En los espectáculos musicales con obertura (ópera, opereta, zarzuela, musical, etcétera), a veces las oberturas nos informan con pelos y señales a qué nos atendremos el resto de la velada.
Una de las mejores oberturas de los musicales es la de Gypsy (libro de Arthur Laurents, música de Jule Styne, letras de Stephen Sondheim).
Los espectadores del 21 de mayo de 1959 del teatro Imperial de Broadway, a poco de empezada la obertura, supieron que un caballo ganador había entrado a la pista.
El estreno de Merrily We Roll Along en 1982 fue un auténtico fracaso, a pesar de que tiene un libro atractivo de George Furth y una de las mejores partituras de Stephen Sondheim. La producción original duró solo 16 funciones. Nos quedó un disco que oímos con fruición hasta alcanzar la veneración. Se repuso alguna que otra vez sin que el espectáculo propuesto revirtiera la maldición del estreno. La obra comienza por el final: tres amigos, un compositor, un letrista y una novelista, ven su amistad acabada. La trama comienza a ir hacia atrás y la obra termina cuando los protagonistas, jóvenes y entusiastas, en una terraza, se comprometen a ser amigos por siempre. Hace casi 10 años, la actriz y cantante inglesa, Maria Friedman logró una puesta exitosa en el West End. En vez de contar la historia de forma omnisciente, hizo un pequeño cambio, la transformó en un juego de memoria del compositor que desanda su vida a puro recuerdo y va hacia los inicios de lo que ahora perdió. Esa misma puesta, con su dirección, se estrenó en diciembre pasado en el Off-Broadway con Jonathan Groff, Lindsay Mendez y Daniel Radcliffe en los protagónicos. Fue tal el éxito que avanzado este año se estrenará en Broadway con el mismo elenco. Disfrutemos ahora de la Obertura en la versión de estreno.
La obertura es un puente, una transición entre nuestra vida cotidiana, con sus pesares y problemas, y el espectáculo que se inicia, con sus dichas o desdichas. La obertura nos informa también sobre la música que acariciará o irritará nuestra alma durante el par de horas siguientes. Pero a no desesperar que si la música no nos augura melodías que nos gusten, siempre nos queda lo teatral. Se han escrito si no libros, al menos capítulos sobre los efectos de esta obertura en el público en la noche del estreno. No digo más por las dudas no la conozcan, aunque repito con toda ansia el latiguillo de los acomodadores: ¡Que la disfruten! Gustavo Monteros
Como lo especifica el realizador de esta breve no-ficción, la idea es mostrar a músicos que integran distintas orquestas sinfónicas de Gran Bretaña en una relación directa con el público, sin estar arrinconados en el foso o en el foro y sin el escudo de su instrumento de base. Para este ejercicio de actuación a través del canto eligieron una canción de Stephen Sondheim (Take me to the world) que pertenece al mediometraje musical para televisión, protagonizado por Anthony Perkins, Evening Primrose. Conmueve el amor al oficio y el amor a la canción. La versión final dista de ser perfecta, pero es precisamente más entrañable por no serlo.
Los caminos que toman algunas creaciones, especialmente
las teatrales, para alcanzar su eficacia o redondear su culminación son tan
inescrutables como los designios divinos.
En los papeles A
Funny Thing Happened on the Way to the Forum no podía ser más auspiciosa.
Un libreto lleno de enredos, con personajes atractivos, escenas muy cómicas y
con réplicas brillantes de Burt Shevelove y Larry Gelbart, basado en las
comedias de Plauto, canciones con letra y música de Stephen Sondheim, la
dirección del legendario George Abbott, la producción general del ascendente
Harold Prince, más un elenco con las brillanteces de Zero Mostel, Jack Gilford,
David Burns, John Carradine, Ruth Kobart y Raymond Walburn.
Sin embargo, en las funciones de prueba en Chicago y
otras ciudades aledañas antes del gran estreno en Broadway, la obra no
terminaba de despegar y hasta las boleterías languidecían.
Llamaron entonces a uno de los “doctores” teatrales, al
impar Jereme Robbins, que aparte de ser un coreógrafo de excepción, se había
formado como actor y director teatral y había desarrollado un infalible ojo
clínico.
Sugirió hacer un cambio importante, sacar la canción de
apertura (Love is in the air).
Entonces le pidió a Sondheim que escribiera una canción elegantemente marcial.
Sonheim fue y escribió Comedy tonight y Robbins pergeñó un número cómicamente salvaje, con
toques de procacidad y obscenidad. Santo remedio. La obra, como por arte de
magia, se convirtió en un gran éxito. Y el 8 de mayo de 1962 estrenaron en
Broadway donde hicieron ¡964 funciones!
En 1989 en Jerome
Robbins’ Broadway recrearon las coreografías más icónicas de Robbins y por
supuesto el show se abría con Jason Alexander reprisando Comedy tonight. Hoy A Funny
Thing Happened on the Way to the Forum es uno de los clásicos más
hilarantes de la auténtica “comedia” musical.
Para
el musical Follies, que trataba el
último encuentro de estrellas teatrales del pasado en un teatro de variedades, donde
tuvieron grandes éxitos y que demolerán pronto, Stephen Sondheim compuso una
canción, I´m still here, que era un himno
a la estrella superviviente, aquella que personal y profesionalmente pasó por
todo y que sin embargo sigue en pie, entera. La estrenó Yvonne De Carlo y por
estos pagos se la recuerda, porque para su regreso del exilio, con letra
adaptada a circunstancias de su vida, la presentó Nacha Guevara y hasta tomó su
título para darle nombre al espectáculo: Aquí
estoy.
En un momento dice la letra original:
First you're another sloe-eyed vamp
Primero
sos otra vamp de ojos rasgados
Then someone's mother, then you're camp
Después
la mamá de alguien, después sos camp
Then you career from career to career
Y
así vas de carrera en carrera…
No hay actriz que no
sepa eso de que en algún momento se deja de ser el objeto romántico, la
damisela en peligro, la joven emprendedora o la mujer fatal y se pasa a ser la
madre, la tía o la jefa experimentada de la protagonista. (A menos que se sea
Meryl Streep y se trabaje tiempo completo buscando papeles atrapantes que se
adapten a los años que su cuerpo lleva encima). Es decir, o se acepta pasar del
centro de la escena a la periferia, o se buscan papeles dominantes para
actrices mayorcitas. O se hacen ambas cosas a la vez, como Nicole Kidman, que
es la madre adoptiva del protagonista en Lion
/ Camino a casa, rol por el que obtuvo
nominaciones a casi todos los premios importantes, Óscar incluido, como Mejor
Actriz de Reparto, mientras que por otro lado, protagoniza junto a Reese
Witherspoon y Shailene Woodley Big Little
lies, serie de HBO, donde hace de ardiente esposa del galán sexy Alexander
Skarsgard, que no hace mucho se probó el último taparrabos de Tarzán.
Por lo que sea, no son
nada fáciles las transiciones de una carrera a la otra, se depende mucho de la
suerte y de la predisposición a aceptar el paso del tiempo con el respectivo
cambio de roles que acarrea. Muchas actrices se quedan paralizadas y tardan
varios años en aceptar que ya no son jóvenes. Digo actrices, porque hablaré de
lo que pasó con algunas de ellas en los sesenta, pero también les pasa a los
actores, que el tiempo hace estragos con todos. Michael Caine en su autobiografía
se ríe de ese momento. Cuenta que un aciago día recibió un guión y al comentar las
características del galán protagónico con su representante, este lo interrumpió
y sin amables prolegómenos le dijo: No te quieren en el protagónico, sino como el
padre de la chica. A Michael le costó asimilar el golpe, de seducir a la dama
joven pasaba a ser ¡su padre!
A comienzos de los años
sesenta las carreras de Bette Davis y Joan Crawford, para decirlo con
elegancia, languidecían. Si somos crudos diremos que estaban cerca de un final
ominoso. Durante los años treinta y cuarenta habían reinado y competido por ser
las reinas del melodrama, que también podían hacer comedia y de tan completas, por
el puesto de la primera gran actriz estadounidense. No eran las únicas es
aspirar a ese puesto, Katharine Hepburn también se anotaba en esa competencia,
que como se sabe, siempre queda sin ganador, porque no existe en arte el
absoluto del mejor, ya que se celebra siempre la diferencia, la particularidad,
cualidades que no admiten un exponente triunfador único. En arte, nadie es “el
mejor”. Lo que no impide que por algunas mezquindades e inseguridades muy humanas,
tal o cual se erijan en Yo soy el o la mejor.
Volviendo a Bette y Joan,
durante años no se habían tirado con flores, sino con floreros, macetas y hasta
con jardines y viveros. Si no se odiaban, se detestaban con beligerante
militancia. Entonces el director Robert Aldrich (o alguien más, supongo que lo
sabré cuando vea la serie) pensó que sería un atractivo comercial extra si se
las juntase en un mismo proyecto. Optó por una novela de Herny Farrell, en la
que una exestrella infantil atormenta a su hermana parapléjica en una mansión
decadente de Hollywood. Bette y Joan aceptaron y en 1962 comenzaron ¿Qué pasó con Baby Jane? Joan,
más coqueta o sin querer desmerecer su pasado sex-appeal, prefirió no exagerar
los estragos de la edad. Bette que no era de andar con melindres, no paró hasta
dar con un maquillaje monstruoso, que más que un rostro parecía una máscara de
cera derritiéndose. Como bien pudo deducirse por el resumen del argumento, la
cosa venía para el lado del thriller, del terror gótico o del desmadre camp. El
éxito de esta aventura dio nacimiento sino a un subgénero, al menos a una
tendencia que se ramificó con celeridad.
El mismo Robert Aldrich,
en 1964, volvió a la carga con otro cuento de Henry Farrell, Cálmate, dulce Carlota. Otra vez con
Bette Davis enfrentada ahora con otra diva del viejo Hollywood, la siempre
magnífica Olivia de Havilland. Bette era una exbella sureña que vive reclusa
en una mansión que se erige en el centro de una plantación, ruinosas todas, la
casa, la plantación y la exbella, a esta última la cuida una leal ama de
llaves, Agnes Moorehead, y juntas reciben las habituales visitas de un médico
amigo, Joseph Cotten. Este frágil status quo será descalabrado por la llegada
de una pariente lejana, Olivia de Havilland, y entonces…
En 1965, en la rubia
Inglaterra, para el estudio Hammer, especialista en sustos varios, otra vieja
diva, la extraordinaria, en más de un sentido, Tallulah Bankhead, torturaría a
la joven ascendente Stefanie Powers en ¡Muere,
muere, querida mía! Tallulah sostenía que Powers, la novia de su hijito era
la culpable de la muerte del muchacho y entonces… Dirigió Silvio Narizzano, y
es una pena que la declinante salud de Tallulah, que le cobraba al fin años de
descontrol, nos privara de otras supremas actuaciones delirantes como la que
ofrece en esta deliciosa joya del absurdo involuntario.
A comienzos de los setenta,
esta tendencia de someter a viejas glorias a historias de terror gótico parecía
agotada. No fue óbice para que en 1971 un especialista del thriller terrorífico, Curtis
Harrington no intentara suerte con las siempre fabulosas, a pesar de sus
veteranías, Shelley Winters y Debbie Reynolds en ¿Qué pasa con Helen?, donde hacían de madres de dos asesinos amigos
y cómplices, que por culpa del escándalo producido por sus sangrientos retoños,
huían de su ciudad a Hollywood donde abrían una escuela de tap para niños cuyas
madres ambicionaban convertirlos en estrellas infantiles. Por supuesto la
sangre, todo un rasgo de familia, no
tardaba en correr y entonces…
Todo esto viene a cuento
porque se estrena Feud, (Feud puede
traducirse tanto como enemistad manifiesta, odio de sangre o disputa tonta), serie
que quienes ya vieron el primer capítulo me recomiendan con inusitado fervor,
asegurándome que disfrutaré cada segundo. La serie recrea las circunstancias
del antes, durante y después de la filmación de ¿Qué pasó con Baby Jane? Serie en la que rodeadas de estrellas como
Judy Davis, Alfred Molina, Stanley Tucci, Alison Wright, Catherine Zeta-Jones,
Kathy Bates o Sarah Paulson, Jessica Lange interpreta a Joan Crawford y Susan
Sarandon a … cha-cha-cha-chán …Bette Davis. Sin desmerecer a la inmensa
Jessica, mis ojos es probable que no se aparten de Susan, porque Susan en muchas
fotos me parece como una hija no reconocida de Bette.
El título de este post,
surge de un almohadón que bordó Bette en su vejez, en el que ponía “Old Age ain’t
no place for sissies”. Sissies literalmente es maricones, metafóricamente es
cobardes. En honor a una amiga, que siempre me discute que esta frase queda
mejor traducida con cobardes, es que opté por llevarle el
apunte, y no insistir con que Envejecer no es para maricones.
Era el año 1984. Yo amaba a
alguien que no supo quererme y a quien ya ni recuerdo. O sí, vagamente, muy
poco, casi nada. Sin embargo no me olvido de que fue el año en que Nacha
regresó del exilio e hizo Aquí estoy, primero en el Coliseo y después en el
Lola Membrives. La mala calidad de este video no empaña los logros de este
primer número de aquel espectáculo. Ah, pero en vivo, era la felicidad. Stephen
Sondheim, en letra y música, Alberto Favero, en los arreglos y en la dirección
musical, y Nacha, en el escenario.
Una vez me preguntaron ¿para qué querés ser
artista?, ¿para qué sirven los artistas? Para ser felices, para eso sirven.
Me acabo de enterar
de que Anna Kendrick (a la que aprendí a amar en Amor sin escalas (Up in the air) junto a George Clooney) fue una
niña prodigio.
En 1998 deslumbró a
Broadway como la niña de Alta sociedad.
Y ya que también estaba en cartel por esos tiempos Cabaret, a alguien se lo ocurrió para esta gala de damas
protagonistas de musicales, mezclar las canciones Don’t tell mama (No se lo
cuentes a mamá) de Cabaret (que
no está en la película porque fue reemplazada por Mein Herr) y Life on a wicked
stage (La vida en el malvado teatro)
de Showboat, contrastando la
inocencia con la experiencia.
El resultado es
fascinante.De No se lo cuentes a mamá quedó solo la fanfarria y la frase Mamá cree que vivo en un convento, en
tanto que La vida en el malvado teatro
se canta entera.
Mientras esperamos
que Anna Kendrick nos deleite con su Cenicienta de En el bosque, el film de Rob Marshall basado en el musical de
Sondheim que se estrenará la semana próxima, los invito a verla y escucharla
cuando literalmente hacía pininos.
(Anna)
Mama
thinks I'm living in a convent
Mamá cree que vivo en
un convento
Why
do stage struck maidens clamor
¿Por qué las
doncellas claman
To
be actin' in the drammer?
Por subirse a un escenario?
(Las
chicas)
We've
heard say
Porque dicen
You
are gay
Que estás contenta
Night
and day.
Todo el tiempo
(Anna)
Oh,
go 'way!
¡No embromen!
I
drink champagne from a slipper.
Bebo champán en un
zapato de cristal
You
drink water from a dipper,
Ustedes toman agua
con un cucharón
(Las
chicas)
Tho'
it seems cruel to bust
Aunque sea cruel
aplastar
All
your dreams,
Todos tus sueños
(Anna)
Still
I must;
Debo hacerlo
Here's
the truth I tell you:
Les digo la verdad
Life
upon the wicked stage
La vida en el malvado
teatro
(Las
chicas)
Ain't
ever what a girl supposes;
No es lo que una
chica supone
(Primero Anna, después todas)
Stage
door Johnnies aren't raging
En la puerta de
entradas los galanes no se pelean
Over
you with gems and roses.
Para regalarte joyas
o rosas
(Anna)
If
you let a feller hold your hand (Las chicas) (which
Si dejas que un tipo
te tome la mano (lo que
Means
an extra beer or sandwich),
Significa una cerveza
extra o un sándwich),
(Anna)
Ev'rybody
whispers: "Ain't her life a whirl?"
Todos murmuran:
"¿No es su vida un torbellino?"
Though
you're warned against a roué
Aunque te advierten
que un canalla
Ruining
your reputation,
Puede arruinar tu
reputación
We
have played around
Practicamos
The
one night trade around
El acuerdo de una
sola noche
(Anna)
A
great big nation:
Por toda la nación
Wild
old men who give you jewels and sables
Los viejos verdes que
te regalan joyas y pieles
(Las
chicas)
Only
live in Aesop's Fables.
Solo viven en las
fábulas de Esopo
(Anna)
Life
upon the wicked stage
La vida en el malvado
teatro
Ain't
nothin' for a girl.
No es para una chica
(Las
chicas)
Though
we've listened to you moan and grieve, you
Aunque te oímos
protestar y penar,
Must
pardon us if we do not believe you,
Perdónanos si no te
creemos
There
is no doubt
No hay duda
You're
crazy about
De que te enloquece
Your
awful stage!
¡El feo teatro!
(Anna)
I
admit it's fun
Admito que es
divertido
To
smear my face with paint,
Pintarrajearse la
cara
Causing
ev'ryone
Y hacer que todos
To
think I'm what I ain't,
Crean que sos lo que
no sos
And
I like to play a demi-mondy role
Y me gusta interpretar
a la meretriz
With
soul!
Con sentimiento
Ask
the hero does he
Preguntarle al héroe
Like
the way I lure
Si le gusta cómo
seduzco
When
I play a hussy
Cuando interpreto una
atorranta
Or
a paramour,
O a una enamorada.
Yet
when once the curtain's down
Pero cuando baja el
telón
My
life is pure,
Mi vida es pura
And
how I dread it!
Y ¡cómo la detesto!
(Las
chicas)
Life
upon the wicked stage
La vida en el malvado
teatro
Ain't
ever what a girl supposes;
No es lo que una
chica supone
Stage
door Johnnies aren't raging
En la puerta de
entradas los galanes no se pelean
Over
you with gems and roses.
Para regalarte joyas
o rosas
If
some gentleman would talk with reason
Si algún caballero
hablara con fundamento
We
would cancel all next season.
Cancelaríamos toda la
temporada que viene
(Anna)
Life
upon the wicked stage
La vida en el malvado
teatro
Ain't
nothin' for a girl!
No es para una chica
(Las
chicas)
We
got virtue but it ain't been tested.
Nuestra virtud no ha
sido puesta a prueba.
(Anna)
No
one's even interested.
Nadie está interesado
siquiera.
(Todas)
Life
upon the wicked stage ain't nothing for a girl.