jueves, 22 de marzo de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 9


Si durante el rodaje de Crisis, Carl Anders Dymling y Victor Sjöström, jefe de estudio y director de producciones respectivamente, se comportaron como una mezcla rara de ángeles guardianes y figuras paternales, morigerando las rabietas del incipiente geniecito, dándole útiles consejos, alentándolo y estimulando, Lorens Marmstedt, productor general de Llueve sobre nuestro amor hizo todo lo contrario. Lo trató con crueldad, sin miramientos. De entrada como a la pasada le dijo: “Acordate que Birger Malmsten (el actor protagónico) no es Jean Gabin y que vos no sos ningún Marcel Carné”. No se perdía las revisiones de las tomas diarias (ver cómo quedó lo que se filmó en el día, dailies o rushes que le dicen) y señalaba los errores, sin ahorrar humillaciones delante de todo el equipo. Bergman se tragaba el orgullo y regurgitaba modestias y humildades. Para tolerarlo mejor se decía que Lorens se comportaba así por el compromiso y la pasión que ponía en el proyecto. En sus arrebatos biográficos posteriores, Bergman confiesa que Lorens le enseñó algo que le sirvió mucho el resto de su carrera. Le dijo que cuando se ven las tomas diarias, se tiene la tendencia de querer ver que todo salió más que bien, que se excusan los errores y se sobreestiman los supuestos logros, algo normal, pero peligroso, que no cayera en eso, que no fuera entusiasta, aunque tampoco crítico, que se pusiera en punto cero, que no mezclara emociones con lo que veía, y que así vería todo tal como era.


Dymling y Sjöström habrán sido muy considerados y paternales, pero terminada la Crisis lo eyectaron de una patada. Lorens nunca le habrá dicho que algo estaba bien, pero le comisionó otra película: Barco a la India.


Eso sí, se lo habrán sacado de encima rapidito, pero la Svensk Filmindustri, que comandaban Dymling y Sjöström le compraron un guión original que dirigiría Gustav Molander en 1947: Una mujer sin rostro (Kvinna utan ansikte, en el original). En este preciso momento esta película es inhallable, hace unos años anduvo dando vueltas por la red, quizá con el motivo del centenario del nacimiento de su guionista vuelva pronto. Por ahora me conformo con el resumen de filmaffinity: “Tras casarse con Frida tan solo por estar embarazada, Ragnar comienza una aventura con la inestable Rut, cuyo pasado está marcado por los abusos recibidos por su padrastro. Desde ese momento comienza una historia de dependencia, engaños, amor y traición.” He leído por ahí más cosas que me intrigan, pero no quiero irme en citas, hablar por boca de ganso.


Si en cine Ingmar intentaba labrarse un nombre con esfuerzo, en teatro, como director era una figura consagrada. Atrás habían quedado los días de los teatros y las compañías independientes o de aficionados, ahora trabajaba en teatros hechos y derechos y con actores profesionales. Los críticos esperaban y aplaudían cada nueva puesta, pero se mostraron un poco más reacios cuando el joven Bergman ensanchó su horizonte teatral postulándose también como dramaturgo. En 1946 (año de Crisis y de Llueve sobre nuestro amor) había estrenado Raquel y el acomodador de cine, que es descrita como una obra strindbergiana sobre un matrimonio invadido por los celos. En 1947 (año de Una mujer sin rostro y de Barco a la India) estrenaría El día termina temprano y Hacia mi miedo.


El día termina temprano es una pieza alegórica en tres actos. Una anciana, la Sra. Åström le hace saber a cinco personas que sus días están contados. Entre estas personas, está Jenny, una mujer de negocios, Finger-Pella, un esteticista homosexual y Peter, un actor que entretiene a los otros con una representación con marionetas de Everyman (alegoría que se traduce como Cada cual, Cada quien, Todo mundo, Hombre común). La clarividencia de la Sra. Åström tiene una explicación lógica, la señora es una alcohólica que alucina y que acaba de escaparse de un sanatorio. De todas maneras sus palabras terminan siendo ciertas, en el final de la obra estas cinco personas están muertas y se debaten en el vacío.


Hacia mi miedo cubre 20 años en la vida de Peter, un talentoso escritor de ficciones metafísicas. Presionado por su editor para que escriba libros más populares, corrompe su talento y su visión pierde profundidad. Deja también a su novia pura e inocente, Kersti y el final lo halla al lado de la vulgar y pérfida Irene. En el primer acto hay también dos figuras antagónicas, la abuela de Peter (que se supone un antecedente del personaje de la madre de Isak Borg en Cuando huye el día (Smultronstället, 1957) que se enfrenta a Mean, una especie de hada madrina, que es pura bondad.


En líneas generales, los críticos dicen que el peor enemigo del Bergman dramaturgo es el Bergman director, que para que puestas sean vibrantes y llenas de teatralidad tensa los conflictos hasta desfigurarlos. Por culpa de mi amor por Bergman, creo que este desconcierto es impostado. El hombre los apabullaba, primero fue un joven director teatral lleno de prodigios, después quiso probar el cine y ahora quería ser un dramaturgo de fuste. Era demasiado y se resistían un poco.


En 1947, Bergman dirigió tres obras para la radio, dos Strindberg: El holandés y Jugar con fuego y un Gustaf Sandgren: Las olas. Algo muy interesante porque la radio tiene su espectro propio y juega mucho con las voces, los sonidos y las músicas. Y muy útil para un puestista y un director de cine porque lo hacen concentrarse en lo que un film queda supeditado a la imagen. Para decirlo en buen romance, los suecos deben querer cortarse las bolas, porque no queda registro de estas emisiones radiales. Quien lo diría, hasta los suecos descuidan el patrimonio cultural.

Continuará

Gustavo Monteros

En la foto, Ingmar, de boina, junto a los protagonistas de Llueve sobre nuestro amor en una pausa de la filmación


No hay comentarios:

Publicar un comentario