viernes, 17 de abril de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: La defensa de Vladimir Nabokov

 


Dice Nabokov en su autobiografía ("Habla, memoria") que dos actividades lo dominaron desde la infancia: el ajedrez y cazar mariposas (que en fino se llama Lepidopterología y es una rama de la Entomología, esto de cazar mariposas pasó en su caso de hobby a contribución científica, porque capturó algunas que no se conocían a las que tuvo que bautizar).

 

Y dicen los que saben (o sea los críticos literarios) que a los novelistas les conviene sacarse de encima más pronto que tarde la elaboración de la infancia, los ritos de pasaje a la pubertad, la influencia de los padres, etc.), para pasar a temas superadores.

 

¿Será siempre así?, en García Márquez, por ejemplo, no se aplica. Aunque en Vladimir Nabokov, sí. Su primera novela, "Mashenka", se centra en su primer amor y en su inicio en la sexualidad, y esta, su tercera "La defensa" gira alrededor de otra pasión arrebatadora de sus primeros años, el ajedrez.

 

Luzhin, a los 9 años por culpa del romance del padre con una prima de la madre, descubre el ajedrez. Venía sin destacarse en la escuela, no era muy apreciado por sus compañeros y su padre, un autor de libros para adolescentes, se sentía decepcionado por un chico tan gris. El ajedrez le dará el brillo que le faltaba, y un "productor" explotará su genio mientras sea un niño prodigio, después lo abandonará a su suerte.

 

Luzhin vivirá solo para para su mente y el juego, y a los 20 años será un hombrecito sin edad, miope, asmático, muy excedido de peso, feucho, sin gracia, no muy limpio. Pero todo un maestro del ajedrez.

 

Contra todo pronóstico, una chica lo hallará atractivo y se empecinará en sacarlo adelante como un ser más "corriente". Mientras tanto el ajedrez hará que Luzhin cruce los límites de su capacidad y terminará ¿loco?, ¿depresivo?, ¿exhausto del juego?

 

De allí en más, ya no sabrá qué es real y qué no. Tendrá prohibido jugar el ajedrez, pero lo aprendido lo perseguirá y jugará con ¿el destino?, ¿lo incognoscible?, ¿lo que subyace bajo las cosas que se ven?

 

Conclusión: puede que el ajedrez lleve a la locura, pero también hace oír la música de las esferas. Un buen libro.

 

Y así acaba el plan de lectura propuesto para este enero y febrero, las seis novelas de Kate Atkinson con el protagónico del detective Jackson Brodie, intercalas por las tres primeras novelas de Vladimir Nabokov. ¿Me comprometo públicamente con otro plan? No es necesario, creo. Voy a seguir leyendo para no encerrarme en esta realidad desesperante, a la que no me niego, me entero de lo que pasa, pero no quiero rumiar el horror todo el día. Leer me despeja, me despabila, hallo que me mantiene entero. Que es así como debemos estar, porque en algún momento habrá que reconstruir todo lo que están destruyendo.

Gustavo Monteros

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