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viernes, 10 de junio de 2022
miércoles, 26 de octubre de 2016
Verdad y belleza
Hay canciones que conviven con nosotros desde siempre
y para siempre. Y como bien dice Pasatiempo, el poema de Mario Benedetti:
Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía
luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra
ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros
ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.
con un poco de suerte, el tiempo termina por atraparnos (y darnos una
buena paliza).
Conocí la canción siguiente en los primeros años de mi adolescencia y
por entonces, la letra enumeraba datos, ahora, si bien no me jubilé todavía, son
realidades. Se puede resumir que los artistas aspiran lograr la verdad y la
belleza. Este trío muy mentado, Mario Benedetti en la letra, Alberto Favero en
la música y Nacha Guevara en la voz e interpretación lograron con amplitud esa
ambición en esta canción. El tiempo no ha opacado a Nacha o Benedetti, pero ha
agigantado a Favero. O quizá solo me ha dado las herramientas para apreciar
mejor su talento. Como sea, hay verdad y belleza.
El cielo de veras que no es éste
de ahora
el cielo de cuando te jubiles
durará todo el día
todo el día caerá
como lluvia de sol sobre tu
calva.
Estarás algo sordo para escuchar
los árboles
pero de todos modos recordarás
que existen
tal vez un poco viejo para andar
en la arena
pero el mar todavía te pondrá
melancólico
estarás sin memoria estarás sin
dinero
con el tiempo en los brazos como
un recién nacido
y llorará contigo y llorarás con
él
estarás solitario como una ostra
y podrás hablar de tus fieles
amigos
que como siempre contarán desde
Europa
sus más tímidos contrabandos y
becas.
Estarás en la orilla del mundo
contemplando
desfiles para niños
eclipses
y regatas
te pondrás el sombrero para mirar
la luna
nadie pedirá informes ni balances
ni cifras
sólo tendrás horario para tu
muerte
pero el cielo de veras que no es
éste de ahora
ese cielo de cuando te jubiles
habrá llegado demasiado tarde.
(La canción se llama Cuando te jubiles, el poema en la que se
basa: Después)
miércoles, 27 de mayo de 2015
El amor en los setenta
Tres
canciones de amor que conocí en los setenta, no tan famosas o transitadas como
otras, pero que me parecen, por distintos motivos, sencillamente bellísimas.
Ojalá las disfruten tanto como yo.
Antes y después
Letra y Música: Jorge Schussheim
Te quiero, che
Letra: Horacio Ferrer
Música: Astor Piazzolla
Amor de tarde
Letra:
Mario Benedetti
Música:
Alberto Favero
Es
una lástima que no estés conmigo
Cuando
miro el reloj y son las cuatro
Y
acabo la planilla y pienso diez minutos
Y
estiro los brazos como todas las tardes
Y
hago así con los hombros para aflojar la espalda
Y
me doblo los dedos y les saco mentiras.
Es
una lástima que no estés conmigo
Cuando
miro el reloj y son las cinco
Una
lástima aunque estés a diez metros
Mientras
soy la manija que calcula intereses
O
dos manos que saltan sobre cuarenta teclas
O
alguien que hace cifras y les saca verdades.
Es
una lástima que no estés conmigo
Cuando
miro el reloj y son las seis.
Podrías
acercarte de sorpresa
Y
decirme "¿Qué tal?", y quedaríamos
Vos,
con la mancha roja de mis labios
Yo,
con el tizne azul de tu carbónico.
Es una lástima que no estés conmigo...
Antes y después
Letra y Música: Jorge Schussheim
Mi
mundo dentro, dentro del tuyo
y
mi amor todo junto a la vez.
Un
cigarrillo antes a medias
y
un cigarrillo a medias después.
Te
quiero dos, te quiero tres,
te
quiero cuatro y mañana diez,
te
quiero bien, te quiero cien,
te
quiero tanto y mañana también.
Sos
una flor, sos un clavel,
sos
un dibujo pintado en papel,
sos
lo que sos, sos sin porqué,
sos
un cometa celeste pastel
Mi
mundo dentro, dentro del tuyo
y
mi amor todo junto a la vez.
Un
cigarrillo antes a medias
y
un cigarrillo a medias después.
Te
quiero seis, te quiero diez,
te
quiero doce y vos lo sabes,
te
quiero igual o más que ayer,
te
quiero tanto que no sé que hacer.
Hoy
te quedás, ya no te vas,
te
quiero como no quise jamás
y
te preciso y me necesitás,
hoy
nos amamos solos y en paz.
Mi
mundo dentro, dentro del tuyo
y
mi amor todo junto a la vez.
Un
cigarrillo antes a medias
y un cigarrillo a medias después.Letra: Horacio Ferrer
Música: Astor Piazzolla
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Cuidado
que en la calle
cualquiera
en que te encuentre,
te
haré un amor antiguo,
lindísimo,
insolente.
Y
allí te asaltará
mi
beso principal,
igual
que el primer beso
en
la primera ciudad.
Cuando
te encuentre,
los
municipales que pintan
las
rayas blancas y amarillas
en
el asfalto, sin saber por qué
llenarán
todas las calles de Te Quieros.
Y
la gente, como por un raro instinto,
quemará
en el medio de las plazas
todos
los libros que no dicen Te Quiero.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Armados
de un abrazo
y
un beso inmemoriales,
qué
escándalo seremos,
qué
dos barbaridades,
queriéndonos
querer,
vos
hombre y yo mujer,
igual
que el primer hombre
y
la primera mujer.
Cuando
te encuentre
voy
a salir al escenario del Colón,
y
en medio de una función de gala
cantaré
un Te Quiero
del
tamaño de una ópera,
y
desde el río hasta Liniers,
las
chimeneas serán los tubos
de
un armonium delirante
que
tocará Te Quiero.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Ya
tengo a tus dos manos
tuteando
a mis caderas:
yo
quiero quedar toda
fecunda
de poetas,
un
pueblo voy a ser,
¡qué
amor que te daré!
Habrá
primero un trago
y
un cigarrillo después.
Cuando
te encuentre,
me
convertiré en un alegre
terrorista
de Te Quieros,
para
que tiemblen los que no aman.
Y
en nuestro primer abrazo
ya
empezarán a abrazarse también,
los
dos últimos enamorados
que
habitarán la tierra,
y
que un día melancólico y por venir
se
dirán: Te Quiero.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Mi
blusa y tu camisa
volando
en una escoba,
harán
un ejercicio
celeste
de palomas,
queriéndose
querer,
peleando
por querer
igual
que el primer hombre
y
la primera mujer.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
Te
quiero, quiero, que te quiero, che.
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