jueves, 9 de agosto de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 28

Con Noche de Circo hago lo mismo que con las novelas de Chandler, conservo alguna que otra imagen y olvido todo lo demás, para que vuelva a sorprenderme casi como la primera vez cuando la revisito.

 Homero Alsina Thevenet y Emir Rodríguez Monegal afirman en la Biblia sobre Bergman – Antiguo Testamento (Ingmar Bergman, Un dramaturgo cinematográfico, Montevideo, 1964) que es la primera obra maestra del sueco. Y no me rebelo ante tal afirmación sino que la tomo, la hago mía y la transmito.
Se abre y se cierra con un juego visual que se convertirá en bergmaniano hasta lo icónico, una caravana de carromatos, en este caso, conducidos por seres encorvados, cansinos y muy arropados, se recorta contra un cielo plomizo o lechoso en los momentos en que el sol se vislumbra detrás del colchón de nubes. Esta imagen no es tan famosa como la de la danza de El séptimo sello, pero se basa en el mismo principio estético, el de recortar siluetas contra un horizonte en el que hay solo cielo.

Estos carromatos llevan un circo que se erigirá en la pequeña ciudad de provincias donde ocurrirán los hechos de la historia. La misma caravana, con alguna pérdida, partirá al final y se perderá en ese horizonte plomizo o lechoso.
Un detalle no menor, es la primera película de época que hace Bergman. Transcurre a comienzos del siglo XX. Quizá alejarse en el tiempo haya contribuido a consolidar logros anteriores y para que este relato se alce como obra maestra. Digo.

En Noche de circo hay dos historias, que quizá sean una sola, porque es como si una de ellas se viera en el espejo. La que se narra al principio envuelve al Payaso Frost y a su mujer Alma, la domadora de un oso viejo y enfermo. La otra comprende al dueño del circo Albert y a su amante, Anne, la écuyère. Las dos son historias heroicas de humillación.

Sí, insisto, subrayo, humillaciones heroicas, y no es un contrasentido. Estos cuatro personajes soportarán con heroísmo envidiable el pisoteo de sus deseos, anhelos, ambiciones. Esa es su grandeza, la capacidad de aguante, de resistencia, esa cosa que ahora se llama resiliencia.


No hay Dios en Noche de Circo, el hombre está condenado al fracaso y lo único que le queda es ponerse otra vez de pie y ver si resistirá la próxima caída.



No me detendré mucho en la anécdota para no arruinarles las sorpresas si es que no la han visto. Solo diré que todas las relaciones entre los distintos pares de personajes son paralelas y potencian el sentido último del film y unas echan luces sobre otras. A las relaciones ya mencionadas (Frost/Alma, Albert/Anne) hay que sumar las que dan entre Albert y su mujer Agda (más bien ex-mujer, aunque en esos tiempos de la acción no había divorcio ni separación) y la de Anne y el actor Frans.



Solo aclaremos cómo se dan estas relaciones, como ya sabemos Frost y Alma son pareja y Albert y Anne, amantes. En la ciudad que el circo visita vive Agda, la esposa de Albert, que se ha convertido en una comerciante exitosa. Y como por deudas contraídas en la ciudad de la que vienen, debieron empeñar muchos trajes, Albert decide pedirle prestado a la compañía de teatro municipal vestuario para hacer un gran desfile publicitario y una gala ampulosa que recaude bien. Anne lo acompañará en esta visita y aunque parezca que ha deslumbrado al director, será el galán de la compañía el que la corteje.



Nótese que el nombre de todas las mujeres comienza con la misma vocal (Anne, Alma, Agda)  y que el payaso y el actor tienen nombres que comienzan con la misma letra (Frost, Frans) y que la pareja central también comparte letra inicial (Albert, Anne)



En lo anecdótico es una película de primeras veces. Es la primera vez que Bergman trabaja con el director de fotografía Sven Nykvist, que será el fotógrafo con quien más lo asocien. Esta primera colaboración fue producto de la casualidad. Noche de Circo era producida por la compañía Sandrews, en la que Nykvist era el director asistente de fotografía, para entre otros Hilding Bladh, responsable de la fotografía de Noche de Circo, pero cuando este tuvo que ir a ocuparse de otra película de la productora, Nykvist quedó a cargo y sorprendió a Bergman con la toma de 180 grados de la pistola de Albert, pero pasarían unas cuantas películas en el medio antes de que pudieran formar tándem. Es también la primera colaboración de Bergman con el escenógrafo Lars-Owe Carlberg, que pasaría a ser el director de producción más conspicuo de Ingmar. Y la primera vez que Bergman trabajó con el diseñador de vestuario, Mago, que le depararía hermosos vestidos a su elenco de actrices impares.


No es casual que me detenga en estos rubros técnicos, hacen al aspecto central de la película. Puede que un mundo sin la regencia de un Dios justo y bueno sea un lugar cruel e inhóspito para el hombre, pero es un ámbito de belleza, tan profunda como el pesar existencial. Bah, puede que el mundo, como expresó Discépolin, “fue y será una porquería”, pero que es hermoso, es muy hermoso. Aspecto que quizá haga la vida más soportable.


Bergman confiesa que escribió Noche de Circo en tres semanas, de un tirón, que se construyó casi sola, que no tuvo necesidad de rever demasiado, ni agregar conflictos ni insertar circunstancias ni corregir estructuras y que expresó mucha de la experiencia que le habían deparado las parejas que había tenido hasta la fecha. Y agrega que es muy probable que Albert sea su alter ego, el dueño de circo que ama su vida trashumante, pero que a la vez le tienta la buena vida burguesa alcanzada por su ex mujer. Y concluye con mucho humor que es perfectamente lógico que un director que es puro hueso elija a un actor robusto para que lo represente.


Bergman ya es un director instalado, pero la balanza de la crítica utiliza todavía su amplio espectro. Lo alaban, lo defenestran y analizan sus hallazgos sin mucho entusiasmo, todo por igual, sin que un sector se imponga sobre otro. Sin embargo es curioso que una película sobre la humillación le haya deparado a su creador un cachetazo público tan grande como esta crítica que referiremos. Filmson escribió en Aftonbladet: "Me niego a realizar una inspección ocular del vómito que lanzó Bergman en esta ocasión, aunque puedo imaginar que el menú original era apetitoso. Soy de la opinión de que uno debe evitar cualquier acto público de envilecimiento, incluso cuando se tenga mucho que liberar de nuestro organismo, a menos que se sea un Augusto Strindberg y se pueda hacer algo sublime de la propia sordidez”. Bergman más tarde diría que esta aseveración era representativa de la animosidad en su contra y que por desgracia no puede afirmar que no lo afectara. Ni los genios la tienen toda fácil.

Continuará

Gustavo Monteros


Pie de página o casi: En 1953, aparte de dirigir Un verano con Mónica y Noche de Circo, el siempre muy atareado Bergman dirigió en radio Un capricho, obra del francés Alfred de Musset y El holandés de su eterno favorito Augusto Strindberg. Y cumpliendo su compromiso con el teatro de Malmö, puso su primera versión de Seis personajes en busca de un autor de Luigi Pirandello y una versión (que hoy definiríamos como minimalista) de El castillo de Franz Kafka. También habría que consignar, si esto fuera un exhaustivo currículum, que Ake Falek hizo en radio la obra de Ingmar Hacia mi miedo o Dentro de mi miedo. (Ni las preposiciones son inocentes, lo del miedo es seguro, ahora si es hacia o dentro, elíjalo usted y hágase cargo de su elección. Usted tampoco es inocente) 

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