sábado, 22 de marzo de 2014

Efemérides propias


 

Por una broma tonta con mi hermano, me entero de que en un día como hoy, 22 de marzo, nacieron dos de los hombres que más quiero y admiro: Nino Manfredi y Stephen Sondheim. Nino ya no está con nosotros aunque vive en el recuerdo imperecedero de todos los que nos emocionamos y reímos con él, actor de raza y con mil caras, que en algún momento decidió dirigir y nos legó un par de maravillas: Por gracia recibida (1971) y Desnudo de mujer (1981). En la foto se lo ve en una de sus actuaciones más recordadas, la de Feos, sucios y malos (Ettore Scola, 1976). En el video se lo oye cantar y tal como dice la canción “puede que la voz no sea mucha pero es entonada”, no obstante canta como los actores “quizá no a plena voz pero con el alma en paz”. Cuando en los años mozos estudiaba teatro, mis compañeros querían ser James Dean o Marlon Brando, yo no, Dios me perdone el atrevimiento, yo quería ser Nino Manfredi, Marcello Mastroianni o Fernando Fernán Gómez. 

Stephen Sondheim comenzó como letrista de musicales (West Side Story, música de Leonard Bernstein, Gypsy, música de Jule Styne, Do I hear a waltz? música de Richard Rodgers) después aparte de la letra compuso la música. Su primera incursión fue una auténtica comedia musical, gozosa como pocas: Algo gracioso sucedió camino del foro, pero revolucionaría el género con dramas y comedias más amargas: Follies, Company, A little night music, Merrily we roll along, Sweeney Todd, Sunday in the park with George, Passion. En el video se ve la versión de la canción final de Sunday in the park with George en la celebración de su cumpleaños número 80, todos los actores cantantes de las producciones de Broadway que estaban en cartel en ese momento se unen para esta interpretación, sentado en la platea Stephen lucha por manejar la emoción. En la obra original, todos los integrantes del cuadro “Un dimanche après-midi à l'Île de la Grande Jatte” de Georges Seurat celebran la pintura a la que pertenecen y afirman que una obra de arte es para siempre. ¡Felices rejóvenes 84, Stephen!

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