Tres afiches polacos para películas de Belmondo
jueves, 12 de julio de 2012
Ansía lo mejor, espera lo peor
En 1970 el inmenso Mel Brooks escribió y dirigió su segunda
película, Las doce sillas. Es una
versión de la novela clásica satírica (1928) de Iliá Ilf y Yevgeni Petrov, en
la que unos rusos postrevolucionarios buscan un tesoro en joyas escondido en
una de doce sillas de un lujoso juego de comedor. Es una muy buena comedia que
no llega a los fulgores de Locuras en el
Oeste o El joven Frankenstein
porque persigue más contar la historia que hilvanar gags geniales, lo que no
impide que haya abundantes logros cómicos visuales y de guión. Hay también espléndidos
trabajos de Ron Moody (el inolvidable Fagin del Oliver! (1968) de Carol Reed), del impar Dom DeLuise y de un joven por entonces Frank
Langella. El gran Mel Brooks se reservó, para gracia de Dios y de sus seguidores
(los de Dios y los de él) un delicioso papel.
Como
en todas sus películas, escribió la letra y música de un tema que excede los
adjetivos. Adjunto la letra, la traición o sea la traducción es mía. ¡A
disfrutar!
Hope for the best, expect the worst
Ansía lo mejor, espera lo
peor
Some drink champagne, some die of thirst
Algunos toman champán,
otros se mueren de sed
No way of knowing
Es
imposible saber
Which way it’s going
Qué
te tocará
Hope for the best, expect the worst!
Ansía lo mejor, espera lo
peor
Hope for the best, expect the worst
Ansía lo mejor, espera lo
peor
The world’s a stage, we’re unrehearsed
El mundo es un
espectáculo y no tenemos mucho ensayo
Some reach the top, friends, while others
flop, friends
Algunos triunfan, amigos,
mientras que otros fracasan
Hope for the best, expect the worst!
Ansía lo mejor, espera lo
peor
I knew a man who saved a fortune that was
splendid
Conocí a un hombre que
ahorró una fortuna espléndida
Then he died the day he’d planned to go and
spend it
Y se murió el día en que
se disponía a gastarla
Shouting “Live while you’re alive! No one will
survive!”
Gritó: “¡Vive mientras
puedas! ¡Nadie sobrevive!”
Life is sorrow - - here today and gone
tomorrow
La vida es dolor – vivo
hoy, muerto mañana
Live while you’re alive, no one will survive -
- there’s no guarantee
Vive mientras pueda,
nadie sobrevive – no hay garantías
Hope for the best, expect the worst
Ansía lo mejor, espera lo
peor
You could be Tolstoy or Fannie Hurst
Puedes ser un Tolstoy o
Fannie Hurst
You take your chances, there are no answers
Arriésgate
que no hay certezas
Hope for the best expect the worst!
Ansía lo mejor, espera lo
peor
I knew a man who saved a fortune that was
splendid
Conocí a un hombre que
ahorró una fortuna espléndida
Then he died the day he’d planned to go and
spend it
Y se murió el día en que
se disponía a gastarla
Shouting “Live while you’re alive! No one will
survive!”
Gritó: “¡Vive mientras
puedas! ¡Nadie sobrevive!”
Life is funny - - Save your money! Spend your
money!
La vida es cómica –
¡Ahorra tu dinero! ¡Gasta tu dinero!
Live while you’re alive, no one will survive -
- there’s no guarantee
Vive mientras pueda, nadie
sobrevive – no hay garantías
Hope for the best, expect the worst
Ansía lo mejor, espera lo
peor
The rich are blessed, the poor are cursed
Los ricos están benditos,
los pobres, malditos
That is a fact, friends, the deck is stacked,
friends
Es un hecho, amigos, la balanza
está inclinada
Hope for the best, expect the – -
Ansía
lo major, espera lo...
(even with a good beginning, it’s not certain
that you’re winning,
Incluso con un buen
comienzo, no hay certeza de que ganes
even with the best of chances, they can kick
you in the pantses)
incluso con la mejor de
las suertes, te pueden patear el trasero
Look out for the - - watch out for the worst!
¡Cuídate de lo –
protégete de lo peor!
Hey!
Mientras
entramos en calor bajo los cobertores y le robamos tibieza a la bolsa de agua caliente, nada parece más lejano que los gloriosos días de verano.
martes, 10 de julio de 2012
Miss Marple Rutherford
Creí que eran muchas más. Comprensible. Con los ojos de la
niñez, todo es más grande, más numeroso. Pero apenas son cuatro las películas
de Jane Marple por Margaret Rutherford que poblaron las matinées de mi
infancia.
Margaret Ruhterford fue una extraordinaria actriz
“característica” del cine y el teatro inglés. A principio de los sesenta, su
carrera reverdeció en fama y popularidad al interpretar a Jane Marple, esa
singular creación de Agatha Christie.
Rutherford no fue la primera, antes, en 1956, la había hecho
Gracie Fields en un especial para la televisión norteamericana, pero Rutherford
moldeó el personaje paradigmáticamente y todas las que lo interpretaron después
debieron remitirse a su Marple.
Marple, en la caracterización de Rutherford, es una solterona
de edad avanzada pero ágil, vital, llena de humor y de maravillosa juventud
mental. Como toda inglesa no le hace asco a un traguito y uno sospecha que
tampoco se negaría a un porrito y que si la apurás hasta se mandaría un ácido,
de allí que los jóvenes del Swinging London la adoraran y la consideraran un
par. Es la excéntrica entrometida y curiosa que creó Agatha Christie, pero en
la versión de Rutherford no tiene parangón.
Como me sucede últimamente, me crucé con estas películas de
casualidad. En realidad buscaba The
reluctant debutante, que no hallé, aunque en su lugar encontré este tesoro.
No me daban las manos para bajarlas. Cuando estuvieron en mi computadora, me
armé una retrospectiva personal y las vi en el orden en que fueron filmadas.
Las cuatro fueron dirigidas por George Pollock y comparten un
seductor y pegadizo tema musical de Ron Goodwin. Las tres primeras son
adaptaciones de novelas de Christie, la cuarta tiene un guión original. La
primera, Murder she said (1961) se
basa en El tren de las 4:50 (4.50 from Paddington). La segunda, Murder at the gallop (1963) se basa en After the funeral (Después del funeral) y la tercera Murder most foul (1964) en La
señora McGinty ha muerto. La cuarta Murder
ahoy (Asesinato a bordo, 1964)
como decíamos fue escrita directamente para el cine.
En todas la Srta. Marple se involucra en el lugar de los
hechos para resolver el enigma. En Murder
she said, se emplea de mucama en el caserón del misterio. En Murder at the gallop, se hospeda en el
mismo hotel en que se alojan los sospechosos. En Murder most foul, obtiene un puesto de actriz en la compañía
teatral del posible asesino. En Murder
ahoy se hace invitar de prepo al barco en el que hay que develar el crimen.
En todas debe enfrentar la incredulidad del inspector Craddock
(Charles Tingwell) que da las primeras muertes por causas naturales y considera
que Miss Marple es una lunática al insistir con que se trata de asesinatos. Por
supuesto, la aficionada detective no tardará en demostrarle su equivocación. Y
en todas cuenta con la ayuda del bibliotecario, Jim Stringer (Stringer Davis)
de quien se da a entender que es el consorte ideal para la eterna soltera.
Ambos actores, viejos remadores de reparto, gozaron de una inédita popularidad
gracias a estos papeles.
En todas Margaret Rutherford comparte el top billing, o sea
la preeminencia en el cartel, con otros actores. En Murder she said con Arthur Kennedy,
Muriel Pavlow y James Robertson Justice. En Murder
at the gallop con Robert Morley y Flora Robson. En Murder most foul con Ron Moody y en Murder ahoy con Lionel Jeffries.
Creo
que la clave del éxito de estas películas está en el tono encontrado, el de una
comedia policial. Porque en las novelas de enigma de Agatha Christie, el
asesinato no es algo trágico o terrible, es más bien una hazaña deportiva en la
que el agudo asesino desafía ser descubierto por un detective de igual astucia.
Hay en todas estas películas un espíritu zumbón, pícaro, travieso, que las hace
tan frescas y vigentes como el primer día. Después de tantos años, muchas otras
películas han envejecido y son piezas arqueológicas, éstas no, siguen tan
jóvenes como la Miss Marple de Margaret Rutherford. ¿Un prodigio? ¿Un milagro?
No, una verdad de Perogrullo. Ríete de la avaricia, de la codicia, de la necedad,
de la lujuria de los hombres y serás eterno como el tiempo.
viernes, 6 de julio de 2012
Poesía bizarra
Tim Burton se conecta con Armando Bo a través de Ed Wood con una ayudita del amigo Bill Murray
(Recuerdos de un cinéfilo impenitente)
martes, 3 de julio de 2012
lunes, 2 de julio de 2012
Un domingo casi perfecto
Como termino temprano con las traducciones, aprovecho la
tarde para ver algunas películas de entre las muchas que bajé. Opto por los
setenta y sus bordes y elijo dos. La chica
de Petrovka (Robert Ellis Miller, 1974), una comedia romántica bastante
buena con una gran actuación de Goldie Hawn y El día del fin del mundo (Irwin Allen, 1980), una película
catástrofe bastante mala con Paul Newman, Jacqueline Bisset, William Holden
entre otros notables. Pero su encanto radica en ver cuán mala puede llegar a
ser. Aumenta su atractivo que esté doblada, no al español latinoamericano, sino
al español de España. Oír a William Holden decir a alguien en el teléfono: “Que
se ponga”, me desata una carcajada. Me preparo una cena de papas fritas y
huevos. Me cuido porque ya estoy mayorcito, pero una vez al mes me permito una
comida colesterolosa sin culpa. Y como junio ya había terminado… Miro un poco
de tele y me voy a dormir. Me pongo a leer un policial original y seductor. La protagonista
tiene 11 años, transcurre en Inglaterra en 1950 y se recrean los modismos de
los autores de la época, como Graham Greene, autor muy frecuentado por nosotros
en la facultad. Me duermo con una sonrisa. A las cuatro me despierto. Me duele
la espalda y el cuello. Debo haber adoptado malas posturas mientras dormía. Me levanto,
me improviso un sándwich de queso para que no me den acidez las dos aspirinas
que me tomo. Antes de volver a acostarme, hago estiramientos y elongaciones
para acomodar los músculos, que uno no al pedo tomó tantas clases de teatro. Ni
las aspirinas ni las elongaciones anulan el dolor. Sé que ya no voy a volver a
dormirme e intento entretenerme con la novela de la joven detective. Como a las
seis me duermo aunque me despierto pronto, tengo pesadillas. A las 8 salgo
corriendo a que me den masajes. Vi que donde hacen pilates, también dan
masajes. Una chica de unos treinta años, me acuesta boca abajo en una camilla,
me cubre de ungüento y me castiga la espalda hasta que grito de placer y dolor.
El dolor se atenúa aunque me recomienda volver a la tarde para otra sesión si
quiero dormir bien. Le aseguro que volveré.
Camino a casa me pregunto por qué tengo la espalda y el
cuello a la miseria, si hice mis deberes: di clases con alegría, traduje con la
mejor de mis voluntades posibles, me reí cuánto pude, armé una grilla para
tachar los días que faltan para las vacaciones en la que ya puedo tachar el
paro del viernes y la bendición de un nueve de julio en lunes, y me premié con
un domingo bueno, casi perfecto. No necesito rumiar mucho para que me venga la
respuesta.
Por más que hagas los deberes y te premies otorgándote todos
los pequeños placeres a tu alcance, las viejas frustraciones que arrastras de
toda la vida, más las nuevas que imperceptiblemente vas sumando te alcanzan, y
de nada vale que te rías o que vivas el castigo cotidiano con una sonrisa. Entonces
sólo te queda joderte y hacer lo que debas para que el dolor se pase. A veces
la mejor filosofía es no tener filosofía.
Fue
otro capítulo de Zen al paso
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