jueves, 31 de mayo de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 18


Y ahí nomás, al ratito de terminar Fängelse (El demonio nos gobierna) el 4 de marzo de 1949, el 15 de marzo del mismo año comienza a filmar Törst (Sed en el original, Sed de pasiones fue como se la conoció por aquí). Las fechas son muy importantes y relevantes porque dan con tierra con las presunciones que durante años y años estudios “pretendidamente” serios repitieron falazmente. Estos estudios decían que Bergman, ante la poca y mala recepción de público y crítica respectivamente, se vio obligado a filmar materiales ajenos de nuevo. Como se ve, que filmara Sed de pasiones ya estaba arreglado desde antes y no fue porque Fängelse  (El demonio nos gobierna) fracasara. Es más, recién se había estrenado, cuando Bergman ya dirigía la próxima. Fängelse (Prisión, en el original, como ya vimos) se estrenó el 19 de marzo de 1949, de modo que llevaba apenas 4 días “fracasando”.


Törst (Sed de pasiones) se basa en un libro de cuentos de Birgit Tengroth que fue un best-seller en 1948. Svensk Filmindustri había comprado los derechos y le había encomendado a Herbert Grevenius que escribiera un guión, tarea nada sencilla porque los cuentos se centraban en fragmentos de vida y en sensaciones antes que en anécdotas o tramas.


Herbert Grevenius fue uno de los ángeles tutelares de Bergman en el inicio de su carrera. Gravenius había nacido en 1901, y antes de convertirse en un hábil y sagaz dramaturgo de raigambre realista y proletaria, fue primero un crítico destacado e influyente. Fue el primero en cubrir no solo la actividad teatral de Estocolmo sino la que se daba también en Malmö, Helsingborg y Gotemburgo. Así fue como conoció el trabajo de Bergman desde sus albores. Promovió su incipiente trabajo e insistió en 1944 para que la ciudad de Helsingborg lo nombrara al frente de su teatro oficial aunque Bergman tuviera solo 26 años de edad. En algún momento de esos años sellaron una amistad que habría de durar hasta la muerte de Grevenius en 1993. Como aparte del teatro, los otros medios más destacados eran la radio y el cine, ambos terminarían por trabajar también en ellos.


La primera colaboración entre Gravenius y Berman se dio cuando adaptaron la obra de Oskar Braaten y coescribieron el guión de Llueve sobre nuestro amor. La de Törst (Sed de pasiones) sería su segunda colaboración.


Törst (Sed de pasiones) cuenta dos historias, la de Rut (Eva Henning) y la de Viola (Birgit Tengroth), con los personajes de Bertil (Birger Malmsten) y Valborg (Mimi Nelson) como puentes o nexos en común entre las dos historias. Rut es una bailarina que fue amante de un hombre casado, del que quedó embarazada para luego abortar un poco tarde, con resonantes consecuencias. Ahora está casada con Bertil, un historiador de arte, con quien viaja en tren de regreso a Suecia después de una estadía en Italia. La relación entre ambos es volátil, ella cae en crisis histéricas con facilidad pasmosa, lo que lo lleva a él decir que está condenado a mujeres inestables, porque él fue la pareja anterior de Viola. Por otra parte, vemos a Viola enfrentar un psicoterapeuta manipulador y viscoso del que por suerte alcanza a escapar, al menos físicamente. En la calle se encuentra con Valborg, que es bailarina y que fue compañera de Rut. Viola y Valborg deciden comer juntas en el departamento de esta última, que es lesbiana. Cuando Valborg intenta seducir a Viola, esta la rechaza y se va, para tomar una infausta decisión final. Todo es muy lúgubre a pesar de que es verano y hay luminosidad. Son historias de soledades inabarcables, de encierros angustiantes, de pasados que deforman y obseden, de pesares insuperables. Sin embargo están contadas con pasión y brío, de nuevo la vida es un infierno, pero en sus repliegues más allá de las angustias, hay alegría y placer, música y baile.


Respecto de las películas anteriores con temas ajenos, Törst muestra una superación tanto en el manejo técnico como en el de actores. A pesar de que las dos historias no cohesionan del todo para hacer un film sólido, sino que son más bien buenos momentos que se enhebran, la historia y los personajes (a través de actuaciones vibrantes y verdaderas) fluyen. El encierro y la angustia se comunican, con tal intensidad, que en más de una ocasión uno quiere trompear a lxs protagonistas.


Truffaut en esta película nota una curiosidad, luego confirmada por Bergman en sus memorias. Truffaut percibe que como en Suspicion (La sospecha, 1941) y Rich and Strange (Lo mejor es lo mano conocido, 1931), ambas de Alfred Hitchcock, los actores hacen gestos muy sutiles, casi imperceptibles, pero misteriosos, contradictorios respecto de lo que dicen o hacen, indicadores de una realidad enigmática, impulsadores de profundidades intrigantes de la psiquis que los habita y domina. Bergman había convencido a la autora de los cuentos, Birgit Tengroth, que era actriz, para que hiciera de Rut, y ella fue la que en la escena de la seducción lésbica, la pidió a su compañera de reparto, Mimi Nelson, que cuando le prendiera el cigarrillo no apagara el fósforo de inmediato, sino que lo dejara consumir entre sus dedos, que solo lo tirara en el momento en que estuviera a punto de quemarla. A Bergman ese detalle le resultó revelador, epifánico si se quiere. Dijo que en ese instante entendió lo que es dirigir actores en cine.


Dos cosas se comprueban, una, la influencia no reconocida de Hitchcock (en este film, como en el anterior, Ingmar continuó jugando con los planos secuencias y en que la cámara recurriera a tomas peculiares sin que se notara tanto que aspiraba a barroquismos formales, consecuencia directa de lo aprendido con El festín diabólico (Rope, en el original) de Hitchcock, y dos, que un narrador sabe reconocer a otro, Truffaut, antes de que Bergman lo admitiera, sabía qué estaba usando y cómo. Claro, Bergman decía que lo había aprendido de Birgit Tengroth y no de haberlo visto en Hitchcock. Pero si se fijaba en la destreza narrativa del inglés, bien podía también fijarse en la capacidad del obeso maestro para conducir actores.


Törst filmó sus interiores entre el 15 de marzo y 9 de abril y sus exteriores entre el 29 de junio y el 5 de julio de 1949. La comisión de censura recién la aprobó el 24 de septiembre de 1949 después de requerir recorte de detalles en la escena de seducción entre las mujeres, lo que según Ingmar volvió inentendible la decisión final de Viola. El film se estrenó el 17 de octubre de ese año de 1949.


Ah, en esta película, Ingmar vuelve a hacer un cameo. En una de las escenas en el tren, hace de pasajero.

Continuará
Gustavo Monteros


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