Soledad Pastorutti y Lito Vitale hacen Oración del Remanso, chamamé de 1998 de Jorge Fandermole.
viernes, 12 de junio de 2026
viernes, 5 de junio de 2026
Mujeres que cantan - Hoy: Virginia Luque
Virginia Luque canta Rebeldía, tango de 1946 compuesto por Roberto Nievas Blanco y Oscar Rubens.
viernes, 29 de mayo de 2026
Lo que dice la obertura
En los espectáculos musicales con obertura (ópera, opereta, zarzuela, musical, etcétera), a veces las oberturas nos informan con pelos y señales a qué nos atendremos el resto de la velada.
Una de las mejores oberturas de los musicales es la de Gypsy (libro de Arthur Laurents, música de Jule Styne, letras de Stephen Sondheim).
Los espectadores del 21 de mayo de 1959 del teatro Imperial de Broadway, a poco de empezada la obertura, supieron que un caballo ganador había entrado a la pista.
viernes, 22 de mayo de 2026
El musical es un arte, pero también una ciencia
Diagramar un musical con partes estelares requiere una precisión quirúrgica. La estrella debe tener un personaje hipnótico que abarque todos los recursos de quien lo interpreta y pueda expresarlos en plenitud y abundancia.
Los números estelares deben estar espaciados con
regularidad y permitirle a la estrella reponerse y descansar entre ellos. Estas
estrellas suelen no ser jóvenes y deben llegar al gran final vivitas y
coleando. Sin olvidar que a veces hasta se les exigirá hacer dos funciones.
Uno de los grandes maestros de este tipo de musicales es
Jerry Herman y llegó a la cumbre de su genio no con uno, sino con ¡dos! obras: Hello,
Dolly! y Mame. Ambas piezas tienen el gran número del segundo acto
en canciones que dan el nombre a la obra.
Y la astucia creativa usada por los directores originales
de estas obras con sus respectivos coreógrafos se manifestó en que incluso en
ese mismo número, la estrella desplegaba su talento y descansaba alternadamente
a la vez.
Hello, Dolly! se estrenó en 1964 y
fue dirigida y coreografiada por Gower Champion. Mame se estrenó en 1970
y la dirigió Gene Saks y la coreografió Onna White.
El darle descansos a la estrella dentro de una obra es tan
viejo como el tiempo, pero lo de hacer descansar a la estrella dentro del mismo
número puede que lo haya inventado Gower Champion en el largo número central de
Hello, Dolly!
Pero el truco se ve más claramente en Mame y a las pruebas me remito. El número que veremos es de cuando Ginger Rogers desempeñaba el protagónico en un montaje del West End.
viernes, 15 de mayo de 2026
Intermezzo - Hoy: Beyond the Sea
Seguimos con nuestra pausa musical. Hoy nos vamos a Broadway y escucharemos a Jeremy Jordan cantar "Beyond the Sea", la versión anglosajona de "La mer" de Charles Trenet en el musical Just in Time, que es sobre vida y obra de Bobby Darin.
viernes, 8 de mayo de 2026
Intermezzo - Hoy: Los productores
Nos tomamos una pausa musical de tanta literatura y disfrutamos de dos canciones (We Can Do It y I Wanna Be a Producer) del clásico de Mel Brooks, Los productores. Andy Nyman es Max Bialystock y Marc Antolín es Leo Bloom. La coreografía es de Lorin Latarro.
viernes, 1 de mayo de 2026
Lecturas 2026 - Cuatro novelas de Margaret Millar
“La cabra siempre tira pa’l monte”, me hubiera dicho la tía
Martina de haberme visto sentado leyendo uno de los libritos de la pila de
novelitas con las tapas idiosincráticas de El Séptimo Círculo, que hacía
equilibrio en la mesa de tres patas, reliquia del bar / cantina que alguna vez
regenteó mi viejo.
Es que cuando la oscuridad ruge afuera, lo que más aquieta
los temores de mi mente es la lectura de policiales. ¡Y mirá que la oscuridad
ruge y rige en este marzo, ya abril, de 2026 en el Mileinato del Río de la
Plata!
Cuando busqué entre los volúmenes de El Séptimo Círculo que
andaban por la biblioteca, me decidí por privilegiar autoras sobre autores,
dado que venía de una experiencia tan buena con las novelas de Kate Atkinson.
La opción final quedó entre ¿Vera Caspary o Margaret
Millar? Vamos por la Millar, me dije, porque, aunque brilló con luz propia no
dejó de estar a la sombra de su marido, Kenneth Millar, un señor que firmaba
con el seudónimo de ¡Ross Macdonald! ¡Sí, el que creó al detective Lew Archer!
Decido leer cuatro títulos de Margaret Millar. Arranco con
“Pagarás con maldad” (Do Evil in Return, 1950). Dice la contratapa: “La
doctora Charlotte Keating está en una difícil situación. Su apacible vida como
médica y su apasionada aventura con el apuesto y respetable Lewis dan un vuelco
cuando, súbitamente, aparece el cadáver de la joven Violet, a la que había
practicado un aborto tras quedarse embarazada, pero no de su marido. Sin saber
aún si la muerte de Violet es fruto de un suicidio o de un asesinato, Keating
se verá involucrada en una asfixiante espiral de amenazas y chantajes que, de
algún modo que no consigue comprender, guardan cierta relación con su propio
amante. De repente, la confianza se convierte en un lujo que Keating no se
podrá permitir, si quiere seguir con vida para averiguar el porqué de la
horrenda muerte de Violet.”
Por supuesto el morbo que se me desata está puesto en la
palabra aborto, asociada a una novela que transcurre en 1950, perdón por la
frivolidad (y la rima), pero me pareció el colmo de la modernidad. Si bien el
género negro se permite todas las sordideces, algo tan clandestino y tan íntimo
como el cese de un embarazo me parece incongruente con el canon moralizante y
pacato de los años cincuenta.
Sin embargo, a quien escribió la contratapa, leyó mal la
novela o no la entendió. En la trama la doctora Keating se niega a hacerle el
aborto a Violet, algo de lo que se arrepentirá de inmediato. Curioso lapsus del
autor de la contratapa.
La novela es apasionante, muy humana y a la vez perturbadora. Y uno cree adivinar por dónde vendrán los tiros, pero no, la autora está unos pasos por delante y saca una carta ganadora. ¡Sorpresa! En los cincuenta no solo tomaban té y jugaban a la canasta, ¡tenían mucho sexo!
Sigo con “Muerte en el estanque” (Rose´s Last Summer,
1952). Dice la contratapa: “Rose French había sido una estrella. Cinco veces
se había casado y, aun ahora, a los sesenta años, la animaba una intensa
vitalidad que parecía inextinguible. La muerte la encontró en un jardín
desierto. Su amigo y consejero, Frank Clyde, sospechó que detrás del
fallecimiento, atribuido a causas naturales, había un misterio. Se agravó la
sospecha cuando el pasado empezó a invadir el presente. Uno de los nebulosos
maridos de Rose apareció en la localidad, agresivo y próspero. Casi sin
proponérselo, Frank Clyde se convirtió en detective. La historia de su
investigación es siempre cautivante y a veces desaforadamente absurda. Es una
comedia de costumbres escrita con implacable agudeza. Esta novela originalísima
se leerá con alarma y con encanto.”
Esta vez el autor de la contratapa no puede estar más
acertado. La cosa tiene mucho de comedia y de la buena. Encanta y deleita. Y
por más que todo sea grave y haya una muerte, sonreímos durante toda la
lectura, porque a veces el absurdo de la vida es sencillamente hilarante.
Sigo con “La bestia se acerca” (Beast in View, 1955), que
fue muy elogiada, un best-seller y premiada con un Edgar. No sé si está en El
Séptimo Círculo, al menos mi copia no es de esa colección. Dice la contratapa: “El
mundo puede llegar a ser terrorífico más allá de las cuatro paredes de una
habitación de hotel. La joven Helen Clarvoe tenía muy claro que su seguridad
personal dependía de aquella reclusión voluntaria, hasta que recibió la llamada
más estremecedora de su vida: Evelyn Merrick, una supuesta ex compañera de
colegio, le contaba que había tenido una visión onírica en la que Helen
aparecía sangrienta y mutilada tras haber sufrido un terrible accidente.
Aterrorizada y confusa, Helen decide pedir ayuda a su viejo amigo Paul
Blackshear para que investigue quién es Evelyn y por qué ha pretendido
asustarla con tal dicha llamada. Paul, que decide echarle una mano, pronto
comienza a seguir pistas que le conducen a un submundo de delincuencia, abuso
de drogas y pornografía, algo que no solo implica a la desconocida Evelyn, sino
también a su propia amiga Helen.”
Bueno, aquí el que escribió la contratapa no comprendió un
par de cosas. Helen no es tan joven, es una treintañera soltera, que para los
parámetros de la época equivalía a una vieja solterona. Y Paul no es
precisamente su amigo.
El resumen de Wikipedia es más fiel a la esencia de la
novela: “una intriga psicológica desencadenada a partir del acoso telefónico
que sufre una soltera al borde de los cuarenta años por parte de una mujer
trastornada que estuvo brevemente casada con el hermano homosexual de aquella.”
Como se ve, la cosa venía fuerte: homosexualidad,
trastornos psíquicos, droga, pornografía. Todo eso está y en radiante
tecnicolor, pero la autora de a poco empieza a hacer pases de magia y cerca del
final saca la alfombra donde estamos parados y literalmente nos sienta de culo.
El truco es magistral y el engaño al que nos somete es lícito (en literatura,
claro, si lo hace en la vida, habría que encarcelarla).
El viejo axioma de “Nada es lo que parece” aquí es cierto y se verifica para nuestra total diversión. Terminada la lectura dan ganas de leerla otra vez para ir viendo cómo “cocina” el timo.
Y termino con “Solo
monstruos” (Beyond This Point Are Monsters, 1970). Dice
la contratapa: “En un rancho de California, Robert Osborn, sale a buscar a
su perro y nunca más se le vuelve a ver. Algunos rastros de sangre, el hallazgo
de una probable arma asesina, hacen que su esposa, Devon, crea que han
asesinado a Robert. Un año después, su madre y su mujer protagonizan un duelo
frente a frente en un juicio para declarar o no legalmente muerto al ranchero
desaparecido. La madre no quiere que el juez dictamine la muerte porque está
convencida de que sigue vivo y la viuda espera que lo haga para poder seguir
adelante con su vida. ¿Lo mataron? ¿No lo mataron? ¿Quién? ¿Por qué? Pero es la
policía, a través de la correspondiente investigación, la que debe aclarar este
punto. Accidentes que fueron en realidad asesinatos, amores tempestuosos y
secretos, relaciones promiscuas, violentas escenas que habían quedado ocultas
comienzan a salir a escena a medida que la investigación progresa. Al final, se
hace patente en toda su siniestra evidencia la monstruosa realidad de una
familia terrible, que se esconde celosamente tras el poder del dinero.
Publicada también en castellano como «Más allá hay monstruos».”
Esta puede que esté un punto más abajo que las anteriores.
La trama está muy bien manejada, los personajes son empáticos, los conflictos
bien delineados, pero en el final-final quiere hacernos dudar y la cosa no le
sale muy prolija.
Y si uno relee los últimos párrafos comprende que no es la
visión de la autora sino la del personaje la que quiere confundir o hacernos
polemizar. De todos modos, este pequeño demérito no le resta valor a todo lo
logrado por la novela hasta ese punto.
¿Y ahora qué leo? Vengo en una buena racha y no quiero que
se me corte. Mejor ir por lo seguro, ¡un clásico! Después les cuento



