Dice Nabokov en su autobiografía ("Habla,
memoria") que dos actividades lo dominaron desde la infancia: el ajedrez y
cazar mariposas (que en fino se llama Lepidopterología y es una rama de la
Entomología, esto de cazar mariposas pasó en su caso de hobby a contribución
científica, porque capturó algunas que no se conocían a las que tuvo que
bautizar).
Y dicen los que saben (o sea los críticos literarios) que a
los novelistas les conviene sacarse de encima más pronto que tarde la
elaboración de la infancia, los ritos de pasaje a la pubertad, la influencia de
los padres, etc.), para pasar a temas superadores.
¿Será siempre así?, en García Márquez, por ejemplo, no se
aplica. Aunque en Vladimir Nabokov, sí. Su primera novela,
"Mashenka", se centra en su primer amor y en su inicio en la
sexualidad, y esta, su tercera "La defensa" gira alrededor de otra
pasión arrebatadora de sus primeros años, el ajedrez.
Luzhin, a los 9 años por culpa del romance del padre con
una prima de la madre, descubre el ajedrez. Venía sin destacarse en la escuela,
no era muy apreciado por sus compañeros y su padre, un autor de libros para
adolescentes, se sentía decepcionado por un chico tan gris. El ajedrez le dará
el brillo que le faltaba, y un "productor" explotará su genio
mientras sea un niño prodigio, después lo abandonará a su suerte.
Luzhin vivirá solo para para su mente y el juego, y a los
20 años será un hombrecito sin edad, miope, asmático, muy excedido de peso,
feucho, sin gracia, no muy limpio. Pero todo un maestro del ajedrez.
Contra todo pronóstico, una chica lo hallará atractivo y se
empecinará en sacarlo adelante como un ser más "corriente". Mientras
tanto el ajedrez hará que Luzhin cruce los límites de su capacidad y terminará
¿loco?, ¿depresivo?, ¿exhausto del juego?
De allí en más, ya no sabrá qué es real y qué no. Tendrá
prohibido jugar el ajedrez, pero lo aprendido lo perseguirá y jugará con ¿el
destino?, ¿lo incognoscible?, ¿lo que subyace bajo las cosas que se ven?
Conclusión: puede que el ajedrez lleve a la locura, pero
también hace oír la música de las esferas. Un buen libro.
Y así acaba el plan de lectura propuesto para este enero y
febrero, las seis novelas de Kate Atkinson con el protagónico del detective
Jackson Brodie, intercalas por las tres primeras novelas de Vladimir Nabokov.
¿Me comprometo públicamente con otro plan? No es necesario, creo. Voy a seguir
leyendo para no encerrarme en esta realidad desesperante, a la que no me niego,
me entero de lo que pasa, pero no quiero rumiar el horror todo el día. Leer me
despeja, me despabila, hallo que me mantiene entero. Que es así como debemos
estar, porque en algún momento habrá que reconstruir todo lo que están
destruyendo.
Gustavo Monteros

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