viernes, 13 de marzo de 2026

Lecturas 2026 - Hoy: Esperando noticias de Kate Atkinson


 

Y ya voy por el tercer libro protagonizado por el expolicía, exinvestigador Jackson Brodie, "Esperando noticias" y su autora, Kate Atkinson, sigue cumpliendo con su parte del contrato: atraparme, entretenerme, dejarme con ganas de más.

 

Le gusta distinguirse de los demás autores policiales, jugar con las tramas y las formas. Aquí parece, al menos en el comienzo, que va a cumplir con las normas clásicas. El primer capítulo es el relato de un crimen.

 

Es verano, por una campiña inglesa apartada, una mujer joven empuja un cochecito donde va un bebé que no cumplió todavía los 2 años, la acompañan sus dos hijas mayores de 8 y 6 años, y cierra la fila un perro juguetón. De repente, un loco malo con un cuchillo los ataca y mata a todos, menos a la hija de 6 que logra esconderse en un trigal cercano.

 

Pasan 30 años, estamos en Edimburgo, y la nena que escapó es ahora una médica con un bebé. Tiene la edad que tenía su madre cuando la mataron y su bebé, la edad de su hermanito.

 

El asesino cumplió la condena y saldrá libre. La policía que le avisa sobre la salida de su victimario tiene en sus manos otro caso con otro loco, un padre divorciado que no acepta que sus hijos no estén con él, y que en la fiesta de cumpleaños de su hija (hay también un hijo) mató a su exsuegra, a su excuñada y a la madre de un chico invitado a la fiesta. En realidad, iba a matar a su exmujer y a sus dos hijos. Este desquiciado logró escapar, la inspectora del caso cree que volverá a atacar, algunos colegas creen que no.

 

Un accidente hará que Jackson Brodie se involucre en el caso de la médica y su bebé.

 

El secreto de los policiales (o de todos los libros, en realidad) es crear personajes interesantes, con los que nos identifiquemos, o que nos importen, o a los que nos guste odiar, que no nos sean indiferentes para nada y nos hagan dar vueltas las páginas y seguir leyendo. En teoría parece sencillo, en la práctica no siempre es un propósito que se consigue. La Atkinson sabe hacerlo.

 

Aquí, como en las noveles anteriores, hay una galería de personajes a cuál más atractivo, pero dos se llevan los laureles. La médica superviviente del crimen inicial y la adolescente que la ayuda con el bebé, que se llama Reggie, aquí diminutivo de Regina.

 

Nombre más que apropiado porque esta huérfana, menuda, que parece tener menos de los 16 que tiene, es una reina guerrera que se impone a una realidad que le es cruel, a su favor tiene un don, que aprovecha y expande con estudio y dedicación, una inteligencia feroz. Don que le garantiza tener humor, porque el humor es inteligencia en uso o en acción.

 

En un momento, la policía, medio enamorada de nuestro Jackson, recientemente casada evoca lo siguiente: "Recordaba una balada o un poema ambientado en una época lejana, en que se celebraba una boda en una gran casa y todos los invitados jugaban al escondite como parte de la fiesta (imagínate algo así ahora). La recién casada se había escondido en un enorme baúl, en una parte recóndita de la casa donde a nadie se le ocurrió buscarla. La tapa del baúl tenía un muelle oculto y solo podía abrirse desde fuera; la joven se asfixió allí dentro antes de haber pasado siquiera la noche de bodas. Encontraron su esqueleto años después, ataviado con el traje de novia. Enterrada viva, pero algunas relaciones eran también así. Quién sabía, a lo mejor a la pobre novia le había ido mejor muerta. Alison Needler decía que su exmarido la habría tenido «encerrada en una caja de haber podido». «La novia de Mistletoe», así se llamaba el poema. Si esperabas el tiempo suficiente, tu memoria venía a tu encuentro. Un día dejaría de hacerlo."

 

Esta mención activó mi memoria, pero la novia no se ocultaba en un baúl sino en un banco de jardín veneciano, y así me devolvió el argumento del cuento largo de Beatriz Guido que sería la base de la última película de Leopoldo Torre Nilsson: "Piedra libre".

 

Entonces es verdad lo que se dice: los amigos se van, los amores se pierden o se acaban, la salud te hace largar el tabaco y el alcohol, pero leer es un placer que no se va, no se pierde, no se acaba y que nada te hace largar.

Gustavo Monteros

No hay comentarios:

Publicar un comentario