sábado, 30 de mayo de 2020

Matiné 01 - Jaque Mate



Cuando volví a ver El expreso de Von Ryan (Mark Robson, 1965) para la recién inaugurada sección Trenes o Películas con trenes de http://cronicas-de-cine.blogspot.com/ me dieron ganas de revisitar otras películas que veía para la misma fecha en que vi la película con Sinatra o sea a mis 10 u 11 años.


La primera que se me ocurrió fue Jaque Mate (Counterpoint, Ralph Nelson, 1968). La acción transcurre en diciembre de 1944 en el frente belga. USO (United Service Organizations) ha enviado una orquesta sinfónica para entretenimiento de las tropas. Algunos generales del uniformado público se quejan de que otros puestos reciben a Marlene Dietrich y Bob Hope mientras que a ellos les toca un concierto clásico.


Un famoso director, Lionel Evans (Charlton Heston) conduce la orquesta. El concierto se interrumpe porque los alemanes han iniciado una contraofensiva para recuperar el terreno. Suben a los músicos a un double decker y los alejan de la zona de conflicto. No tardan en caer en territorio dominado por los alemanes.


Los bajan para ajusticiarlos según órdenes. Los salva la vehemencia de Heston, que no en vano fue Moisés y Ben Hur, que dice que no corresponde que los fusilen porque son civiles no combatientes. Los llevan, entonces, a un castillo que hace las veces de cuarteles generales. Ahora quiere pasarlos por las armas, un comandante de las SS, el coronel Arndt (Anton Diffing). Esta vez los salva la cultura del General a cargo, Schiller (Maximilian Schell) que no solo conoce a Evans sino que es su apreciativo seguidor.


Y ahí comienza la película que gira sobre dos ejes. Por un lado, el duelo de egos de los personajes de Heston y Schell (delicioso, sobre todo del lado de Schell, que degusta sus líneas como un sibarita) y por el otro lado, el encierro y la supervivencia de la orquesta.


Por supuesto hay una chica, chelista ella, que no en vano la cosa viene de orquestas, Annabelle Rice (Kathryn Hays) tironeada por el personaje de Heston, su expareja y por su actual pareja, el primer violín, Victor Rice (Leslie Nielsen). Ronda implícita la idea de que hay un trío en acción. Todo muy moderno. Sorprende hallar en estas películas de los años sesenta, súper ATP (aptas para todo público) entrelíneas tan “riesgosas”. Aunque no debería sorprendernos tanto, las películas siempre manejaron un metalenguaje adulto para diversión del que supiera descifrarlo. Si este metamensaje era casual o intencional está sujeto a debate.


La saga de La pistola desnuda cambió para siempre nuestra percepción de Leslie Nielsen, incluso en sus trabajos dramáticos anteriores como en este caso. Uno no puede dejar de esperar que remate con una sonrisa, una mueca o una expresión hilarante las escenas más terribles, como cuando ejerce violencia de género contra la pobre Barbra Streisand en Nuts (Me quieren volver loca, Martin Ritt, 1987)


Comenzaré una nueva sección para hablar de estas películas. La llamaré Matiné en el patético intento de recuperar el embeleso que me daban estas películas. El nombre de la sección responde a razones muy deducibles, por la edad me estaban vedadas las funciones nocturnas.

Gustavo Monteros

jueves, 14 de noviembre de 2019

jueves, 7 de noviembre de 2019

Mi vida con Bergman - Un prólogo, quizá


Ayer, 29 de octubre de 2019, le di el punto final a la primera versión de lo que resultó un opus magnum de 91 capítulos, más un prólogo y un epílogo: la novela Mi vida con Bergman.


Y lo que siento está expresado en algún lugar intermedio entre una de las líneas más tristes de un poema de Alejandra Pizarnik (“has terminado sola / lo que nadie comenzó”) y una de las líneas más exultantes de Walt Whitman (“Me celebro y me canto”). Para evitar el femenino de la línea de Pizarnik, que me tira para el lado de las divas solitarias estilo Greta Garbo, tomaré la línea segunda de ese poema que ilustra la misma idea: “has emplumado tus pájaros”.


Por qué algunos proyectos llegan a su final, mientras que otros mueren antes de empezar o perecen por la mitad es un misterio. La decisión de emprender un proyecto es “emplumar los propios pájaros”, o sea una de las decisiones más solitarias que experimenta humano alguno (sobre todo nosotros que no somos perseguidos precisamente por una pléyade de admiradores o por la insistencia de desesperados editores ansiosos de hacer una fortuna con nuestro trabajo, lejos de ellos…por desgracia).


Pero estos pájaros debían ser emplumados por la sencilla razón de que la pasión Bergman es una de las vertientes de mi vida, y sin duda el proyecto llegaría a algún destino, porque necesitaba una aventura de largo aliento para sobrevivir a lo que suponía (con razón, gracias a Dios) los últimos dos años del régimen macrista.


Aprovecharía mi disciplina de publicar semanalmente en blogs y en uno de ellos, compartiría lo que iba produciendo.


Y así entre enero de 2018 y octubre de 2019, todos los jueves publiqué un nuevo capítulo de esta vida con Bergman. Solo me salteé un jueves, el jueves santo de 2018 y no porque no tuviera un capítulo listo sino porque creía que me convenía hacer acopio por si alguna semana venía floja y no tuviera material para publicar. Por suerte, tal cosa no pasó y no fue necesario repetir el escamoteo de un capítulo.


Como suele suceder, fui descubriendo qué quería y cómo hacerlo a medida que iba escribiendo. Varias decisiones iniciales fueron cuestionadas, y en el proceso más de una crisis me desveló.


En un principio me sumergí como una voluptuosa Isabel Sarli en la catarata de datos que publicó la página oficial sueca sobre Bergman. Me maravilló la profusión y saboreé con gula, hasta el empacho, los links que se multiplicaban. No tardé en desilusionarme porque me di cuenta de que en realidad reclasificaban por año, lo que el magnífico libro de Birgitta Steene (Ingmar Bergman – A reference file) clasifica por disciplinas. Este compendio es prácticamente una enciclopedia exhaustiva de todas las cosas Bergman, lo que no está allí, simplemente no existe. Agradecí, eso sí, hasta el final que esta página web tuviera más fotos que el libro.


Tanto dato me mareó, tuve que escapar a la tentación de la erudición, mi libro no era un análisis de toda la obra de Bergman, sino mi relación con ella.


Otra decisión temprana, después cuestionada fue la de contar con detalles las primeras películas, para que quien me leyera, no tuviera la necesidad de verlas. No tardé en recordar que en las novelas en las que se cuentan películas (varias de Manuel Puig o en Un hombre en la oscuridad de Paul Auster), estas narraciones no solo progresan la acción sino que describen por implicancia el personajes que las cuenta. Yo no hacía ni una cosa ni la otra. Mi narración supuestamente objetiva agregaba poco y nada, no tenía mucho humor y engrosaba el volumen caprichosamente. Estas películas adquirían una importancia que no tenían, tan solo porque yo había tardado en poder verlas. En dos líneas, despiertan la curiosidad del Bergmaniano adepto, pero para el público general estas películas son tempranas, torpes y pretenciosas, y francamente dejan entrever poco y nada al genio en ciernes. Además la mayoría son piezas de encargo, y por lo tanto anodinas y reflejan poco los intereses que lo harían Bergman. Decidí que había que tratarlas someramente y con mucho humor.


A punto estuve de detenerme y comenzar con la reescritura de inmediato. Pero recordé aquel lugar común de los westerns, eso de que no se cambia montura a mitad del río. Ya tendría otros descubrimientos a medida que avanzara y no me convenía volver atrás ante cada revelación, mejor seguir adelante y corregir después.


Además, la publicación semanal, si bien le daba aires de folletín, me permitía compartimentar y especular sobre el todo después.


Más adelante comprendí que si bien la obra teatral y radiofónica a mí me apasionaban, era difícil que desatara igual interés en el lector. Bergman es un dios del cine y de su cine esperarían que se hable, por el título digo. Los interesados en sus otras carreras podrían dirigirse a títulos específicos que las abarcan.


Otra crisis se desató cuando comprobé que había más “Bergman” que aspectos de “mi vida”. Ya había dejado de lado la erudición inútil, o en todo caso ajena, pero seguía habiendo más Bergman que otra cosa, y la novela no era la novela de Ingmar sino mi relación con él, o cómo fue “mi vida” con “Bergman”.


Esto fue más fácil de subsanar sobre la marcha y fue menos fuerte la tentación de sentarme a reescribir, ya lo haría cuando supiera todo sobre este libro, o al menos lo necesario para un planteo final.


Entre lo más placentero de la aventura figura, claro, la revisión cronológica de su obra cinematográfica (y en algunos casos, también de su carrera televisiva y de los registros grabados de su carrera teatral). Por televisiva no me refiero a los títulos como Escenas de la vida conyugal que escaparon al destino originario en su distribución mundial y fueron consideradas como películas, sino a versiones televisivas de obras de, entre otros autores, Augusto Strindberg, La tormenta, por ejemplo.


Reverdecí a cada paso mi amor y mi pasión por todas las cosas Bergman. Ahora descansaré un tiempo y me pondré a editar la versión final. Agradezco a todos los que me siguieron semanalmente, con el tiempo podrán considerar estos 91 capítulos como el detrás de escena, el work in progress, y atestiguarán si las decisiones tomadas lo beneficiaron o lo perjudicaron. A ellos toda mi eterna gratitud.

Gustavo Monteros


jueves, 18 de enero de 2018

Temporada de premios



Decir que el cine yanqui domina el mercado cinematográfico mundial ya es una obviedad. El mundo baila al son que tocan y vemos las películas que ellos quieren que veamos cuando se les da la gana de que las veamos.

Y  así, entre septiembre y principios de marzo, asistimos a su temporada de premios, que empieza con el Festival Internacional de Cine de Toronto y termina en los Óscars. Toronto es un tanteo, allí se muestran las producciones que por méritos y características destinaron como carne de premiaciones. Según la reacción de los críticos y del público, de ese pelotón se seleccionan los soldados que pasarán a la vanguardia, mientras que los filmes restantes son dados de baja y pasan a una distribución sin tanta publicidad ni bambolla.

Después comienzan las nominaciones, los Globos de Oro, los Critics Awards, los SAG, los BAFTA (ingleses, claro) y así, hasta llegar a los inoxidables Óscars, pasando por la Medallita del Acomodador Simpático o el Premio Mayor del Boletero Apurado.

A lo que voy es que entre septiembre y marzo, hay filmes que se llenan de cucardas, ¿se las merecen?, sí, en líneas generales sí.

O sea, en estos meses vemos buenas películas, en tanto que concluida la temporada de premios, nos atiborran con tanques pochocleros, que tienen de cine el hecho de que se exhiben en un lugar que se llama así, cine, o con películas de la Épica Marvel, ya más que un género una categoría de cine con sus reglas y lenguaje, tan populares como cerrados (si alguien que entró en coma en los setenta, se despertara ahora y lo llevaran a ver una típica película Marvel no entendería ni la trama, ni los personajes ni cómo está contada, y no es una exageración, nosotros no nos damos cuenta de la evolución porque acompañamos el desarrollo, pero la categoría Épica Marvel ha llevado la glorificación del cine pochoclo de la mano de superhéroes a un nivel de sofisticación y cerrazón estilística, que reíte del Culteranismo de Góngora, la poesía metafísica de Donne, el Barroco, el Rococó  o cuanto engorro se te ocurra. )

Volviendo a nuestro tema, entre marzo y el próximo septiembre dependés del buen cine que se presente en los festivales de Cannes, Berlín o Venecia, entre otros, eso si esas películas se distribuyen o se hacen asequibles en internet.

Es definitiva, según los distribuidores de cine hay dos temporadas, la de los premios y la del pochoclo y a pesar de las excepciones, no las flexibilizan ni aunque vengan degollando.

No te dan en la temporada pochoclo una película premiable ni de pedo y viceversa, pero el pochoclo de tan común se extraña menos que el buen cine.

Pero como dijimos hay excepciones, entra las últimas más notorias está Argo, que no fue seleccionada para premios, la dieron entre la tanda de tanques pochocleros y cuando llegaron las premiaciones fue rescatada y se alzó con el ambicionado Óscar.

Sin embargo por más excepciones que haya, el cine industrial es regido por marquetineros especialistas con sus rutinas de acero. Si hay dos temporadas, hay dos temporadas, y punto.

Entonces ahora estamos a una dieta apabullante de una buena película tras otra. El problema es que mucho de lo mismo empacha, empalaga, y dejamos de disfrutar las sutilezas de los distintos sabores. Los lugares comunes son una bosta, pero por algo son comunes, llevan un algo o un mucho de verdad, que no en vano se dice: En la variedad está el gusto. O en este caso, para ser más precisos, en la alternancia está el gusto.


Gustavo Monteros

miércoles, 17 de enero de 2018

Este es el año que es, o sea el de Bergman y otras cosas

Este blog nació como pie de página del de cine (http://cronicas-de-cine.blogspot.com.ar/) comenzó por albergar curiosidades, consideraciones laterales, homenajes y confesiones, que no podían incluirse en el citado que trata solo de películas puntuales. Una miscelánea,  bah, caprichosa y coqueta como toda miscelánea. Entre los temas de este año, está la intención de que uno se imponga sobre los demás, la conmemoración del centenario del nacimiento de Ingmar Bergman. Con modestia me uno a la celebración/conmemoración/homenaje internacionales. Procuraré repasar toda la carrera cinematográfica del homenajeado. Tarea titánica por donde se la encare porque el hombre fue muy prolífico y dirigió, entre cine y televisión, 70 títulos. Solo algunos pocos títulos para televisión (en general registro de algunas de sus puestas teatrales) están fuera de todo alcance, los demás, dadas la preeminencia de su figura y talento, por suerte, pueden verse una y otra vez. Ojalá pueda cumplir con este propósito. El hombre pequeñito propone y la realidad inmensa dispone. Por lo demás que los beneplácitos nos sean propicios y ¡Buen Años para Todxs!

Con el respeto de siempre

Gustavo Monteros