devastó la noticia de una muerte cercana. Y en la impotencia de ser un deudo lejano, en la geografía al menos, me aferré a terminarlo para amenguar el dolor. Y el libro se la bancó. Gracias, Brodie. Gracias, Atkinson.

Gustavo Monteros


viernes, 13 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Esperando noticias de Kate Atkinson


 

Y ya voy por el tercer libro protagonizado por el expolicía, exinvestigador Jackson Brodie, "Esperando noticias" y su autora, Kate Atkinson, sigue cumpliendo con su parte del contrato: atraparme, entretenerme, dejarme con ganas de más.

 

Le gusta distinguirse de los demás autores policiales, jugar con las tramas y las formas. Aquí parece, al menos en el comienzo, que va a cumplir con las normas clásicas. El primer capítulo es el relato de un crimen.

 

Es verano, por una campiña inglesa apartada, una mujer joven empuja un cochecito donde va un bebé que no cumplió todavía los 2 años, la acompañan sus dos hijas mayores de 8 y 6 años, y cierra la fila un perro juguetón. De repente, un loco malo con un cuchillo los ataca y mata a todos, menos a la hija de 6 que logra esconderse en un trigal cercano.

 

Pasan 30 años, estamos en Edimburgo, y la nena que escapó es ahora una médica con un bebé. Tiene la edad que tenía su madre cuando la mataron y su bebé, la edad de su hermanito.

 

El asesino cumplió la condena y saldrá libre. La policía que le avisa sobre la salida de su victimario tiene en sus manos otro caso con otro loco, un padre divorciado que no acepta que sus hijos no estén con él, y que en la fiesta de cumpleaños de su hija (hay también un hijo) mató a su exsuegra, a su excuñada y a la madre de un chico invitado a la fiesta. En realidad, iba a matar a su exmujer y a sus dos hijos. Este desquiciado logró escapar, la inspectora del caso cree que volverá a atacar, algunos colegas creen que no.

 

Un accidente hará que Jackson Brodie se involucre en el caso de la médica y su bebé.

 

El secreto de los policiales (o de todos los libros, en realidad) es crear personajes interesantes, con los que nos identifiquemos, o que nos importen, o a los que nos guste odiar, que no nos sean indiferentes para nada y nos hagan dar vueltas las páginas y seguir leyendo. En teoría parece sencillo, en la práctica no siempre es un propósito que se consigue. La Atkinson sabe hacerlo.

 

Aquí, como en las noveles anteriores, hay una galería de personajes a cuál más atractivo, pero dos se llevan los laureles. La médica superviviente del crimen inicial y la adolescente que la ayuda con el bebé, que se llama Reggie, aquí diminutivo de Regina.

 

Nombre más que apropiado porque esta huérfana, menuda, que parece tener menos de los 16 que tiene, es una reina guerrera que se impone a una realidad que le es cruel, a su favor tiene un don, que aprovecha y expande con estudio y dedicación, una inteligencia feroz. Don que le garantiza tener humor, porque el humor es inteligencia en uso o en acción.

 

En un momento, la policía, medio enamorada de nuestro Jackson, recientemente casada evoca lo siguiente: "Recordaba una balada o un poema ambientado en una época lejana, en que se celebraba una boda en una gran casa y todos los invitados jugaban al escondite como parte de la fiesta (imagínate algo así ahora). La recién casada se había escondido en un enorme baúl, en una parte recóndita de la casa donde a nadie se le ocurrió buscarla. La tapa del baúl tenía un muelle oculto y solo podía abrirse desde fuera; la joven se asfixió allí dentro antes de haber pasado siquiera la noche de bodas. Encontraron su esqueleto años después, ataviado con el traje de novia. Enterrada viva, pero algunas relaciones eran también así. Quién sabía, a lo mejor a la pobre novia le había ido mejor muerta. Alison Needler decía que su exmarido la habría tenido «encerrada en una caja de haber podido». «La novia de Mistletoe», así se llamaba el poema. Si esperabas el tiempo suficiente, tu memoria venía a tu encuentro. Un día dejaría de hacerlo."

 

Esta mención activó mi memoria, pero la novia no se ocultaba en un baúl sino en un banco de jardín veneciano, y así me devolvió el argumento del cuento largo de Beatriz Guido que sería la base de la última película de Leopoldo Torre Nilsson: "Piedra libre".

 

Entonces es verdad lo que se dice: los amigos se van, los amores se pierden o se acaban, la salud te hace largar el tabaco y el alcohol, pero leer es un placer que no se va, no se pierde, no se acaba y que nada te hace largar.

Gustavo Monteros