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viernes, 4 de septiembre de 2026

Crooners - Hoy: Bobby Darin

 Bobby Darin canta Mack the Knife, canción compuesta para La ópera de tres centavos, letra de Bertolt Brecht y música de Kurt Weill. 

viernes, 28 de agosto de 2026

Para hacerla así, mejor no la hubieran hecho


 

En Broadway los desastres teatrales son más frecuentes porque mucha gente está habilitada para opinar, y a veces quienes deciden qué queda, no pueden soslayar pareceres que deberían descartar. Por eso acuñaron un nombre con su correspondiente definición: Theatrical Disaster. Por estos lados, por diversos motivos y por suerte, son escasos. Aunque hacer un desastre teatral no es difícil. Basta con tomar, ante cada disyuntiva, la solución equivocada.

 

Esta versión de La ópera de tres centavos es un desastre teatral hecho y derecho. Dos son los responsables: el puestista y director general, el uruguayo Gabriel Calderón, hombre con muchas cucardas que debuta infaustamente en la Argentina y la directora musical, Annunziata Tomaro que no oyó un disco de música de Kurt Weill en su vida (un mérito tiene, a pesar de que para todos los presentes la música de Weill ya no suena rara o innovadora, ella, de tan mal que la hace, la devuelve al desconcierto que su estreno provocó en algunos oídos ) (La obertura, por ejemplo, debe sonar discordante y levemente desafinada, ella marca tanto la desafinación que uno se pregunta como hicieron los ejecutantes para llegar a ser músicos de la orquesta del Colón) Y el tal Gabriel Calderón desnaturaliza la obra de Brecht / Weill hasta la nada misma. Ojalá la filmen y la guarden, los odiadores de Brecht podrán dar seminarios de cómo destruir la obra de Bertolt al estilo Cartago.

 

Para empezar no "contó el cuentito" (como venimos diciendo desde los ochenta), ni los personajes, ni justificó las dimensiones políticas y sociológicas que la obra trae. Los personajes son unidimensionales y si el texto no los describe no tienen color propio y pueden ser intercambiables por cualquier otro que se te ocurra. Polly Peachum puede ser Polly o Dorothy (con o sin Toto) o Julieta u Ofelia u otra protagonista joven.

 

El ensamble tiene que cubrir tres grupos de personajes: a) los mendigos con sus deficiencias reales e inventadas, b) los malandras que secundan a Mackie, unos estafadores, cafiolos y asesinos y c) las prostitutas, falsas, traidoras y acomodaticias. O sea, deben ser peligrosos, siniestros, amenazadores. Normalmente cubren estos roles actores adultos, con características no asociadas al modelo de belleza aceptado, es decir nada muy apolíneo que digamos, un ensamble para un Natán Pinzón, un Peter Dinklage, una Elsa Lanchester. Calderón eligió un grupo de jóvenes rechazados de un casting para un programa de Cris Morena. Son todos super fit, con melenas que conocen todos los productos L'Oreal, y veganos. Son tan amenazantes y siniestros como La dama y el vagabundo. Y dan la apariencia de ser inmunes al concepto de plusvalía explicado para zombies. Y el marxismo, uno juraría, les es tan cercano como Groenlandia. Encima la coreografía es muy mala, más de gimnasia rítmica que de Terpsícore.

 

Entonces todo queda como de teatro infantil (lo cual podría ser un concepto interesante para promover una relectura de Brecht/Weill, en una serie alemana, alumnos de cuarto grado hacían esta ópera de tres centavos y a pesar de que los chicos no entendían nada de lo que estaban haciendo, la obra volvía a ser muy perturbadora, porque el público de padres sí entendían a lo que aludían) No aquí, todo remite al peor teatro infantil, en el que se grita al principio "¡Hola, chicos"! y se pregunta todo el tiempo dónde se escondió Ramoncito y así.

 

Calderón y Tomaro recordaron que esta obra se representa en el mundo como comedia musical o como ópera y decidieron hacer un mix: contratar artistas del musical y hacerlos cantar con la gola operística. Mezcla que salió horrible. Como hay que forzar la voz, los microfonaron por demás, entonces la dicción se resiente y no se entiende qué dicen, y todos suenan como si les apretaran los zapatos o tuvieran ataques de hemorroides. En el mundo de la música, hay un chiste que dice que si hacés Weill, o no sabés cantar y por lo tanto cantás como el orto, o sos un cantante de ópera con mal gusto. Aquí se acercan al chiste, esta gente sabe cantar, pero la hacen sonar peor que a Susana Giménez y sus balidos dodecafónicos.

 

Soy sincero, en el curso del espectáculo, llegué a odiar a  Weill, a Brecht, a Lotte Lenya, a Julie Andrews, al musical, a Verdi, a Rodgers and Hammerstein, a Rodgers and Hart, a Sweet Charity y a Sophia Loren y a todo lo que me pareció lindo en algún momento. Cuando se me pase el disgusto volveré a ver en YouTube las versiones de esta obra que me gustan y todo volverá a estar en su lugar.

 

Eso sí, jamás olvidaré que es posible volver inane hasta la obra completa de Shakespeare. Ah, la escenografía, el vestuario y la iluminación son igual de horribles que todo lo demás. No rescato ni a los acomodadores.

 

Me gané otra medallita para cuando San Pedro me pregunte por qué tendría que ir al cielo, a la larga lista de cosas que ya me franquearían las puertas del Edén, le agregaré: "Y vi La ópera de tres centavos de Calderón y Tomaro" ¡Me van a tirar hasta una alfombra roja!

 

Gustavo Monteros

Cerca del final, el actor que hace de policía le agrega a su monólogo de cómo va a tratar a la muchedumbre en la ceremonia de coronación una arenga contra Milei, con la que es imposible no estar de acuerdo. El agregado está torpemente puesto y llega tarde. Bah, no sé, por ahí sirve para despertar a los espectadores que a esta altura del espectáculo está a las cabezadas (a la función que fui ningún número por vibrante que fuera su ejecución y su final provocó aplausos, salvo cuando un actor los mendigó y dijo: che, ¡pueden aplaudir!). O ¿es acaso este agregado un lavado de culpas? ¿El reconocimiento de que la obra tendría que tener esa virulencia? Si la hubieran hecho bien, no hubieran necesitado ningún agregado. La ópera de tres centavos, hecha como corresponde, es el mejor alegato contra los Milei del mundo.


viernes, 7 de noviembre de 2025

viernes, 19 de mayo de 2023

Love songs - Hoy: Judy Garland - Kiri Te Kanawa

 It never was you es una canción con música de Kurt Weill y letra de Maxwell Anderson. Fue compuesta para el musical Knickerbocker Holiday, estrenado en 1938. 



viernes, 19 de agosto de 2022

Vamos, Chenoweth, haga un Kurt Weill irreprochable y magistral

 


I'm a Stranger Here Myself

from One Touch of Venus

lyrics: Ogden Nash

music: Kurt Weill


Tell me is love still a popular suggestion

Or merely an obsolete art?

Forgive me for asking this simple question

I'm unfamiliar with his heart

I am a stranger here myself

Why is it wrong to murmur, "I adore him"

When it's shamefully obvious I do?

Does love embarrass him, or does it bore him?

I'm only waiting for my cue

I'm a stranger here myself

I dream of a day, of a gay warm day

With my face between his hands

Have I missed the path? Have I gone astray?

I ask and no one understands

Love me or leave me

That seems to be the question

I don't know the tactics to use

But if he should offer

A personal suggestion

How could I possibly refuse

When I'm a stranger here myself?

Please tell me, tell a stranger

My curiosity goaded

Is there really any danger

That love is now out-moded?

I'm interested especially

In knowing why you waste it

True romance is so fleshly

With what have you replaced it?

What is your latest foible?

Is Gin Rummy more exquisite?

Is skiing more enjoyable?

For heaven's sakes what is it?

I can't believe

That love has lost its glamor

That passion is really passé

If gender is just a term in grammar

How can I ever find my way?

When I'm a stranger here myself

How can he ignore my

Available condition?

Why these Victorian views?

You see here before you

A woman with a mission

I must discover the key to his ignition

And then if he should make

A diplomatic proposition

How could I possibly refuse?

How could I possibly refuse,

When I'm a stranger here myself?

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Programa doble con Joseph Cotten


 

Así como hay actores que se la pasan esquivando premios, otros no reciben los que merecen.

 

Joseph Cotten fue uno de los actores menos valorados del mundo a pesar de tener un talento notable y envidiable. En toda su larga y prolífica carrera solo recibió el León de Oro del festival de Venecia de 1949 por su actuación en Portrait of Jenny (William Dieterle, 1948)

 

Y eso que era ubicuo y proteico como pocos. Alto, delgado, de cintura estrecha y anchas espaldas, de no muy mal ver, con una agradable voz baja, formado sólidamente podía darle a Hitchcock un villano lleno de aristas en La sombra de una duda (Shadow of a doubt, 1943) o ser un agradable héroe inesperado en El tercer hombre (The Third Man, Carol Reed, 1949) para mencionar solo dos hitos imperecederos que lo tuvieron de glorioso protagonista.

 

Amigote de Orson Welles desde antes de que recalaran en Hollywood, tuvo el honor y la suerte de estar en la ineludible y revolucionaria El ciudadano (Orson Welles, 1941), muy comentada por estos días debido a Mank (David Fincher, 2020)

 

Decido hacerme un programa doble con películas suyas por culpa de que me cruzo en Facebook con una foto de I’ll be seeing you a la que acompaña una párrafo que informa que se trata de un film navideño romántico entre dos personajes con permisos especiales por las fiestas, el de él otorgado por un hospital psiquiátrico, el de ella por la prisión.

 

Recuerdo vagamente haberla visto, pero se me olvidó el motivo por el que Ginger Rogers podría haber terminado presa. Me prometo averiguarlo a la primera ocasión, que decido sea verla de nuevo y no buscar solo el dato.

 

I’ll be seeing you / Te volveré a ver es como El retrato de Jenny, mencionado antes, una película dirigida por William Dieterle (con colaboración no reconocida de George Cukor) y pertenece a la etapa en que Cotten estaba bajo contrato de otro amigote, David O. Selznick.

 

Cotten es un soldado traumado de la Segunda Guerra de permiso, como dijimos, de un hospital psiquiátrico. En un tren conoce a una chica, Ginger Rogers, también de permiso navideño, de una prisión en su caso, aunque no se lo dice, si no que le miente un trabajo de viajante. La chica le gusta y decide bajar en su estación, después de todo a él no lo espera nadie en ninguna parte.

 

La chica va a casa de sus tíos, padres de una adolescente que no es ni más ni menos que Shirley Temple ídem.

 

La ex niña adorable, como sabemos, se convirtió en una adolescente poco agraciada, pero el público como le tenía cariño a la nena eterna que desataba sonrisas, no dejaba de interesarse por ella (hasta que registraron la magia perdida y no insistieron más y la ex niña prodigio se retiró)

 

Aquí hace de una adolescente bastante detestable que, a pesar de “su inocencia”,  no hace más que provocarle angustias y dolores a la pobre Ginger, (ay, Shirley, Shirley, si te agarra Freud, se hace una panzada.

 

La cuestión es que Ginger invita a Joseph a comer en casa de sus tíos, salen y terminan por enamorarse. Ella no le cuenta que está presa, pero Shirley sí, entonces…

 

Es una variante del romance tristón de películas hechas durante la guerra, en la línea de El reloj / The clock con Judy Garland y Richard Walker (Vincente Minnelli, con colaboración no reconocida de Fred Zinnemann, 1945), mi favorita de este sub-género.

 

Joseph está muy bien como acostumbra y saca a relucir el galán que no solo debe seducir sino hacer sobresalir a la estrella que lo acompaña, virtud que le permitiría más tarde resaltar a Marilyn Monroe (Niágara, Henry Hathaway, 1953)  o a Bette Davis (Beyond the forest / Perfidia de mujer, King Vidor, 1949), cuando él más que galán era co-estrella característica.

 

Ah, last but not least, Ginger estaba presa no por robar como suponía, sino por haber matado accidentalmente a un fulano que pretendía violarla.



Como de todo hago un programa doble, elijo September Affair, también de William Dieterle (un talentoso alemán que triunfó primero como actor) de 1950, película que siempre olvido por motivos que explicaré oportunamente.

 

Estos dos filmes con los que armo mi programa doble, valga la redundancia, tienen mucho en común, toman el título de canciones emblemáticas que son usadas como leit motiv. En el caso de I’ll be seeing you, la homónima con letra de Irving Kahal y música de Sammy Fain. Y en September Affair o Sinfonía Otoñal, usan September Song con música de Kurt Weill y letra de Maxwell Anderson.

 

Aquí Joseph es un ingeniero muy exitoso, dueño de fábricas y esas cosas, de viaje por Italia para aclararse las cosas, ya que arrastra un matrimonio mal avenido con una joven por entonces Jessica Tandy. Le ha pedido el divorcio, pero ella que, en un principio estaba de acuerdo, le pide al final de una carta que lo intenten otra vez para beneficio del hijo post adolescente que tienen.

 

Él ha decidido anticipar el regreso para ver si pueden recomponer la relación.

 

En el avión de regreso conoce a Joan Fontaine, aquí una reconocida pianista.

 

El avión hace un aterrizaje de emergencia en Nápoles y ellos, mientras lo arreglan, se van a ver paisajes, lo bien que hacen. Pero, claro, regresan al aeropuerto justo cuando el avión ya está en vuelo.

 

Deciden quedarse unos días más para conocer mejor Italia, eso sí, como amigos. Los días que comparten son tan hermosos que ella, para no enamorarse más de él y romper la alianza de amistad, opta por volver a los Estados Unidos.

 

Mientras están en un café, compran el New York Times que les informa que el avión que perdieron se accidentó y que tripulación y pasajeros murieron.

 

O sea que llevan días dados por muertos. Se disponen a informar a familiares y representantes que están vivos, pero comprenden que si se callan podrán tener la oportunidad de rehacer sus vidas. Elijen, claro, esto último.

 

Además él tuvo la suerte de hacerse enviar una fortuna en los días previos, mientras paseaban, a la cuenta de una amiga/mentora/maestra de ella, de modo que pueden vivir a lo grande, y alquilar un “Castelo” en Florencia, from all places!!!

 

Hasta aquí el planteo es rico, por lo fantasioso, pero Tandy, una pesada, quiere saber por qué él decidió regresar, ¿volvía porque estaba convencido de reintentarlo, por amor quizás o solo por compromiso? Así que hacia Italia parte acompañada del hijito. El amigo Freud, de nuevo, se hubiera hecho una panzada.

 

El resto me enoja sobremanera porque Joan, hasta ese momento una apasionada a morir, a la altura de un personaje de Ingrid Bergman, de repente se vuelve una histérica de libro.

 

La cosa es sencilla, Joan, lo amás o no lo amás al Joseph, lo querés con vos para siempre jamás o no lo querés, lo demás es verso de mina de mierda, con el perdón, no es mi intención ser discriminador o misógino, diría lo mismo si fuera hombre, o no binario. Por eso es que me olvido de su argumento y si me apuran digo que no me la acuerdo mucho.

Gustavo Monteros

miércoles, 5 de agosto de 2015

Elena Roger cantará KURT WEILL



Se develó el misterio. Hoy se supo qué musical interpretará el próximo año Elena Roger: LoveMusik, con libro de Alfred Uhry  (basado en las cartas de Kurt Weill y Lotte Lenya) y obviamente con canciones compuestas por ¡Kurt Weill! La historia explora la relación amorosa que establecieron Weill y Lenya. No se sabe quién acompañará a Roger como coprotagonista, aunque sí que el talentoso Gerardo Gardelín se ocupará de los arreglos musicales. Soy un hombre feliz (y bueno, uno busca la felicidad donde puede) porque como me dijo una vez un amigo, yo soy un Kurt Weillidiano de la primera hora. Para ir despuntando el vicio de saborear a Kurt Weill, me armo un mini festival con siete de sus canciones en interpretaciones inolvidables.
1 - Sting canta Moritat
2 - Ava canta Speak low
3 - The doors canta Alabama song
4 - Dawn Upshaw canta My ship
5 - Ute Lemper canta I'm a stranger here
6 - Teresa Stratas canta Youkali
7 - Julie Andrews canta Saga of Jenny

Kurt Weill 1

Kurt Weill 2

Kurt Weill 3

Kurt Weill 4

Kurt Weill 5

Kurt Weill 6

Kurt Weill 7