jueves, 26 de abril de 2012

No dejar para mañana...



¿Para que esperar a mañana? Aquí está Burlington Burtie de Star! (Robert Wise, 1968). Nótese que está filmada "a la antigua", es decir en una sola toma. De modo que la querida Julie tuvo que aprenderse todos los trucos que hace de corrido. Ratifica que aparte de una reina del talento, es una reina del profesionalismo.

Decíamos ayer

Decíamos ayer... hace unos días en realidad que postearíamos otro número de vagabundos recreado gloriosamente por el cine. Como lo prometido es deuda, mañana Julie Andrews hará Burlington Bertie.
Stay tuned.

Una anédota favorita

Fray Luis de León (1528-1591)

Fue considerado como uno de los más sabios hombres de su tiempo, y no sin razón, pues conocía a fondo las lenguas orientales, y sus estudios abarcaban todo el campo del saber humano de entonces.
    

Mas este saber estuvo a punto de perderle, pues sus enemigos le acusaron de haber traducido al castellano el Cantar de los Cantares, cuando los cánones de entonces prohibían las traducciones de los libros santos a la lengua vulgar; y fue procesado por la inquisición de Valladolid como sospechoso en materia de fe, encerrado cinco años en la cárcel de la dicha jurisdicción, al cabo de los cuales logró demostrar la falsedad de lo alegado por sus enemigos, y fue puesto en libertad.

Entonces volvió a su cátedra, y el primer día que se sentó en ella, después de los cinco años de prisión, ocurrió una anécdota muy graciosa: tenía el maestro fray Luis la costumbre de recapitular cada día lo explicado el anterior, e invariablemente comenzaba con la sacramental frase: Decíamos ayer... Pues el día en que volvió a su cátedra, después de los famosos cinco años de ausencia, también comenzó con el acostumbrado: Decíamos ayer...

(Texto tomado de internet)

Ya no las hacen así

Maestro peludo


Perrito, como todos los perros, tiene inteligencia limitada. Pero no por eso es menos sabio.

Después de dormir, siempre se despereza.

Antes de salir, hace siempre estiramientos y elongaciones.

Huele siempre la comida antes de abalanzarse sobre ella.

Cuando no estoy, se hace un bollo y duerme la tristeza de mi ausencia.

Pide caricias siempre que las necesita.

Cuando necesita estar solo, se pone bajo la silla del rincón, que ha elegido como su cueva inaccesible.

Cuando se aburre, me observa para ver si puede sacar una conclusión o alguna ventaja.

Cuando hay sol, al menos una vez por día se deja bañar por él.

Un par de veces por día, se tira sobre su lomo patas arriba (en lo que yo llamo “the balls ventilation”) pone su mente en blanco y disfruta de estar vivo.

¿Quién lo hubiera dicho? Todo un maestro zen me salió Perrito.
Fue otro capítulo de Zen al paso

Ilustración: el perrito de Umberto D (Vittorio De Sica, 1952)

¿Cuánto falta?

Cuento los días, las horas y si supiera matemáticas, contaría los minutos, los segundos. ¿Cuánto falta para que llegue? Un segundo, un minuto, una hora, un día menos que antes. ¡AMO LOS FINES DE SEMANA LARGOS! Aunque no tenga un peso y no pueda ir a ningún lado. No importa, puedo tirar el reloj. El tiempo será mío. Puedo dormir hasta tarde o levantarme al alba porque sí, porque se me da la gana. Puedo acostarme a leer a media mañana, a media tarde, a media noche. Libre al fin, al menos por cuatro días. Sin debos, todos puedos. ¿Cuánto falta? Menos, menos, menos.