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lunes, 7 de noviembre de 2011
El fantasma y la Sra. Muir
Como me había portado bien, decidí hacerme un regalo. Bah, si me hubiera portado mal, también me la hubiera regalado. Siempre hay que premiarse. El fantasma y la Sra. Muir es una de las más hermosas y románticas historias de amor. Lo gracioso es que la historia pelada (a principios del siglo XX, una vuidita huye de una suegra y cuñada espantosas y se va con su hija y una criada a vivir en una casa junto al mar, habitada por el fantasma de un marino cascarrabias del que se enamora y es correspondida) puede parecer una pelotudez, pero no lo es. Más bien todo lo contrario. Pertenece a una época en la que Hollywood se enorgullecía de ganar dinero contando una historia lo mejor posible; no como ahora que sólo pretende hacer plata con un "producto" que con piedad podríamos denominar "entretenimiento" y que no es sino el acompañamiento para deglutir pochoclos. Que esta historia sea inolvidable se debe a la magnífica orquestación que hizo su director, Joseph L. Mankiewicz, de todos los elementos técnicos y humanos. El guión de Philip Dunne está lleno de detalles y observaciones certeras. Los actores celebran su oficio con talento y afecto, y el resultado final es una fiesta para el ojo y el espíritu. Por suerte y porque la magia no se agota, sigue tan joven como el primer día. Gene Tierney, Rex Harrison, George Sanders y los demás siguen convenciéndonos de que el amor surge hasta en los ambientes y personas menos esperados. Ah, la música de Bernard Hermann acaricia los oídos, y la nena de la historia es una jovencísima Natalie Wood a quien ya se le nota que sería muy hermosa.
domingo, 9 de octubre de 2011
Primera sábado
Sábado. Fin de semana largo. Llueve. Algún que otro trabajo pendiente. Insoportables, todos. Nada que no pueda esperar. Siesta o cine. Cine. Me hago un programa doble de súper acción para recordar matinées del viejo Teleonce o de los cines Select, Mayo, Máster, Belgrano o Cervantes. Elijo bien. De casualidad o por necesidad. Arranco con Night train to Munich, un film de 1940 de Carol Reed. Una delicia. De aventuras con oportunos y bienvenidos toques de humor. Cuando los nazis invaden Checoslovaquia, Axel Bomash, un científico y su hija Anna (Margaret Lockwood) deben huir a Inglaterra. Él alcanza el avión, pero la hija es detenida y enviada a un campo de concentración donde, huelga decirlo, la pasa más que mal. Conoce a un prisionero, Karl Mansen (Paul Henried) con quien escapa y llega a Londres. Pero hete aquí que Karl es de la Gestapo y ayudó a escapar a Anna para saber dónde está su padre, secuestrarlos a ambos y llevarlos a Alemania. Cosa que ocurre a pesar de la vigilancia de Gus Bennett (Rex Harrison), quien queda con la sangre en el ojo y decide traerlos de vuelta a como dé lugar. Se hará pasar por un mayor nazi y… En un momento clave de la trama requerirán la ayuda de un par de turistas ingleses, Chartres (Basil Radford) y Caldinott (Nauton Wayne) que dan un respiro cómico inolvidable. El final es de un gran suspenso, muy pero muy bien manejado. Casualmente o no tanto, habrá ecos de este final en una de mis películas favoritas: Donde las águilas se atreven. Paul Henried antes de su desembarco en Hollywood está bárbaro, pero el show lo da Rex Harrison, lo que hace con la voz es ma-ra-vi-llo-so.
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