viernes, 15 de julio de 2022

Que nunca te falte un Sondheim

 Como lo especifica el realizador de esta breve no-ficción, la idea es mostrar a músicos que integran distintas orquestas sinfónicas de Gran Bretaña en una relación directa con el público, sin estar arrinconados en el foso o en el foro y sin el escudo de su instrumento de base. Para este ejercicio de actuación a través del canto eligieron una canción de Stephen Sondheim (Take me to the world) que pertenece al mediometraje musical para televisión, protagonizado por Anthony Perkins, Evening Primrose. Conmueve el amor al oficio y el amor a la canción. La versión final dista de ser perfecta, pero es precisamente más entrañable por no serlo. 

Gustavo Monteros

Let me see the world with clouds 
Take me to the world 
Out where I can push through crowds 
Take me to the world 
A world that smiles 
With streets instead of aisles 
Where I can walk for miles with you 
Take me to the world that's real 
Show me how it's done 
Teach me how to laugh, to feel 
Move me to the sun 
Just hold my hand whenever we arrive 
Take me to a world where I can be alive 

Let me see the world that smiles 
Take me to the world 
Somewhere I can walk for miles 
Take me to the world 
With all around 
Things growing in the ground 
Where birds that make a sound are birds 
We shall see the world come true 
We shall have the world 
I won't be afraid with you 
We shall have the world 
I'll hold your hand and know I'm not alone 
You shall have the world to keep 
Such a lovely world we'll weep 
We shall have the world forever for our own 
 (Repite da capo) 

Stephen Sondheim

viernes, 8 de julio de 2022

Comedy tonight


 

Los caminos que toman algunas creaciones, especialmente las teatrales, para alcanzar su eficacia o redondear su culminación son tan inescrutables como los designios divinos.

 

En los papeles A Funny Thing Happened on the Way to the Forum no podía ser más auspiciosa. Un libreto lleno de enredos, con personajes atractivos, escenas muy cómicas y con réplicas brillantes de Burt Shevelove y Larry Gelbart, basado en las comedias de Plauto, canciones con letra y música de Stephen Sondheim, la dirección del legendario George Abbott, la producción general del ascendente Harold Prince, más un elenco con las brillanteces de Zero Mostel, Jack Gilford, David Burns, John Carradine, Ruth Kobart y Raymond Walburn.

 

Sin embargo, en las funciones de prueba en Chicago y otras ciudades aledañas antes del gran estreno en Broadway, la obra no terminaba de despegar y hasta las boleterías languidecían.

 

Llamaron entonces a uno de los “doctores” teatrales, al impar Jereme Robbins, que aparte de ser un coreógrafo de excepción, se había formado como actor y director teatral y había desarrollado un infalible ojo clínico.

 

Sugirió hacer un cambio importante, sacar la canción de apertura (Love is in the air). Entonces le pidió a Sondheim que escribiera una canción elegantemente marcial.

 

Sonheim fue y escribió Comedy tonight y Robbins pergeñó un número cómicamente salvaje, con toques de procacidad y obscenidad. Santo remedio. La obra, como por arte de magia, se convirtió en un gran éxito. Y el 8 de mayo de 1962 estrenaron en Broadway donde hicieron ¡964 funciones!

 

En 1989 en Jerome Robbins’ Broadway recrearon las coreografías más icónicas de Robbins y por supuesto el show se abría con Jason Alexander reprisando Comedy tonight. Hoy A Funny Thing Happened on the Way to the Forum es uno de los clásicos más hilarantes de la auténtica “comedia” musical.

Gustavo Monteros


viernes, 1 de julio de 2022

Kiss me, Kate - Bésame, Catalina




 

Continúo con mi repaso de las películas que Bob Fosse hizo como actor. Hoy me toca: Kiss me, Kate (retitulada Bésame, Catalina por estos pagos)

 

El 30 de diciembre de 1948 se estrenó en el New Century Theatre de Broadway, Kiss me, Kate con libro de Bella y Samuel Spewack y canciones de Cole Porter, basada en La fierecilla domada de William Shakespeare, con Alfred Drake y Patricia Morrison en los protagónicos.

 

Y la historia de la comedia musical sumó otro hito insoslayable. (En su primera temporada hizo ¡1077 funciones!)

 

En 1953 se estrenó la versión cinematográfica con dirección de George Sidney con Kathryn Grayson y Howard Keel al frente del elenco.

 

El viejo Hollywood era todavía literalmente una fábrica de sueños y se trabajaba de lunes a viernes de 8 de la mañana a 6 de la tarde. Y como el bailarín y coreógrafo Bob Fosse estaba en la nómina de la MGM fue la tercera película en la que participó en ese año del Señor, 1953 (las otras dos son las que ya revisamos, The Affairs of Dobie Gills (Don Weiss) y Give a girl a break (Stanley Donen)).

 

(Shirley MacLaine en uno de sus tantos libros de memorias cuenta que Fosse dirigió su primera película Sweet Charity (1969) todavía bajo el esquema horario de lunes a viernes, de mañana a tarde, en los estertores del sistema de estudios. Recientemente Julie Andrews recordó que hizo dos de sus películas de gran presupuesto, Thoroughly Modern Millie (George Roy Hill, 1967) y Star! (Robert Wise, 1968) con ese schedule)

 

Kiss me, Kate era la apuesta musical fuerte de la MGM de ese año. Gran producción, en colores, en ¡3D!, con preestrenos en Roadshows (cines grandes, caros y elegantes que solo daban películas espectaculares y largas que incluían un  intervalo).

 

Kiss me, Kate en su versión teatral original es un milagro, un artefacto perfecto de brillantez musical y comicidad infalible. Se nutre desde su origen en juegos de teatro dentro del teatro (lo que más tarde se conoció como metateatralidad).

 

Digo desde su origen porque se dice que se basó en las disputas, en escena y bambalinas, que la pareja en la vida real de Lynn Fontanne y Alfred Lunt desplegaron durante la temporada de 1935 cuando hicieron en Broadway un montaje de La fierecilla domada.

 

Kiss me, Kate se abre cuando se inician los ensayos de una versión de esta obra de Shakespeare, que será encabezada por los divos Fred Graham (Howard Keel) y Lilli Vanessi (Kathryn Grayson), que años atrás fueron pareja y por más que ella vaya a casarse con el millonario tejano Tex Callaway (Willard Parker), ya se sabe que donde hubo fuego…

 

A este triángulo, hay que sumar el dúo de Lois Lane (Ann Miller), corista harta de serlo y con ambiciones de ascender con el secundario que le dieron en esta producción y Bill Calhoun (Tommy Rall), novio, o algo así, de Lois, jugador empedernido que ha perdido un par de miles de dólares por los cuales ha firmado un pagaré con el nombre de Fred Graham, lo que ocasionará la presencia de dos gánsteres, tan amenazadores como cómicos, Lippy (Keenan Wynn) y Slug (James Whitmore), empeñados en cobrar lo adeudado.

 

De allí que los conflictos de la obra se vean espejados en los problemas de los actores que los encarnan. La película se empeña en derribar el andamiaje irresistible de la obra, pero no lo logra, sobre todo porque la partitura de Cole Porter que cohesiona los enredos es una de sus mejores y no se puede opacar, por más que se intente, la genialidad de un genio.

 

La película en sus escenas iniciales busca esquivar por un rato la teatralidad del asunto, para caer luego de cabeza en la misma. Se elimina el inolvidable opus inicial (Another Op’nin’ Another Show) para ubicar la apertura del Segundo Acto, la híper deliciosa Too Darn Hot, que de otro modo no hubiera tenido cabida según como se organizó el guión.

 

Y cerca del final para redondear el destino de los personajes secundarios, se agregó From this moment on, que no estaba en la pieza original.

 

El cast es problemático, pero no había otro camino que usar a las estrellas del estudio. Keel y Grayson cantan como los dioses y le hacen justicia a la musicalidad exquisita de las canciones, pero no dan nunca la fluidez del juego de comedia planteado. Ann Miller es sexy, pero carece de la duplicidad que su personaje exige. Tommy Rall baila hasta dejar al público sin aliento, pero le falta el cinismo desenfadado y seductor que su jugador requiere.

 

Lo mejor viene por el lado de los gánsteres que Whitmore y Wynn vuelven irresistibles. Y por los números de baile, claro. Si Bob Fosse tenía mucha cámara en Give a girl a brek y Bobby Van era el protagonista de The Affairs of Dobie Gills, aquí son confinados al reparto, en esta ocasión se promovía sus figuras ubicándolos al lado de las grandes estrellas del estudio.

 

La coreografía de todo el film se supone pertenece al mítico Hermes Pan, colaborador habitual de Fred Astaire, pero es indiscutible por las marcas de fábrica que denota, que la parte que hace Fosse en From this moment on ha sido coreografiada por él.

 

En este número que adjunto Ann Miller baila con Tommy Rall, Bobby Van con Jeanne Coyne y Bob Fosse con Carol Haney.


Pongo ahora solo la parte de Fosse y Hanney para destacar el truco de la vuelta en el aire sin un plano inclinado para darse impulso que hace Fosse (¡otra que Jackie Chan!) y los gestos coreográficos pequeños, múltiples y sincopados que conformarán el “estilo Fosse” y que ya se evidencian aquí. (Como puede verse, el diseño escenográfico está influenciado por las obras metafísicas del pintor surrealista, Giorgio de Chirico) Por último agrego la canción de Wynn y Whitmore, Brush up your Shakespeare. Se dice que el impecable juego cómico surgió, porque en vez de ensayar se pusieron a jugar a las cartas y a beber, dado que la canción les parecía “silly” (tonta). El director George Sidney los felicitó al terminar el rodaje del número porque creyó que la coreografía desmañada era a propósito y que habían logrado “traducir” inmejorablemente el diseño coreográfico planteado a sus atorrantes personajes. Corroboración irrefutable de que a veces menos es más. 
Gustavo Monteros

viernes, 24 de junio de 2022

The Affairs of Dobie Gillis - Ama, vive y aprende


 Continúo con el repaso de la carrera actoral de Bob Fosse.

 

Esta vez le toca el turno a la única película en la que participó rodada en blanco y negro: The Affairs of Dobie Gillis (Don Weiss, 1953). Se trata de otro vehículo de lucimiento para afianzar la carrera de Debbie Reynolds y promover el elenco juvenil en nómina de la Metro, en este caso Fosse, Van y Ruick. Es una deliciosa comedia estudiantil con guión de Max Shulman sobre sus populares relatos.

 

Dobie (Bobby Van) es un tarambana con suerte que se enamora de Pansy Hammer (Debbie Reynolds) con un gran entusiasmo por aprender, más impulsado por su padre (Hanley Stafford) que por voluntad propia. Dobie, en la entrevista inicial sobre qué materias le interesan, llama la atención de Charlie Trask (Bob Fosse), que de inmediato se convierte en su compinche. Lorna Ellinboe (Barbara Ruick) completa la cuarta pata de este cuadrado clásico de comedia ídem: la chica está enamorada de Dobie que solo tienes ojos para Pansy, a la vez que es pretendida con obstinación y perseverancia por Charlie.

 

Reynolds y Van están deliciosos como la pareja protagónica y Ruick y Fosse están solo eficientes en el juego de comedia, pero maravillosos en los números de baile (especialmente él, claro) y canto (especialmente ella).

 

Como puede verse en el clip que adjunto abajo, esta vez Fosse no tiene un número a solas con Reynolds, cuando está con ella, están los cuatro.

 

El personaje de Dobie Gillis tendría entre 1959 y 1963 una serie para televisión (The Many Loves of Dobie Gillis) interpretado por Dwayne Hickman, el equivalente al personaje de Bob Fosse lo hacía Bob Denver, que pasaría a la historia como el náufrago Gilligan de la famosísima La isla de ídem. En 1988 Dobie tendría un encore: Bring me the head of Dobie Gillis, protagonizado otra vez por Dwayne Hickman.

 

Vi The Affairs of Dobie Gillis / Ama, vive y aprende mientras a duras penas y con un esfuerzo digno de mejor causa, Monte Carlo (Thomas Bezucha, 2011) supuesta comedia con Selena Gomez.

 

La diferencia entre una y otra es abismal, sobre todo por el oficio de saber hacer comedia. Hasta que los grandes estudios se desmenuzaron y pasaron a ser lotes de producción televisiva, tenían aceitadísimas las herramientas de la comedia, sabían cómo plantear escenas, delinear personajes, y pergeñar diálogos y réplicas brillantes. Cada comedia era un tapiz urdido y bordado con un arte casi científico en su exactitud y precisión. Algo más que el viento se llevó.

Gustavo Monteros



viernes, 17 de junio de 2022

Give a girl a break - Tres chicas con suerte

Me pongo a repasar la carrera de actor y bailarín de Bob Fosse y arranco con Give a girl a break, película de Stanley Donen de 1953, que se inscribe en la tendencia de musicales que se centran en la producción, ensayos y estreno de un espectáculo teatral. O sea el musical “perezoso” por excelencia. No hay que concebir una historia jalonada de números musicales que se hilvanen a la trama y que surgan cuando las palabras ya no pueden expresar lo que se siente y haya que ponerse a cantar y bailar para abarcarlo.

 

Ya se sabe, el mundo del espectáculo en general y el del teatro en particular no son para cualquiera. El compositor Leo Belney (Kurt Kasznar), el director y coreógrafo Ted Sturgis (Gower Champion) y su asistente Bob Dowdy (Bob Fosse) se aprestan a dar los toques finales a un show que se traen entre manos, cuando la estrella del mismo, estresada y quisquillosa, los planta con un portazo definitivo sin posibilidades de enmienda. Entonces junto con el productor Felix Jordan (Larry Keating) en vez de sustituir a la estrella saliente con otra deciden Give a girl a break o sea darle a una chica (desconocida, claro) la oportunidad de triunfar. Habrá un creativo y seductor proceso de casting en el que veremos los capacidades de unas cuantas talentosas a la espera de que se les abra una puerta, aunque, al fin, quedarán solo tres posibles candidatas, Madedyn Corlane (Marge Champion), Joanna Moss (Helen Wood) y Suzy Doolittle (Debbie Reynolds). Ted querrá darle el papel a Madelyn, que supo ser su pareja años atrás, Leo optará por Joanna y Bob por Suzy. El problema es que al optar los tres por una candidata diferente, ponerse de acuerdo es imposible. Felix, el productor, harto de espera,  los obligará a recurrir al viejo y querido sorteo, entonces…

 

Esta película se concibió en realidad como vehículo de lucimiento de la pareja en la vida real de Marge y Gower Champion, dos bailarines excepcionales (Gower con el tiempo llegaría a ser uno de los más grandes directores de Broadway) y como afianzamiento de la carrera de la juvenil Debbie Reynolds que ya se había lucido en la histórica Singin’ in the rain (1952) codirigida por Gene Kelly y Stanley Donen que vuelve a dirigirla aquí.

 

Bob Fosse tiene números solo con Debbie y si bien Stanley Donen y Gower Champion figuran como los coreógrafos, se sabe que debido a una encomiable tenacidad y férrea insistencia, Bob Fosse logró que le dejaran coreografiar los números que lo tenían como bailarín. Son coreografías hermosas que no muestran todavía los rasgos distintivos del Fosse que conocemos y amamos.

 

Bob repitió hasta el hartazgo que no prosiguió con su carrera de bailarín cinematográfico porque era uno del montón. Mirá que hay que ser exigente para bailar así y calificarse del “montón”. Aunque, claro, solo sería entendible si al montón al que se refiere es el de Astaire, Kelly, Davis Jr., los Hermanos Nicholas, Ray Bolger, Cagney y unos pocos más.

Gustavo Monteros
 

viernes, 3 de junio de 2022

Nivenízate otra vez


 

Me cruzo en Facebook con una foto de David Niven, la replico y por hacerme el gracioso le agrego: Este fin de semana, Nivenízate otra vez. La idea, claro, es sugerir que vean un film con David.

 

Decido seguir mi propio consejo, repaso su filmografía en IMDB y opto por Before Winter Comes (Antes de que llegue el invierno en el original, rebautizada por estos lados como Quiero ser libre), película de J. Lee Thompson de 1968, porque, aunque no me acuerdo mucho de su argumento, recuerdo haberla visto y que en su momento me dejó un sabor agridulce, pero agradable al fin de cuentas.

 

El argumento transcurre en Austria, apenas terminada la Segunda Guerra, en un campo de refugiados desplazados que deben ser reubicados. Este campamento está a cargo de los ingleses y pegado al mismo, hay otro a cargo de los soviéticos.

 

La historia tiene cinco personajes principales. El mayor Burnside (David Niven) un militar inglés que aparta las angustias que pueden despertarle sus decisiones apegándose a las reglas con envidiable literalidad. Decide el destino de los refugiados con la presteza de quien dirige el tránsito. A propósito de esto, Pilkington dirá la mejor línea de la película: Hasta a Dios le tomaría más tiempo decidir si un hombre dice la verdad. Porque hay refugiados que no quieren ser devueltos a su lugar de origen, dado que fueron colaboradores de los nazis y mienten a lo grande.

 

Y ya que lo nombramos, enlistemos como segundo protagonista al teniente Pilkington (John Hurt) un joven idealista que se pregunta sobre si la verdad no está en desafiar las reglas. Curiosamente (o no tanto) Burnside las ha desafiado una vez creyendo que las únicas opciones eran blanco o negro, para ser burlado por los grises de siempre.

 

Janovic (Topol) es un refugiado con un secreto tan justificable como imperdonable en un contexto de rigideces ineludibles, que se vuelve imprescindible porque domina idiomas y dialectos con una versatilidad por la que mataría el políglota más dotado.

 

Maria (Anna Karina), una joven viuda sensual que puede anhelar a su marido muerto en los brazos de algunos hombres que la cortejen con respeto, siempre y cuando no sean del bando de los que lo mataron. No todos los duelos son de sentarse en un rincón a llorar hasta secarse.

 

Y, por último, con menor participación si se quiere, pero no por eso menos decisiva, el capitán Kamenev (Ori Levy) un ruso curtido al que las privaciones y crueldades, atestiguadas y vividas, no lo han hecho más sabio sino más vengativo. Porque, por desgracia, el resentimiento es de largo aliento, y no incluye agradecimientos debidos.

 

Before Winter Comes se basa en un cuento (The Interpreter) de Frederick L. Keefe publicado originalmente en The New Yorker y fue un proyecto con que el siempre eficiente y rendidor J. Lee Thompson quiso alejarse (temporariamente, por suerte) de las películas de acción a secas que fueron su fuerte. Pertenece a lo que se llamaba (antes de la moda de los engendros multitarget) entretenimiento para adultos. Y hace honor a la tendencia. Es un cuento serio, maduro, sagaz, incisivo, con una moraleja irónica: el destino tiende a reírse de la voluntad de los hombres.

 

Hay una versión doblada al español en YouTube con el título con el que se la conoció en España: Cadenas de libertad. Si en alguna ocasión, no saben que ver, no lo duden. Aquello de que si la fidelidad es para con la lejana abstracción de las reglas o la inmediatez de las necesidades urgentes de las personas se les quedará reverberando.

Gustavo Monteros