miércoles, 9 de julio de 2014

Hugh Grant, el perfecto enamorado



El paso del tiempo es difícil para todos. Y quizás lo es más para los que viven de su imagen, como los actores. Hugh Grant encara (suponemos que con la gracia y elegancia que lo caracteriza) la transición de galán a parte estelar del ensamble. Michael Caine en su autobiografía relata con amargo humor ese trascendente momento. Cuenta que recibió comme d’habitude un guión en el que se le especificaba que su personaje era Mark. Comienza a leerlo y ve que Mark no aparece hasta la página 56 y que no es el protagonista, supongamos, un seductor ladrón de guante blanco que concita el interés de todas las chicas de la trama, sino un maduro magnate que en apariencia es burlado aunque luego se descubre que no. Llama a su agente para preguntarle si se trata de un error. El agente después de una elocuente pausa le dice que no. Michael no haría esa película pero comprendería que si bien se sentía joven todavía, los productores, los directores, el público ya no lo veían así. Duro golpe, parecido al que debe asimilar Goldie Hawn en El club de las divorciadas cuando no le ofrecen el rol de Monique sino el de la madre de Monique y dice una de las líneas más felices e inolvidables de su trayectoria: I’m Monique’s mother! (de donde puede deducirse que en la comedia situación y personaje son tan importantes como el ingenio, ya que la línea es llana pero de devastador efecto cómico).


Volviendo a Hugh Grant, digamos que acaba de filmar dos películas que grafican la transición de la que hablábamos. En la primera The rewrite de Marc Lawrence (que ya lo dirigiera en Amor a segunda vista, 2002, Letra y música, 2007 y ¿Dónde están los Morgan?, 2009) Hugh sigue siendo el protagonista romántico. En la segunda, en cambio, El agente de CIPOL de Guy Ritchie, no es ni Napoleón Solo ni Illya Kuryakin sino Waverly, el jefe, que en la recordada serie era interpretado por el “viejo” Leo G Carroll.


Aún es demasiado pronto para saber si sus días de galán terminaron, lo indiscutible es que declinan. Bien podemos, entonces, repasarlos mientras le rendimos homenaje.


No nació protagonista, se hizo. Comenzó desde abajo haciéndose notar en Pasión incontrolable (White mischief, Michael Radford, 1987), Maurice (James Ivory, 1987), La guarida del gusano blanco (Ken Russell, 1988), Impromptu (James Lapine, 1991), Nuestros hijos (TV film, John Erman, 1991). A su favor tenía rasgos parejos y luminosos, una fotogenia verificable y ningún parentesco aunque el mismo apellido de una de las figuras más rutilantes del cine: el inmenso Cary. (En realidad el apellido verdadero de Cary era Leach, en cambio el de Hugh es Grant). Alternó secundarios: Lo que queda del día (James Ivory, 1993) con estelares: Champagne Charlie (miniserie, Allan Eastman, 1989), Perversa luna de hiel (Roman Polansky, 1992), Sirenas (John Duigan, 1993), pero su protagonismo no se cimentó hasta que no se tropezó con Cuatro bodas y un funeral (Mike Newell, 1994), comedia hoy clásica que lo catapultó al estrellato mundial absoluto. Y esculpió de paso su mejor perfil: el del galán infalible.


Aquí y allá intentó ampliar su registro: Restauración (Michael Hoffman, 1995), Medidas extremas, (Michael Apted, 1996), Mickey Blue Eyes (Kelly Makin, 1999), Ladrones de medio pelo (Woody Allen, 2000), El diario de Bridget Jones (Sharon Maguire, 2001), Un gran chico (About a boy, Chris y Paul Weitz, 2002), American dreamz (Paul Weitz, 2006), ¿Y…  dónde están los Morgan? (Marc Lawrence, 2009), Cloud Atlas: La red invisible (Tom Tykwer, Andy Wachowski y Lana Wachowski , 2012) sin embargo, es en la comedia o drama romántico donde brilla sin par.


Como se dice, en la comedia o el drama romántico, sean buenos, regulares o malos, para amplificar sus logros o atenuar sus fallos, es imprescindible que entre sus protagonistas se dé la tan mentada “química”. Y quizá por la formación actoral inglesa que le otorga la misma prioridad a la elaboración de los personajes que a las relaciones que se establecen entre ellos (hasta el híper egocéntrico Hamlet no actúa solo, los actores británicos saben en los huesos que actuar es, como en el fútbol, más allá de los destellos de talento personal, cosa de equipo) Hugh Grant se tomó la molestia de “amar” a todas las damas que tuvo en frente y tiene hoy una envidiable foja de servicios.


Nadie “amó” mejor que Hugh Grant a Julia Roberts (Notting Hill, Roger Michell, 1999), Drew Barrymore (Letra y música, Marc Lawrence, 2007), Julianne Moore (Nueve meses, Chris Columbus, 1995), Sandra Bullock (Amor a segunda vista, Marc Lawrence, 2002), Tara Fitzgerald (El inglés que subió una colina, pero bajó una montaña, Christopher Monger, 1995), Martine McCutcheon (Realmente amor, Richard Curtis, 2003), Emma Thompson (Sensatez y sentimientos, Ang Lee, 1995), Andie MacDowell (Cuatro bodas y un funeral, Mike Newell, 1994).


No con todas se llevó bien cuando la cámara estaba apagada, no hay nadie más inseguro que una actriz joven que debe ser hermosa, elegante, brillante y única. (Está bien, trabajar en educación es peor, pero a cada cual lo suyo). No obstante en pantalla no permitió que se filtrara desavenencia alguna.


Amar, en el fondo, es un trabajo y Hugh es un gran trabajador (bah, el primer trabajador).

jueves, 3 de julio de 2014

Lo que el mundo siempre necesitará es... a un Paul





El último día de junio moría Paul Mazursky, prolífico actor, autor y director. Será recordado más, creo, como director. Dirigió algunas de las películas más exitosas de los setenta.

Al filo de esta década, en 1969 llenó cines y páginas con Bob & Carol & Ted & Alice, hoy una película que no asustaría ni a los devotos de la acción católica, en su momento una radiografía risqué de los estertores de la revolución sexual sesentista. Natalie Wood, Robert Culp, Elliot Gould y Dyan Cannon se divertían a lo grande hablando de y jugando con el sexo. En la actualidad una antigualla de museo, solo sobrevive el hermoso tema de Burt Bacharach y Hal David: What the world needs now is love.

En 1970 Mazursky emprendería una aventura con ínfulas fellinianas El fabuloso mundo de Alex, protagonizada por Donald Sutherland y con dos apariciones de lujo, la del mismísimo Federico Fellini y la de Jeanne Moreau.

En 1973 haría Blume in love en la que George Segal después de divorciarse descubría que seguía enamorado de su ahora ex mujer.

En el 74 desataría ríos de lágrimas con Harry y Tonto, una road movie en la que Art Cartney (el viejo Harry) recorría caminos con su gato, Tonto.

En el 76 vendría una de mis favoritas de las de él que aquí se conoció como Barrio Bohemio (Next stop, Greenwich Village) en la que un joven judío aspirante a actor (Lenny Baker) huía de su familia, en especial de su madre (Shelley Winters en gran actuación) para probar suerte en el Village glorioso de los 50.

En el 78 haría que el mundo se enamorara de Jill Clayburgh en Una mujer descasada. Siempre recordaremos cuando Jill y sus amigas discuten sobre Jean Arthur y otras actrices de su infancia (¿ves Tarantino que no inventaste nada en el fondo?) y en lo personal, el cierre medio simbólico del film siempre me pareció hermoso (Jill en medio de una avenida sosteniendo con dificultad el gran cuadro (¿su libertad?) que le dio Alan Bates mientras el viento la tiene a mal traer).

En 1980 reformularía el Jules et Jim del gran François Truffaut en Willie & Phil.

En 1982 con un elenco de lujo, John Cassavetes, Gena Rowlands, Susan Sarandon, Raúl Julia, Vittorio Gassman y la por entonces exitosísima Molly Ringwald, haría una personal versión de La tempestad shakesperiana.

En el 84 vendría  otra de mis favoritas Moscú en el Hudson con Robin Williams y María Conchita Alonso, Williams era un ruso que desertaba en ¡Bloomingdale’s!

En el 86 volvería a seducir al gran público con Un loco suelto en Beverly Hills (Down and out en Berverly Hills), remake de la vieja comedia francesa Boudu sauvé des eaux (Boudu salvado de las aguas, 1932, Jean Renoir) en la que Richard Dreyfuss y Bette Midler le daban albergue en su mansión al linyera de Nick Nolte. El elenco incluía a Matisse (Mike the dog) un perro depresivo que iba al psicoanalista.

En el 88 un traspié simpático, Locuras de un dictador (Moon over Parador), comedia políticamente incorrecta sobre dictadores bananeros y sus dobles, actuaban Richard Dreyfuss, Raúl Julia y la por entonces devastadora Sonia Braga.

Se sobrepondría en el 89 con una de sus mejores películas, Enemigos – una historia de amor, sobre los amores de un escritor, se basaba en una novela de Isaac Bashevis Singer y se lucían Ron Silver, y las siempre espléndidas Anjelica Huston y Lena Olin.

En 1991, desaprovechó a un dúo soñado, Bette Midler y Woody Allen, en una comedia que naufragaba antes incluso de haber zarpado: Escenas en un centro comercial (de todos modos la recordamos con simpatía porque la idea de juntar a esos dos era genial).

En el 93 celebró la vena cómica de Danny Aiello en 36 horas en Nueva York (The pickle), que vi en video pero de la que por algún motivo no recuerdo nada.

A la siguiente de 1996, sé que no la vi y que quiero ver, aunque se dice que no es muy feliz, Faithful (Fiel) con Cher, Chazz Palminteri y Ryan O’Neal, la quiero ver más que nada porque me intriga la obra de teatro de Palminteri en la que se basa y que se dio muy brevemente en un escenario porteño.

Vi la siguiente, de 1998, Winchell, un telefilm sobre el famoso columnista con un Stanley Tucci en estado de gracia.

La siguiente fue otro traspié, Coast to coast, 2003, telefilm en la que un matrimonio al borde del divorcio, Richard Dreyfuss y Judy Davis, cruzaban los Estados Unidos en auto procurando dejar atrás tragedias compartidas.

Su carrera de director se cerró con un documental muy comentado, Yippee (2006) sobre la peregrinación anual a la tumba del rabino Nachman (1772-1810) en Ucrania.

Como actor también fue prolífico y trabajó casi hasta último momento. Fue una de las voces de los Kung-fu Pandas y participó en la serie Curb your enthusiasm.

Nos emocionó, nos hizo reír, nos regaló horas felices. Agradecidos, te bendecimos con un ¡Buen Viaje!

miércoles, 25 de junio de 2014

Los nuevos Belmondos



Veo un documental homenaje a Jean-Paul Belmondo hecho por la televisión francesa y que precederá un ciclo de sus películas. En la última parte aparecen muchos de los protagonistas del cine francés de hoy, algunos veteranos, otros más jóvenes: Vincent Cassel, Vincent Lindon, Benoît Magimel, Mathieu Amalric, Jean Dujardin y Lambert Wilson, entre otros. Todos tienen en común haber sido saludados en algún momento como El Nuevo Belmondo. Algunos por una comedia, otros por un film de cine arte, la mayoría por una de acción. Amalric, entre risas, concluye: Y bueno la carrera de Belmondo fue larga y variada. Cassel dice: Es como un título de nobleza eso de El Nuevo Belmondo. Y Magimel agrega: Es como si solo comenzaras a existir a partir de que te llaman El Nuevo Belmondo. Que se le va a hacer, cuestiones de referencia. Ineludible (perdón, habla el fanático de Jean-Paul que vive en mí).

lunes, 23 de junio de 2014

A mover el esqueleto

En esta foto un joven Sylvester Stallone nos muestra su incomparable talento para el baile... 
Después de esto... ¿seguirán Fred Astaire y Gene Kelly en sus pedestales?

jueves, 1 de mayo de 2014

Los grandes


Los grandes dejan detrás una estela tan luminosa como las mejores horas que nos dieron, que se vuelven eternas, porque la estupidez del hombre es infinita, pero no obnubila con su inmensa mezquindad nuestros mejores recuerdos. En el Maipo siempre reverberá la voz de la Pons cantando Great day, que ya nunca volverá a ser de la Streisand, por más que una mala película de buenos números musicales (Funny lady, horrible secuela de la buena de Funny girl) se empeñe en afirmar lo contrario. Veremos siempre su espalda desnuda, cruzada por perlas, subir y bajar la escalera, marcada magistralmente por la China Zorrilla, para aquel alocado fin de semana de Fiebre de heno de Noël Coward. Estará siempre en el Teatro del Pueblo, convocada por Tito Cossa y dirigida por Villanueva Cosse, Cocinando con Elisa, para GLORIA del TEATRO, así con mayúsculas. Será por siempre la mejor partener de Gasalla, y la lorquiana Bernarda en la que su sabiduría se mezclaba con la del mismísimo Alcón. Y no habrá ninguna igual, no habrá ninguna porque El tango como Norma fue un prodigio al que ninguna palabra podrá abarcar jamás.




Y vos, querido Bob Hoskins, nunca dejarás solo a Roger Rabbit, serás por siempre el mejor galán de la mejor Cher en Mi madre es una sirena, te enamorarás eternamente de tu pasajera en Mona Lisa, serás por siempre jamás el amor esquivo y equívoco de la suprema Maggie Smith en La solitaria pasión de Judith Hearne, y nos vengarás por siempre de los anodinos Brad Pitts demostrando que no por ser gordito y petiso se puede ser menos sexy en Mrs Henderson presenta, y que conste que menciono solo las que recuerdo en este momento, que si me pongo a hacer memoria, no termino más. Tantas y tantas fueron las maravillas que nos legaste.


Abril se ha propuesto dejarnos sin lágrimas, se ha llevado a Alfredito, a Gabo, a la Norma Pons y ahora a vos, pequeño gran Bob, pero en medio de los hipos del llanto, sonreímos, porque por más solos y tristes que nos dejen, nos hicieron felices. Y eso no se olvida.