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lunes, 16 de julio de 2012

What a cast!

¡Pavada de elenco! Yves Montand, Ingrid Bergman y Anthony Perkins filmaron Goodbye again (No me digas adiós) en 1961. Dirigió Anatole Litvak y se basó en una novela de Françoise Sagan, Aimez-vous Brahms? Oui, je l'aime aussi.

martes, 5 de junio de 2012

Persona



Mañana de martes. El reloj marca que son sólo las nueve. Me falta todavía media hora para que el timbre me libere de esta clase. Intento terminar con la descripción de una casa bote, es la introducción para que los alumnos escriban una descripción de sus propios cuartos usando there is/ there are (hay) y I have (tengo) más algunas preposiciones de lugar. Llevamos una hora y media de clase ininterrumpida y cunde la dispersión. Cosa rara, los chicos están atentos, pero en la hilera de bancos que están contra las ventanas, en los dos primeros, cuatro chicas se entretienen y se ponen a conversar animadamente. Les llamo la atención con un afectuoso “Chicas, por favor”, después de todo no tienen la culpa de que años atrás, a un genio, al que habría que juzgar por atentar contra la salud pública, se le ocurrió que tenemos que tener clases de dos horas reloj sin interrupción. Las chicas se callan un segundo y después siguen como si nada. M. T., que es un seductor nato, intentando hacerse notar por estas cuatro chicas que no se rinden del todo a sus encantos, pone su mejor sonrisa, las mira y dice: “No le llevan el apunte, porque usted les dice chicas pero en realidad son chicos”. Sé que tengo que decir algo de impecable corrección política, pero estoy cansado, mal dormido, no se me ocurre nada y me sale un sintético y ambiguo: “Bueno eso por suerte hoy ya no importa”. “Claro”, dice M.T., “son personas”. Por deformación cinematográfica, su respuesta me suena a Ingmar Bergman y pregunto “¿Cómo?”. M.T., con convicción y naturalidad me desburra: “No importa el sexo, la elección o la identificación sexual o qué familia conformen, el concepto persona está por sobre todo”. Me muero de ganas de preguntarle quién lo educa así, elijo que no y para no desnudar la emoción, sonrío, asiento y sigo con la casa bote.

M. T. tiene quince o dieciséis años, cuando yo tenía tiene quince o dieciséis años, había dinosaurios antediluvianos que sostenían, como en la Edad Media, que el único modelo de vida y de familia posible era el dictado por la Iglesia Católica. Me conformo pensando que si él puede pensar así hoy, nosotros, los del medio, algo bueno debemos haber hecho.

Conclusión: Nunca pierdas la fe en la humanidad por más desesperado que estés. Siempre hay un inesperado M.T. que te salva el día.

Fue otro capítulo de Zen al paso.

jueves, 8 de marzo de 2012

7 mujeres al azar (6)


A Ingrid Bergman no le quedó cuerda dramática o cómica sin tocar. En drama lo hizo todo. Todo. Y después de años y años de hacer comedia de texto, ya grandecita, se le animó a la comedia física en Flor de cactus. Su escena del baile hizo historia, es desternillante. Y era un peligro para las actrices en su propio terreno. Se quedó con Sonata de otoño, la única película que filmó con su tocayo, Ingmar Bergman, aunque su coprotagonista fuera la mismísima Liv Ullman, musa bergmaniana por excelencia, y con Nina, el vehículo de lucimiento que Vincente Minnelli pergeñó para lucimiento de su hija, Liza.

domingo, 5 de febrero de 2012

¿Qué fue de tu vida?


Hollywood es cruel con las actrices. Bah, con todo el mundo, pero creo que con las actrices se esmera un poco más. Por imposición o necesidad del mercado, comienzan muy jóvenes, pero tienen pocos años para hacer pie, asomar la cabeza y posicionarse en terreno firme.

Todas le rezan a su santo o deidad elegida para ganarse un papel consagratorio en una película de éxito que perdure en el inconsciente colectivo. Una Rose DeWitt Bukater en algún otro Titanic, por ejemplo. Si en Casablanca, Ingrid y Humphrey siempre tendrán París; Kate Winslet siempre tendrá el Titanic. Y si no es un barco inhundible porque eso es cosa de una vez en la vida, las actrices jóvenes sueñan al menos con un catamarán que las deje en la otra orilla.

Si a los treintaypico no se aferraron ni a un salvavidas, nadie las salva del naufragio del olvido y las puertas que se cierran. Parafraseando la cumbia: la cosecha de actrices jóvenes nunca se acaba.

Las ex promesas doradas no pueden acceder a los secundarios, son demasiado atractivas, podrían hacer sombra a la estrella, de allí que los papeles secundarios caigan siempre en manos de chicas no tan atractivas pero muy talentosas. La ley de la supervivencia que le dicen: si cuando salís a la calle no parás el tráfico, sé al menos graciosa, brillante o de lagrimales inagotables.

A las ex promesas doradas les queda esperar 20 años para reaparecer como las madres o abuelas de las protagonistas. Siempre que Meryl, Jessica Lange, Sally Field, Diane Keaton, Susan Sarandon, Bette Midler o Glenn Close estén de vacaciones o en otro proyecto. Pero a no desesperar, aunque son las menos, algunas de las grandes se jubilan, como Goldie Hawn, por ejemplo.

No voy a apabullar aquí con nombres que pocos recuerdan, pero si se enganchan en el cable con una película añeja de Tom Cruise, Mel Gibson, Bruce Willis, Brad Pitt o Richard Gere, y si la chica que los acompaña no es Julia Roberts sino otra, puede que se pregunten qué fue de la vida de esa criatura. Nada, llegaron a los treinta y no lo lograron.

Las revistas frívolas en algún momento del año preparan una nota con las nuevas promesas, hay siempre unas 10 o 15, con suerte una o dos lo logran.

Ojo, tampoco hacerse de un botecito es garantía de nada. Un par de malas elecciones, o sea rotundos fracasos, las deja fuera de juego. ¿Se acuerdan de Ashley Judd? Parecía haber ascendido al status de una Julita Roberts, de una Sandrita Bullock, sin embargo no la pegó dos o tres veces y se quedó afuera. Hoy sólo aparece en películas B con algún astro de la televisión o en películas A de elencos multiestelares que requieren figuras hasta para los roles menores, ahí sí su nombre suma. La trampa está en que como son roles insignificantes es imposible reverdecer algún laurel de la amarillenta corona.


Dedicado a Madeleine Stowe, Mary Elizabeth Mastrantonio, Penelope Ann Miller (resucitada ahora en El artista), Nancy Allen, Nancy Travis, Jeanne Tripplehorn, Elizabeth Shue, Kelly McGillis, Gina Gershon, Catherine McCormack, Patricia Arquette, Kelly Preston, Rachel Ward, Annabella Sciorra, entre muchas otras, que en algún momento de sus carreras parecían que llegarían a ser una Angelina Jolie, pero no. La mayoría la pelea en la tele. A no desalentarse, amigas, que Ellen Burstyn llegó a estrella de grandecita.

sábado, 14 de enero de 2012

En cine cine


Sonríen porque se acaban de enterar que una distribuidora argentina está en tratativas para obtener los derechos de Casablanca y volver a exhibirla en los cines. Ojalá lo logren. De ser así, se daría en julio. El año pasado a la misma compañía le fue muy bien con el reestreno de El padrino. Casablanca es un deleite en cualquier formato, pero en un cine se paladea muchísimo mejor