miércoles, 25 de junio de 2014

Los nuevos Belmondos



Veo un documental homenaje a Jean-Paul Belmondo hecho por la televisión francesa y que precederá un ciclo de sus películas. En la última parte aparecen muchos de los protagonistas del cine francés de hoy, algunos veteranos, otros más jóvenes: Vincent Cassel, Vincent Lindon, Benoît Magimel, Mathieu Amalric, Jean Dujardin y Lambert Wilson, entre otros. Todos tienen en común haber sido saludados en algún momento como El Nuevo Belmondo. Algunos por una comedia, otros por un film de cine arte, la mayoría por una de acción. Amalric, entre risas, concluye: Y bueno la carrera de Belmondo fue larga y variada. Cassel dice: Es como un título de nobleza eso de El Nuevo Belmondo. Y Magimel agrega: Es como si solo comenzaras a existir a partir de que te llaman El Nuevo Belmondo. Que se le va a hacer, cuestiones de referencia. Ineludible (perdón, habla el fanático de Jean-Paul que vive en mí).

lunes, 23 de junio de 2014

A mover el esqueleto

En esta foto un joven Sylvester Stallone nos muestra su incomparable talento para el baile... 
Después de esto... ¿seguirán Fred Astaire y Gene Kelly en sus pedestales?

jueves, 1 de mayo de 2014

Los grandes


Los grandes dejan detrás una estela tan luminosa como las mejores horas que nos dieron, que se vuelven eternas, porque la estupidez del hombre es infinita, pero no obnubila con su inmensa mezquindad nuestros mejores recuerdos. En el Maipo siempre reverberá la voz de la Pons cantando Great day, que ya nunca volverá a ser de la Streisand, por más que una mala película de buenos números musicales (Funny lady, horrible secuela de la buena de Funny girl) se empeñe en afirmar lo contrario. Veremos siempre su espalda desnuda, cruzada por perlas, subir y bajar la escalera, marcada magistralmente por la China Zorrilla, para aquel alocado fin de semana de Fiebre de heno de Noël Coward. Estará siempre en el Teatro del Pueblo, convocada por Tito Cossa y dirigida por Villanueva Cosse, Cocinando con Elisa, para GLORIA del TEATRO, así con mayúsculas. Será por siempre la mejor partener de Gasalla, y la lorquiana Bernarda en la que su sabiduría se mezclaba con la del mismísimo Alcón. Y no habrá ninguna igual, no habrá ninguna porque El tango como Norma fue un prodigio al que ninguna palabra podrá abarcar jamás.




Y vos, querido Bob Hoskins, nunca dejarás solo a Roger Rabbit, serás por siempre el mejor galán de la mejor Cher en Mi madre es una sirena, te enamorarás eternamente de tu pasajera en Mona Lisa, serás por siempre jamás el amor esquivo y equívoco de la suprema Maggie Smith en La solitaria pasión de Judith Hearne, y nos vengarás por siempre de los anodinos Brad Pitts demostrando que no por ser gordito y petiso se puede ser menos sexy en Mrs Henderson presenta, y que conste que menciono solo las que recuerdo en este momento, que si me pongo a hacer memoria, no termino más. Tantas y tantas fueron las maravillas que nos legaste.


Abril se ha propuesto dejarnos sin lágrimas, se ha llevado a Alfredito, a Gabo, a la Norma Pons y ahora a vos, pequeño gran Bob, pero en medio de los hipos del llanto, sonreímos, porque por más solos y tristes que nos dejen, nos hicieron felices. Y eso no se olvida.

viernes, 25 de abril de 2014

Ben-Hur es como los laureles... eterno




Durante semana santa decido estar disponible para hacer traducciones. Me arrepiento de inmediato. Me toca el detrás de escena de una nueva serie cómica australiana que se usará como tráiler. Los gags visuales son malos y el humor verbal es localista. El trabajo no consiste en traducir literalmente lo que oímos y vemos sino allanarlo para que sea universal, sin cambiar demasiado los tópicos sobre los que se basan los chistes. No sé, es como intentar traducir el humor de Sin codificar para que sea entendido en Islandia. Un auténtico trabajo de esclavo, encima contrarreloj. Y por la misma paga miserable de siempre. Me siento como un torpe al que le encargaron un trabajo de orfebre para que lo haga a la velocidad del rayo. Son 500 subtítulos, que en tiempo subjetivo equivalen a 5.000.000. El trabajo de investigación en sí consume el período otorgado para entregarlos. Porque primero es necesario saber de qué se supone que se ríen para poder verterlo a algo legible. Odio cada segundo que le dedico. Quedo de mal humor y con dolor de cabeza. Encima me comunican que el trabajo que haré a continuación no llegará a término, que hay una probable demora de unas doce horas y que con pesar en el alma, no nos podrán modificar la fecha de entrega. Lo que significa que tendré que trabajar toda la noche. Intento dormir una siesta, pero no me sale. Mantengo a raya mis problemas de insomnio con la vieja cura de la regularidad de los horarios. Y no puedo cambiarla a voluntad. O sea que volveré a dormir dentro de un día y medio, porque si después de entregar el trabajo que me tomó toda la noche, me acuesto en medio del día, no volveré a dormir quien sabe cuándo otra vez. El silencio de mis vecinos me indica que disfrutan de su tiempo libre. Muto la autocompasión por el odio, y repito la frase de Nerón: Ojalá la humanidad tuviera una sola cabeza… para poder cortársela. Envidio a Perrito con todo mi ser, porque le basta con apoyar la cabeza para ponerse a roncar. Es más, ahora me mira molesto, como si dijera: ¿por qué volver a la computadora en vez de estar así, mullidos en la cama?


En un foro del que soy miembro piden que suban películas “de semana santa”, como Los diez mandamientos, Ben-Hur o La más grande historia jamás contada. Alguien, en respuesta, subió Ben-Hur. La bajo y me pongo a verla. La copia es excelente y me llevo una gran sorpresa. No solo no ha envejecido sino que es mejor y más atrapante que cualquier tanque pochoclero semanal. Y miren que me la sé de memoria, casi. Si anda por el cable, véanla otra vez. No perderán tres horas, las ganarán. No hay nada qué hacerle. Las historias bien contadas son eternas. Y curan el mal de amores, las desgracias laborales y hasta el más acérrimo de los malos humores.

jueves, 17 de abril de 2014

Una hora más con vos... siempre



Catherine Deneuve hasta la fecha ha participado en 119 películas, ha recibido 27 premios y ha estado nominada para otros 16 de los que se retiró sin lauro, incluida una nominación para el Óscar en 1992 por Indochina de Régis Wargnier. Ha trabajado con todo director que cuenta (o no) en el universo cinematográfico, para no apabullar mencionaremos solo los very best, tales como Luis Buñuel, Roman Polanski o François Truffaut. Ha sido la “damita joven” (o no tanto) de Jean-Paul Belmondo, Marcello Mastroianni, Jack Lemmon, Gerard Depardieu, Robert De Niro, Gene Kelly, Gene Hackman, Alain Delon, entre muchos otros, misceláneos inclusive como Terence Hill. A los 70 años sigue tan bella como el primer día y no es que haya luchado para permanecer incólume como Nacha Guevara, no, que su cuerpo y su rostro registran los vaivenes del tiempo. Con una ventaja, si todos con los años nos ponemos más lindos o más feos de cuando éramos jóvenes, ella sigue reflejando la misma belleza de sus principios. ¿Luminosidad interior? ¿Genética privilegiada? ¿Buenas operaciones estéticas? Un poco de cada cosa, quizá. Como sea puede pararse con nobleza al lado de un retrato de juventud sin que sintamos el aguijón de los estragos de los años.


Ella ya andaba por las pantallas cuando comencé a ver cine, y me alegra de que todavía ande cuando yo aún no pierdo las ganas de ver cine. De algún modo nos mantenemos fieles. Yo soy uno más de sus tantos admiradores, y ella es una más de las diosas de mi Olimpo privado. Ella no es celosa (¿cómo podría? si hasta ha besado y etcétera a una de las partenaires de mi Olimpo, a la mismísima Susan Sarandon) y yo tampoco (¿cómo  podría? si como todo cinéfilo tengo mi propio harén de estrellas).


La edad nos ha asentado, nos ha vuelto compinches. Ella sigue y yo también. Las nieves del tiempo nos habrán plateado las sienes, atenuado algunos ardores, pero no nos apagaron el deseo.