lunes, 31 de octubre de 2011

Fucking Halloween



Halloween o Noche de Brujas es una fiesta que se celebra principalmente en Estados Unidos, norte de México, y algunas provincias de Canadá en la noche del 31 de octubre. Tiene origen en la festividad celta del Samhain y la festividad cristiana del Día de todos los santos. En gran parte, es una celebración secular aunque algunos consideran que posee un trasfondo religioso. 


El día se asocia a menudo con los colores naranja y negro y está fuertemente ligado a símbolos como la Jack-o'-lantern. Las actividades típicas de Halloween son el famoso truco o trato y las fiestas de disfraces, además de las hogueras, la visita de casas encantadas, las bromas, la lectura historias de miedo y el visionado películas de terror.


Halloween tiene su origen en una festividad céltica conocida como Samhain, que deriva de irlandés antiguo y significa fin del verano. Los antiguos britanos tenían una festividad similar conocida como Calan Gaeaf. En el Samhain se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año nuevo celta», que comenzaba con la estación oscura.

Los antiguos celtas creían que la línea que une a este mundo con el Otro Mundo se estrechaba con la llegada del Samhain, permitiendo a los espíritus (tanto benévolos como malévolos) pasar a través. Los ancestros familiares eran invitados y homenajeados mientras que los espíritus dañinos eran alejados. Se cree que el uso de trajes y máscaras se debe a la necesidad de ahuyentar a los espíritus malignos. Su propósito era adoptar la apariencia de un espíritu maligno para evitar ser dañado. 


En 1840 esta festividad llega a Estados Unidos, donde queda fuertemente arraigada. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición durante la Gran hambruna irlandesa. Fueron ellos quienes difundieron la costumbre de tallar los «Jack-o'-lantern» (calabaza gigante hueca con una vela dentro), inspirada en la leyenda de «Jack el Tacaño».

Sin embargo, la fiesta no comenzó a celebrarse11 masivamente hasta 1921. Ese año se celebró el primer desfile de Halloween en Minnesota y luego le siguieron otros estados. La fiesta adquirió una progresiva popularidad en las siguientes décadas.

La internacionalización del Halloween se produjo a finales de los años 70 y principios de los 80 gracias al cine y a las series de televisión. En 1978, se estrenaba en EEUU y en el mundo entero La Noche de Halloween, de John Carpenter; una película ambientada en la víspera de Todos los Santos que supuso una referencia para el cine de terror de serie B; con innumerables secuelas e imitaciones.


Hoy en día Halloween es una de las fechas más importantes del calendario festivo estadounidense y canadiense. Algunos países latinoamericanos, conociendo aún esta festividad, tienen sus propias tradiciones y celebraciones ese mismo día, aunque coinciden en cuanto a su significado: la unión o extrema cercanía del mundo de los vivos y el reino de los muertos. Otros países latinoamericanos, como la Argentina, entienden Halloween como una festividad característica del mundo anglosajón, y no dan ninguna importancia a la fecha.


Tomado de Wikipedia


Subrayo lo de: Otros países latinoamericanos, como la Argentina, entienden Halloween como una festividad característica del mundo anglosajón, y no dan ninguna importancia a la fecha.


Y agrego: POR FAVOR, SIGAMOS ASÍ. QUE EL SENTIDO COMÚN, LA SENSATEZ Y EL SENTIDO DE IDIOSINCRACIA NOS HAGAN VER QUE SOMOS LATINOS Y NADA TENEMOS QUE VER CON TRADICIONES ¡¡¡CELTAS!!! POR FAVOR


ilustración: Veronica Lake en Me casé con una bruja, 1946

sábado, 29 de octubre de 2011

Dolly 1



En el fondo, Hello, Dolly! (1969) fue un error en las carreras de Barbra Streisand y Gene Kelly. No uno del que tuvieran que arrepentirse, pero sí uno sobre el que tuvieran que decir: Hice lo mejor que pude según las circunstancias. La Streisand, de 27 años por entonces, tenía más ganas de exhibir su sensualidad que de interpretar a una matrona cincuentona. Motivo por el que le surgieron inseguridades y ansiedades varias. Más de una vez despertó a Gene Kelly en medio de la noche para que le disipara dudas y le fortaleciera la menguante autoestima. Como toda estrella insegura se refugió en divismos que, entre otras cosas, le granjearon le enemistad de Walter Matthau, que le prodigó una invencible antipatía durante todo el rodaje. Se negó a besarla en la escena final. El beso que se ve es un truco de perspectiva, están en realidad a más de un metro de distancia. Mucho se habló de los desplantes de la Streisand, algunos alcanzaron proporciones míticas, pero el único certificado lo contó Fritz Feld, que en el film interpreta al asistente del maître. Un día mientras se dirigía al plató, vestido para la escena, se paró delante de un espejo que estaba junto al camarín de la Streisand, que, como correspondía a una estrella, era el más cercano al set. Salió la mucama de la Streisand que a grito pelado le dijo: Apártese inmediatamente, en este espejo sólo se puede mirar la Srta. Streisand. Se oyó desde dentro la voz de Barbra que preguntó: ¿Quién es el atrevido, Doris? El Sr. Fritz, contestó la aludida. Por supuesto que Fritz, concedió la Streisand, puede mirarse en nuestro espejo, lo queremos. No hablaba en tercera persona como Maradona, sino que, como los reyes, usaba el plural de modestia. Streisand no está mal como Dolly, pero tampoco particularmente bien. No le saca todo el jugo posible al rol, que es un auténtico vehículo de lucimiento para damas de la escena un poco mayorcitas.

Gene Kelly era a priori el indicado para dirigir este material, pero la 20th Century Fox, desesperada por salir de los aprietos económicos en que estaba hundida procurando repetir el éxito descomunal de La novicia rebelde, sobredimensionó tanto la producción que lo que debió ser una gacela en la sabana, fue un elefante en un desfile. Kelly no pudo darle ni el trote cansado de un jamelgo viejo a una película que a cada segundo debía mostrar sus magnificencias. De todos modos, si bien no pudo huir de la teatralidad flagrante, el resultado es agradable. El guión tiene buenos diálogos, el enredo es atractivo, las coreografías abusan de las acrobacias aunque exudan creatividad, y las canciones son alegres y pegadizas. Se tiende a desvalorar a Jerry Herrman, el compositor. Sin embargo, como dijo un músico talentoso, todo un maestro, él: Es más difícil redondear una melodía verificable que ponerse a jugar con armonías.

No fue un gran éxito, pero tampoco un fracaso. Salió quinta en la lista de las películas que más recaudaron ese año. No le alcanzó a la Fox para salir de problemas. Cuatro años más tarde, los rescataría de la bancarrota la reposición de La novicia rebelde, que demostraba ser un caballo de batalla, fiel, seguro e infatigable.

Dolly 2


Para Walter Matthau Hello, Dolly! no fue un error, fue todo un triunfo. Está perfecto como el eterno malhumorado y fácilmente irascible Horace Vandergelder, y, por extraño que parezca, su nula capacidad para el baile le da a sus coreografías el encanto imperecedero que sólo logran los eximios bailarines en la plenitud, por el más sencillo de los motivos: lo que hace es único e irrepetible. Ya comentamos que no podía ver a la Streisand ni en fotos. Un día, harto de repetir una escena por las inseguridades de ella, dijo: Esta mujer tiene menos talento que el pedo de una mariposa. Es obvio que la Streisand se sentía avasallada por la contundencia de su coestrella, por eso declararía años más tarde: Matthau estaba convencido de que la película no se llamaba, Hello, Dolly!, sino Hello, Walter! Aunque Matthau podía ser antipático y comportarse como un cabrón, no era rencoroso. En 1985, cuando Barbra Streisand inició la fundación que lleva su nombre dando un recital en los jardines de su mansión a 10.000 dólares la entrada, Matthau la pagó con gusto y se lo ve escucharla embelesado. No se sabe si esa noche se hablaron y se reconciliaron, pero es evidente que firmaron las paces. Desde ese momento, en los reportajes que se sucedieron, los recuerdos de Hello, Dolly! adquirieron una serenidad que antes no tenían.

viernes, 28 de octubre de 2011

Bobby


Los retratos fotográficos, como antes los ejecutados por los pintores, son una impostura. Del daguerrotipo a la foto digital, con las "mejoras" que fueron del retocado, el coloreado, pasando por el juego de luz y sombra hasta el photoshop, nunca se trató de salir parecido a como se es, sino de salir lo mejor que se pueda, lo más halagüeñamente posible. Robert De Niro es uno de los pocos que todavía prefiere ser "natural". Este retrato suyo me gusta por las tres cejas despeinadas y rebeldes que se niegan a ser "masificadas". 

jueves, 27 de octubre de 2011

De señoras, lavandas y violinistas



A las inescrutables decisiones de los productores, sumo ahora las de los distribuidores, que con piedad sólo pueden calificarse de inexplicables. Que una película tan buena y tan explotable comercialmente como Ladies in lavender (2004) (Las señoras de lavanda, en el original, El violinista que llegó del mar, en el título con que la rebautizaron) no se haya estrenado en cine ni tenido un lanzamiento decente en DVD y que haya pasado directamente al casi anonimato del cable se suma a los misterios irresolutos del universo.

Pertenecería al género conocido como “de mujeres”, designación no muy certera, la experiencia me enseñó al tratar con alumnos adultos sus películas favoritas que hombres de voz estentórea y de pelo en pecho suspiran por la trilogía Meg Ryan (Cuando Sally conoció a Sally, Sintonía de amor y Tienes un e-mail) y que señoras remilgadas y correctas prefieren ante todo las patadas, acrobacias y piruetas de Jackie Chan, la dureza del Harry de Clint Eastwood y el heroísmo sucio y sangrante de los Duros de matar de Bruce Willis. Como sea, se supone que son las mujeres las primeras destinatarias de las películas “de mujeres”, ésas con romances, entendimientos o no entre madres e hijas, o de dramones familiares que culminan a violinazo limpio. Ésta tiene amores inesperados, violines protagónicos y hermanas que se entienden.

Estamos a fines de los años treinta y ya se percibe la agitación que estallará en guerra, la célebre Segunda Mundial. Janet (Maggie Smith) y Ursula (Judi Dench) viven en una hermosa casa junto al mar en Cornwall, Inglaterra. Una mañana, después de una noche de furiosa tormenta, llega a la playa de las hermanas un naufrago, Andrea (Daniel Brühl, el chico de Good bye, Lenin!) El médico del pueblo (David Warner) dirá que el chico no tiene nada que unos días de descanso no puedan curar. La irrupción del extraño desbaratará la apacible y metódica vida de las hermanas. Andrea es polaco y no habla inglés. Y por raro que parezca, las dificultades en comunicarse los acercará más que si hablaran el mismo idioma. Tanto que Ursula que lleva años vistiendo santos, perderá el control y le dará rienda al amor que se le despertó por el chico. Andrea, como denuncia el título que le pusieron en español, es un violinista nato.

Maggie Smith y Judi Dench son grandes amigas en la vida real, compartieron filmaciones y hasta largas temporadas teatrales, lo cual es bueno porque es bueno que la gente se quiera, pero aunque se odiaran, no nos importaría ya que en escena, se entienden, se respetan y se complementan de una manera única. Verlas juntas es una fiesta de emociones. Completan este elenco soñado, la gran Miriam Margolyes, grande de tamaño y de talento, como la cocinera. (Miriam es la matrona que dirige la batuta de la alta sociedad en La edad de la inocencia de Scorsese). La deslumbrante Natascha McElhone es una pintora veraneante que oficiará de agente del destino del chico. Y está también en un rol chiquito, el pequeño gran Toby Jones, que fuera el otro Capote, el de Infame.


Dirigió con seguridad y elocuencia Charles Dance, que es asimismo un gran actor y se nota. Los actores que dirigen suelen hablar mejor con sus pares y lograr como en este caso que hasta el último extra dé una actuación notable. Un film inolvidable que merece ser descubierto y venerado. Ah, y la banda sonora, Paganini incluido, no es un placer menor. 

miércoles, 26 de octubre de 2011

Marcello



¿Dije ya que mi segundo nombre es Marcelo gracias a Marcello? (Mi madre y mis tías morían de amor por Mastroianni)

lunes, 24 de octubre de 2011

Por fin

¡Por fin pude ver El fin de Sheila (The last of Sheila, 1973)! ¿Por qué me desesperaba verla? Por una sencilla razón. Soy un devoto, por no decir fanático, admirador de Stephen Sondheim, el genial letrista y compositor de Algo gracioso sucedió camino del foro, A little night music, Follies, Company, Pacific overtures, Sweeney Todd, Into the woods, etc. (me encanta este etcétera porque involucra obras que amo tanto como las que consigno, pero que no incluyo para no apabullar, no por mi sapiencia que es nula sino por la munificencia de su obra). Confesión apasionada: de Gershwin, Weill y Sondheim no hay cosa que no me guste). Bueno, la cuestión es que Sondheim, junto con Anthony Perkins, escribió el guión de The last of Sheila, el único para cine hasta la fecha. ¡Y yo no había visto el film! Cuando se estrenó, yo era un pibe, sí alguna vez lo fui, y no tenía idea por entonces de quién corno era Sondheim, de modo que pasó de largo sin que me preocupara verlo. En aquel momento estaba ocupado descubriendo las maravillas que Bergman, Fellini, Buñuel, Ferreri, De Sica, etc. (amo también este etcétera) tenían para darnos. No recuerdo si la dieron por tele, pero no alcancé a verla en el cable. Anduvo un tiempo por Space, pero siempre llegaba tarde. Cuando empezó el downloading de internet, la busqué y la busqué sin resultados positivos. Hasta ahora. Espere con impaciencia a que bajara, la abrí, vi que estaba entera y decidí verla sin interrupciones. Para eso debía esperar a la mañana del sábado, que por algún error del cosmos suelen ser tranquilas. A Sondheim le encantan los juegos de ingenio. Durante años armó acertijos, palabras cruzadas y esas cosas para el New York Times de los domingos. The last of Sheila se basa en juegos que se entrelazan continuamente. Sheila, la esposa de un sádico productor cinematográfico, Clinton Greene (James Coburn) muere atropellada por un conductor que se da a la fuga. Unos años después, Clinton reúne en un crucero por el sur de Francia a un grupo de amigos, entre los que espera desenmascarar al asesino de Sheila. Adicto a los juegos, como Sondheim y Perkins, organizó un acertijo para cada velada. Y como es de esperarse, habrá más de una sorpresa. El elenco es una selección de nombres muy populares o familiares en las películas de los setenta: Dyan Cannon es una agente feroz, James Mason es un ex importante director de cine, Richard Benjamin es un guionista sin ideas, Joan Hackett es su esposa rica de pasado sombrío, Ian McShane es el marido arribista que procura explotar la fama de Alice, Rachel Welch, que interpreta lo que era en ese tiempo, una actriz conocida hasta en los Polos. Básicamente el film es un whodunit (¿quién lo hizo?, ¿quién es el asesino?) Por supuesto tiene algo de Agatha Christie, la reina del whodunit, sobre todo en las revelaciones à huis clos (a puerta cerrada), con los sospechosos encerrados en un ámbito del que no pueden huir. Leo en la página de donde la bajé que The last of Sheila se está redescubriendo y transformando en una película de culto. Se lo merece, es tan artificiosa como inteligente, ingeniosa y mordaz. Ah, la dirigió Herbert Ross.