jueves, 1 de marzo de 2018

Mi vida con Bergman - Capítulo 6

Kris (Crisis) la primera película dirigida por Bergman


Se oye una música muy dramática que arranca incluso antes de que comiencen los títulos de apertura, pasados los cuales, una voz en off, omnisciente, nos pone en autos. 

Presenta primero un pueblito idílico que dormita a su propio ritmo y al que no altera ni la llegada de un tren, porque no hay una línea que pase por este pueblito. Parece que el acontecimiento del día es el arribo del ómnibus diario, que trae los diarios, el correo y gente desconocida. 

Esta vez trae el regreso de una mujer, de nombre Jenny, que después de 18 años viene en busca de su hija, Nelly, que fuera criada por la señorita Ingeborg. El narrador, al igual que el médico de Ingeborg, sostiene que la venida de Jenny desatará la aflicción de Ingeborg, que es la profesora de piano del pueblo, y que le alquila una habitación de su casa a un veterinario de nombre Ulf, al que ella sin embargo apoda Uffe. La voz en off concluye que lo que veremos no es un drama, más bien un drama cotidiano, casi una comedia, invita a que se levante el telón, y la imagen que estuvo ilustrando lo señalado por la voz (tomas de un pueblito perdido en un valle, donde la construcción más alta es la iglesia, que enmarcan a lo lejos las montañas, el río tranquilo y angosto con botes y pescadores, chicos jugando a las bolitas en la calle, la llegada del bus a una plaza pujante y bullente, toma de Nelly, vestida con elegancia y sombrero, señoras que cotillean entre té y masas, el médico que abre una ventana, y un joven, se supone que el veterinario inquilino) se concentra en una ventana en la que una mucama levanta una cortina de rollo y vemos a una mujer al piano con un niño a su lado en el banco.
Ingeborg le reclama a Malin, la sirvienta, que no sacude bien los almohadones, después le dice al niño alumno, un rubito de anteojos llamado Kalle, que no aprende porque no pone su alma en la tarea y que es una suerte de que Beethoven, el del busto sobre el piano al menos, sea sordo, después le pide a Malin que le saque brillo a la tetera, le dice también a Malin que llega cansada, a lo cual Malin responde que es porque es muy barata. A continuación Ingeborg le ofrece caramelos a Kalle y Malin. En eso llega una joven de vincha, pollera y blusa. Es Nelly. Está apurada porque tiene que ir a buscar un paquete y después ver a Ulf con quien se ha citado.
Una puerta se abre y se ve una escalera que lleva hacia el primer piso, Nelly saluda a la vecina a la que llama la tía Jessie. Nelly se va e Ingeborg le elogia a Jessie el peinado, tan feo como el sombrero que lleva, se vuelve obvio que Ingeborg algo quiere. Jessie se acerca al espejo de la sala y le pregunta a Ingeborg si es dinero lo que necesita. Ingeborg disimula. Malin dice que terminó su tarea. Hay un juego de puertas, estilo vodevil. Ingeborg y Malin salen por una puerta y le cierran luego otra puerta a Jessie, que quiere saber de qué van a hablar. Ingeborg no solo no tiene plata para pagarle a Malin sino que además le pide dinero prestado. Vuelven a la sala, Ingeborg ya sin vergüenza ni disimulos le pide también plata a Jessie. Ingeborg despide a Kalle, Malin antes de irse le informa a Ingeborg que una señora la espera en la puerta. Ingeborg le pide a Jessie que vaya a buscar un vestido para Nelly y le da el dinero reunido más el que saca de un cofrecito. Música muy dramática. Ingeborg ve quien es la señora que la espera en la antesala y dice: ¡Ah, es usted!, para nada complacida. Corte.
Nelly y Ulf sentados sobre el pasto a la sombra de unos árboles. Ulf le pregunta qué hay en el paquete, Nelly se muestra evasiva. Ahora se los ve caminando por la calle. Ulf saca el tema del baile de esta noche, nos enteramos entonces qué es lo que tiene a Nelly tan entusiasmada. 

Ulf quiere acompañarla al baile, Nelly lo abraza y le dice que no, que es muy viejo. Nelly le pregunta si se le va a declarar otra vez, le dice que siente por él un cariño parecido al que siente por el piano o la cómoda. Nelly confiesa que quiere irse del pueblo, que quiere vivir más cosas de las que puede darle él o el pueblo. 

Le dice que lleve el paquete y ella se vuelve a buscar unas horquillas para el pelo que se ha olvidado en el césped en el que estaban sentados. Corte.
Ingeborg y Jenny en la sala de Ingeborg. Jenny es la verdadera madre de Nelly y ha venido a llevársela. Ingeborg le echa en cara su olvido durante todos estos años, Jenny alega que ahora está mejor económicamente y que le puede dar a Nelly más de lo que Ingeborg tiene para ofrecer, y que en la ciudad Nelly tendrá mejores oportunidades. 
Perdida por perdida, Ingeborg dice estar enferma de gravedad, que se la deje a Nelly para que le acompañe en su fin. Jenny la acusa de egoísta, que no piensa en lo que es mejor para Nelly sino en su propia conveniencia. Jenny baja los decibeles, propone que acepten lo que Nelly decida y que sigan charlando el día siguiente. Ingeborg queda sola y sube una música triste, que se expande y explota cuando Ingeborg se sienta al piano y solloza. Corte.
Jenny lee una revista con los pies en una palangana, o sea lee mientras se está dando un pediluvio, que no es una catástrofe sino un baño de pies. Alguien golpea la puerta con insistencia, pero parece no oír cuando Jenny le dice que entre. Deja el pediluvio y abre. Es Jack, su amante. Jenny se alegra.
Jack saca su retrato de una valija que Jenny tiene abierta sobre la cama y lo besa. Lleva puesto el mismo traje del retrato, uno a rayas con grandes hombreras, completado no con corbata sino con un moño y un bigotito recortado. Se acuesta y le pide a Jenny que se aproxime, algo que ella hace con sensualidad. Jack le pregunte por qué ha venido a este pueblito, saca un cortaplumas y le informa que si no le dice la verdad, la va a cortar en pedacitos y la va a meter en la valija. Jenny le dice que vino a buscar a su hija de 18 años. Jack se interesa y se besan. Corte con puntos suspensivos en el que se supone que hicieron el amor. Volvemos a la sala de Ingeborg que abre el paquete con el vestido que encargó, mientras lo hace, le dice a Ulf que no fue muy inteligente declararse a la luz del día antes del baile, que debió hacerlo a la luz de la luna, después del baile, porque después de compararlo con los chicos del baile, sin duda lo preferiría. Ulf no se tiene en tan alta estima. Le piden a Nelly que venga. Ulf sostiene el vestido para que Nelly lo vea no bien entre. 
Nelly entra elegantísima con un traje de fiesta. Ulf deja caer el vestido e Ingeborg lo pone de vuelta en la caja. Nelly se sorprende por el vestido y cuenta que le escribió a la “tía” Jenny contándole que habría un baile y que le mandó el traje que usa. Ingeborg le dice que la “tía” Jenny está en el pueblo, pero que mejor hablen mañana sobre eso. Corte.
Baile en el hotel. Por una gran escalera bajan de dos en dos los invitados. En un rincón, sobre una plataforma, una banda musical cuyos integrantes van coronados por gorras que parecen de marineros.
Después habla el alcalde sobre que viven tiempos difíciles (y sí, estamos en la postguerra) y que es necesario también divertirse. Abre el baile con el Danubio Azul. Ulf baila con Nelly, no es muy buen bailarín y su conversación deja mucho que desear, pero tiene un aire a Van Heflin que lo favorece. Entran por una puerta lateral Jenny y Jack, señalan y se ríen groseramente de algunos invitados. Son los citadinos riéndose de los palurdos campesinos. Corte.
Ahora Nelly conversa con un rubio de anteojitos, Nelly se queja de que solo tocan valses, el rubito dice que es lo único que sabe bailar el alcalde. Jenny y Jack sentados a una mesa se burlan del baile. Jack le pide permiso a Jenny para sacar a bailar a Nelly. Jenny se lo concede encantada.
Corte a Nelly sentada en la gran escalera. Jack y Ulf coinciden y ambos le piden a Nelly el siguiente baile, Nelly acepta a Jack. Corte. Nelly y Jack dejan de bailar y conversan en la escalera. Jack se muestra seductor y Nelly le dice que habla como en las novelas.
Jack la lleva al rellano, donde se les une un borracho, uno de los músicos, sin duda, porque esconde en el pecho de su saco una gorra como la de la orquesta. Jack le pide vasos vacíos a un mozo que pasa, y llena tres con un brebaje que él dice exclusivo y que carga en su petaca. Los tres, Nelly, Jack y el borracho brindan. Notamos que Jack en realidad es muy joven y que está más cerca de la edad de Nelly que la de Jenny. Abajo el alcalde interrumpe el baile e invita a descansar los pies.
Pasan todos a un saloncito lateral, en el que las sillas están acomodadas como en un teatro mirando a una plataforma en la que hay un piano. Todos se sientan, un hombre se ubica en el piano y se aproxima una señora con una cola de zorro en el hombro, es una soprano que inicia un recital.
Jack llama a los más jóvenes, que estaban de pie detrás de la improvisada platea, y los lleva al cuarto de al lado, se agencian otro piano, sobre el que se sienta Jack que inicia con una escobilla de batería sobre un tamborín nada más ni nada menos que una alegre y muy bailable pieza de jazz.
La cámara va del recital de la soprano en el que quedaron solo los “viejos”, entre los que se cuenta Ulf, al baile improvisado por los jóvenes. El jazz termina por imponerse al recital y se produce un pandemonio. Los viejos protestan, los jóvenes pugnan por salir, desde una ventanita superior, Jack que está junto a Nelly dice: ¡Qué puñado de marionetas locas! ¿Quién las ha puesto en marcha? A lo que se responde: ¡Yo! ¡Vamos! Líneas que en una película de cualquier otro pasa desapercibida, pero que en una de Bergman resuena con eco. El hombre, para dicha de la humanidad, nunca superó el primigenio teatrito de marionetas de su infancia. Volvamos a la película.
Nelly y Jack corren por el campo a la luz de la luna y se sientan a la vera del río.
Él se ha sacado el saco para que ella se siente en él y no arruine su traje de noche. Él se compara con un juguete a cuerda y agrega: “Un día dejaré el teatro de marionetas y entraré en la oscuridad. Llegará la primavera, todo se desmoronará  y la gente dirá: ¿Qué fue de ese tal Jack?”Ella le pregunta si es feliz. Él le responde que ahora está bien, pero que no es feliz, que lo vigila un dragón, que le da todo lo que necesita por un pequeño precio, un poco de su cuerpo y de su cerebro cada semana, pero que eso se ha acabado. 

Entonces la besa con pasión y está por hacerle el amor. Aparece Ulf, los separa y tira a Jack al río desde un muellecito que está cerca. Ulf está furioso y lleva a Nelly a los tirones, mientras le recrimina su comportamiento en la fiesta, ella le dice que no ha cantado ni bailado lo suficiente y él se aparta, y ella marcha detrás, separada unos pasos de él. En casa de Ingeborg, Nelly se lamenta, pero dice que solo siguió los deseos de su corazón, tal como siempre le dice Ingeborg. Dice también que se siente como si hubiera hecho un largo viaje, e Ingeborg le dice que se alegra de que haya regresado a casa. Nelly le dice que la quiere y que nunca se marchará de su lado. Ingeborg dice que jamás ha sido más feliz. Corte. Regresa el narrador. Dice que un nuevo rumor circula este domingo por la mañana. Toma del camino a la iglesia, de pavas hirvientes, de ancianas que toman té, después se ve a Malin y a otra señora que vacían unos baldes con basura supuestamente. El narrador nos cuenta que lo que se circula se refiere al baile y al escandaloso comportamiento de Nelly, que hubo forasteros en el baile y que este fue salvaje y disoluto. Aclara también que a la pobre Nelly le va a ser difícil seguir viviendo en el pueblo.
Pasamos a la sala de Ingeborg, Jenny intenta convencer a Nelly de que se vaya a la ciudad con ella, le dice que tiene un salón de belleza, que podrá trabajar en él, que tendrá un sueldo que le servirá para sus cosas, y que Ingeborg podrá ir allá o venir Nelly al pueblo en sus vacaciones. Nelly se muestra renuente. En eso abre la puerta Ulf y Nelly, furiosa todavía con él, de repente acepta la invitación de Jenny. Pasamos al momento en el que Jenny le cuenta a Ingeborg que Nelly se va con ella. La noticia devasta a Ingeborg que procura no demostrarlo. Aunque la cámara se queda con la afligida Ingeborg, la música es vivaz, lo es porque precede a una toma con un tren que pasa y se va.

En un camarote están Jenny y Nelly. Pasa Jack, se vuelve al reconocerlas y entra. Jenny lo presenta como al hijo de su hermanastro y que ha sido como una madre para él desde que sus padres murieron. Jenny le dice que tiene el traje arrugado, a lo que Jack contesta que se arrugó porque ha estado en remojo. Vuelve la música vivaz, ahora un poquito histérica.
Jack y Nelly se ríen estentóreamente. Pasan por un túnel, Jack comenta estúpidamente que el túnel fue largo y de nuevo ríen histéricamente. La música abandona la histeria y se vuelve apacible. Toma del pueblo con su camino a la iglesia en un día soleado. Por una calle, echado una larga sombra se ve pasar a Ingeborg. El narrador dice que está más vieja, triste y solitaria, pero que sigue con sus clases y su vida. Toma con Malin y un cochecito de bebé, nos informa el narrador que Malin ha aumentado la población del lugar con gemelos, que le alegran la vida, aunque su marido la ha dejado. De paso nos entera que Ulf se ha ido también… Ahora en la sala de Ingeborg, están ella, ovillando lana, Jessie y Malin que saca de escena al bebé que llora. Ingeborg le pide dinero prestado a Jessie para comprar lana, porque le está tejiendo ropa a los mellizos. Jessie en un principio se la niega. Nos enteramos de que el hermano muerto de Jessie estuvo comprometido con Ingeborg, de ahí que sean casi una familia. Ingeborg le dice entonces que llegó una larga carta de Nelly, seis páginas. A Ingeborg se le ilumina el rostro al comunicar las noticias de Nelly, que consisten en que agrandaron el salón de belleza y… Ingeborg se detiene, la ha atacado un gran dolor físico. Jessie le pregunta qué tiene, Ingeborg dice que nada y sale. Jessie la sigue y la encuentra transida de dolor agarrándose de una puerta. ¡Ingeborg estaba enferma de verdad!
Pasamos a Ingeborg de camisón y en cama atendida por un médico. Edward se llama el doctor. Ingeborg le pide que le diga la verdad. Él le dice que se puede operar, que es una operación grave que solo postergaría unos años lo que es inevitable e irremediable. Ingeborg le pregunta qué pasa si no se opera. Edward, el médico, le dice que serán unos años menos antes del final. Ella quiere saber si podrá levantarse y andar. Él le dice que sí, hasta un par de meses antes de morir, y que mientras tanto podrá mitigar el dolor con unos remedios que le dará. Ella le agradece, desvía la vista y dice más para sí misma, con amargura: “Las cosas son como deberían ser. Me lo tengo merecido”. Toma de una calle del pueblo de noche, se oyen unas lúgubres campanadas.
Ingeborg se despierta y oye que la llama la voz de Nelly. Se levanta con dificultad por el dolor y sube las escaleras hasta el piso de Jessie, entra a su habitación y la sacude para despertarla, sin lograrlo, Jessie duerme como un tronco. Ingeborg toma una manta, se envuelve en ella y se ubica en un sillón que hay al lado de la cama. Amanece, suena el despertador, Jessie lo apaga y lo mete debajo de sus mullidas almohadas.
Ingeborg se incorpora, Jessie se asusta al verla y se despierta del todo. Ingeborg le pregunta si no debería ir a ver a Nelly. Jessie se extraña porque nunca le pide consejo alguno, pero le dice que mejor vaya. Ingeborg le confiesa que no tiene dinero, Jessie le dice que no se preocupe, que ella se lo prestará. Ingeborg la abraza, le dice que es muy buena y rompe en llanto y exclama que ya no lo soporta más. Jessie la contiene. (La actriz que hace de Ingeborg no está muy bien en esta escena, se supone que debe conmovernos con su tristeza, con su desesperación, pero no está a la altura de las circunstancias, la que hace de Jessie en cambio, está muy bien, la escucha y la contiene bien y eso nos acerca un poquito, pero no mucho, al drama) Toma de un tren entrando a una ciudad. A continuación se ve a Ingeborg pasar frente a un teatro, donde unos operarios bajan de un camión unas siluetas de árboles y casas para una escenografía. Al lado del teatro hay un gran salón de belleza que se llama Maison Jeannie.


Entra, es un lugar lujoso, llenos de esbeltas auxiliares de hermoso y ajustados uniformes y elaborados peinados de esa época, los cuarenta. Las clientas son unas ricachonas orgullosas y muy elegantes, con pieles, grandes y caras carteras y sombreros llamativos y bonitos. En un gabinete, una señora, cubierta con una bata y con la cara embardunada de algo parecido al barro, critica en voz muy alta y con profundo desprecio a una de sus clientas vestida a los 60 años como alguien de menor edad. Uno supone que se trata de Jenny, pero no. Todas, empleadas y clientas miran a Ingeborg con desdén, a la legua se ve que es pobre y para nada a la moda. Es allí cuando vemos a Jenny, que detrás de una cortina, le hace señas a una de sus chicas para que se haga cargo de la situación. La chica le pregunta a Ingeborg qué quiere y si tiene cita. Ingeborg, sin decir una palabra, sale. Nelly que cree haber reconocido a Ingeborg intenta ir tras ella, pero Jenny la detiene y la obliga a continuar con sus obligaciones. Corte. Jenny le da de comer a unos peces. Golpean a la puerta.
Es Ingeborg, Jenny la hace pasar y le muestra el cuarto de Nelly, la humilla mostrándole los lujos que le ofrece a Jenny, los vestidos y hasta la ropa interior, pero se sobrepasa cuando toma el diario de Nelly y lee un extracto. Ingeborg insiste con que está muy bien cuando Jenny remarca que se la ve muy pálida. Entra Nelly y abraza a Ingeborg. Mientras Jenny se retira para que puedan charlar a solas,  Ingeborg fuerza un segundo abrazo para que Jenny lo vea y se retuerza. Ingeborg le pregunta si ha visto a Ulf y Nelly se sorprende al saber que él también se ha ido al poco tiempo de que ella se viniera a la ciudad. Ingeborg le dice que no ha vuelto a alquilar la habitación porque espera que Ulf regrese. Ingeborg se da cuenta de que Jenny le oculta algo y la insta a que le diga de qué se trata. Nelly calla.
Ingeborg las llama a cenar. La escena se abre con un plato vacío, es el de Jack sobre el que gira la siguiente conversación, en la que Jenny lo ataca y Nelly lo defiende. Es claro que se trata de una disputa que viene de hace un tiempo. Ingeborg dice que debe ir a la estación para no perder el tren. Nelly lamenta no poder acompañarla a la estación. Ingeborg dice que quizá no pueda volver a visitarlas. Nelly promete ir ella, y el último abrazo que se dan es teatral y subrayado con una música muy dramática. Ingeborg en la puerta del edificio de departamentos se cruza con Jack, al que parece no ver y que en verdad no conoce. Sin embargo, Jack se aproxima y se presenta. Jack la acompañará a la estación. Llama a un taxi. Corte.
Jack mira el horarios de trenes en un tranparente mientras sostiene un paquete de caramelos, le convida uno a una gitana sentada junto al cartel que miraba. Vuelve con Ingeborg, que está sentada más allá, le da el boleto para el coche-cama, una revista y los caramelos. Jack inicia una conversación enigmática que Ingeborg no entiende. Le pregunta directamente si está enamorado de Nelly, él le dice que no puede amar a nadie salvo a sí mismo, que más tarde se sacará el traje que lleva y se lo enviará a Nelly, que Nelly es alguien real, que ella volverá con Ingeborg y que así obtendrá su recompensa, y que Jenny y él pagarán por su egoísmo. 
Ingeborg se perturba y le pide un cigarrillo para tranquilizarse. Dice que presiente que algo grave sucederá, pero no sabe qué es. Llaman a abordar. Corte.
Ingeborg y Jack en el andén, se verá la despedida y el abordaje en una sucesión de tomas “artísticas” que muestran más intención que logro. Cuando el tren finalmente se marcha, hay una música muy dramática que se diluye en algo más alegre, porque lo que sigue es el ronquido de la pasajera de la litera superior en el camarote en el que va Ingeborg. La señora de la litera del medio la despierta, la señora de arriba se saca los anteojos, deja la revista que veía y se acomoda para dormir mejor, a la vez que dice que está cansada porque fue a ver a sus nietos. La señora del medio sonríe y también apaga su luz. En la litera de abajo se ve a Ingeborg, con cara de desesperación o de gran tristeza, tal vez. 

Con los ojos bien abiertos sueña despierta o recuerda. De todos modos es un flashback. Se ve joven con una Nelly niña y de bucles al piano sobre el que se destacan el pequeño busto de Beethoven y un candelabro encendido, en la segunda imagen Nelly es mayorcita e Ingeborg le dice que no es su verdadera madre a lo que Nelly contesta que hace mucho que lo sabe porque los otros niños ya se lo dijeron y que no se lo contó para no entristecerla, después aparece Ulf que dice recordar su confirmación para la que le compró un vestido con lo que sacó de unos libros que vendió, luego se ve un primer plano de Jack, en off se oye a Ingeborg que dice “Nosotros siempre la hemos querido” a lo que Jack contesta: “Yo me quiero a mí mismo, ella me mantiene atado a la realidad por mi propio bien.” Le sigue Jenny que dice: “No es por el bien de ella sino por el suyo que se la queda.” Estos rostros tienen de trasfondo las vías férreas como vistas desde la cabina de un tren. Las vías se van, porque se fueron los recuerdos, e Ingeborg suplica: “Señor, ¿por qué me pasa esto? Soy una mujer mayor. Siempre he pensado que lo hacía por el bien de la niña. ¿Para qué más he existido? Señor, aparta estos pensamientos de mí. No quiero tenerlos. No los soporto.” La música que acompaña estas escenas es plenamente dramática. Corte. Vemos el tren que pasa desde un campo al costado de las vías. Corte. Ingeborg duerme inquieta. Ahora sabemos que duerme porque tiene los ojos cerrados. Sueña que Nelly le habla, pero no oye lo que dice. 
Se despierta sobresaltada y grita: “No quiero estar muerta, ayúdenme”. Todo con música altamente dramática. Baja primero la señora de la litera intermedia que le acaricia la cabeza. Baja después la señora de la litera superior, que dice que debe ser por algo que ha comido y le pide que tome agua del vaso que trae consigo. La señora de la litera intermedia le dice que deje la luz prendida, que eso la ayudará a dormir mejor. Corte. Se apaga la música dramática. Ingeborg entra a su departamento, en el closet de la entrada ve un abrigo y se alegra. ¡Ulf ha vuelto! Va a darle la mano (se ve que los códigos de efusión eran muy parcos por entonces). Le pregunta si se quedará, si le gustó la ciudad. A lo que Ulf responde sí a lo primero y no a lo segundo. Ingeborg le inquiere si Nelly le ha escrito, a lo que él responde que solo una postal.
Ulf le dice si puede ayudarla, confunde la enfermedad de Ingeborg con aflicción, a lo que Ingeborg responde que no, que es algo que hay que pasar solo. “¿Y después?”, pregunta Ulf. Ingeborg hace una semisonrisa amarga y agrega: “Conviene que nos quedemos aquí.” Corte. Nelly baja por una escalera de caracol y entra en el salón de belleza de Jenny. Es de noche, hay pocas luces y muchas sombras, largas, muy expresionistas, el juego de sombras le queda muy bien al blanco y negro. Hay algo onírico y un poco siniestro, sobre todo por la mezcla de cortinas de tul, mostradores de vidrio, espejos y cabezas para apoyar pelucas. Se oye la música y los diálogos y las risas del teatro de al lado, donde sin duda dan una revista o un music-hall, algo ligero con números de canto y baile y esquicios. Hay contraste entre lo que se oye y el ambiente lúgubre del salón. Nelly va hacia la vidriera, afuera hay un hombre de aspecto atemorizante.
Alguien golpea la puerta de entrada. Nelly abre, es Jack, viste ropas pobres como las que le había dicho a Ingeborg que usaría. Prende un cigarrillo, Nelly le dice que lo apague, que a Nelly no le gusta que fumen en el salón. Ella le dice que se lo ve distinto y si es por algo que pasó con Jenny. Jack confiesa que Jenny es a la única persona que ha querido, que quiso alejarse, pero que no ha podido. Intenta abrazar a Nelly, pero ella se resiste. Le recrimina que para qué la acosa si no la quiere. Él le responde que no sabe si la quiere, pero que ella lo cambió todo para él. Nelly le dice: ¡Pobre, Jack!
Él responde que se ha dicho lo mismo muchas veces y que se tiene que acabar, que ya no puede sonreír ni un día más, que se va a suicidar, porque siempre está actuando, que lleva una pistola en el bolsillo, aunque ya no sabe si es para impresionarse a sí mismo, o para asustar a una chica como ella. Ella repite: ¡Pobre Jack! Él le pide que no lo compadezca y le dice que ella obtendrá de la vida lo que quiera y que pagará el precio por eso. Ella le ofrece ayuda y él le dice que lo acompañe a la policía a declarar que ha cometido un crimen, que asesinó a la chica que vivía con él, que estaba embarazada, que abrió el gas para fingir que había sido un accidente. Ella le promete que lo acompañará mañana, él le dice que es muy buena y le pide un beso. Se besan apasionadamente. Él le pegunta si tiene miedo, de donde deducimos que será su primera vez, ella le dice que no, pero le pide que no le diga que la quiere porque no es verdad. Se besan otra vez y reaparece la música muy dramática. La cámara se aleja para mostrar los tules, las luces, las cabezas que sostienen las pelucas, después vuelve al beso, siempre al compás de la música muy dramática. Han hecho el amor sobre una de los taburetes largos  en los que esperan las clientas.
Nelly ve, entre los mostradores con cabezas que sostienen pelucas, detrás de un tul ¡a Jenny! Se incorpora sobresaltada y se cubre con una sábana que sostiene a la altura de los pechos. El plano se abre y se ve a Jack, ya vestido, en la otra punta del mismo taburete. Se incorpora, prende un cigarrillo, corre la cortina de tul con rudeza y le increpa a Jenny sobre qué piensa de esto. Jenny lo ignora, va hacia Nelly y le ofrece ayuda.
Nelly la aparta, Jenny se sienta a su lado en el taburete y le pregunta cuánto hace que viene pasando. Jack grita que no le conteste. Jenny le dice que se vaya, Jack contesta que no lo hará, Jenny acepta que se quede si es eso lo que quiere. Jenny va a buscar un frasco de colonia y la embebe en un pañuelo y se lo pasa por las sienes de Nelly, para calmarle un poco el nerviosismo de haber sido descubierta en falta, después de todo ella no ignoraba que Jack era el amante de Jenny. Le dice a Nelly que fue su culpa haber permitido que Jack viviera con ellas, y le pregunta si ya le ha contado el cuento de la novia muerta por el gas, en la versión de Jenny no está embarazada sino que tiene dos hijos que murieron también gaseados. Le pregunta también si ya le ha pedido que lo acompañe a la policía a confesar el asesinato, si le mostró la pistola, si ya le dijo que ella es la que lo mantiene anclado a la realidad, si ya le dijo que no puede sonreír más y que se matará. Nelly da vuelta la cabeza hacia la pared, no quiere oír más. Jenny concluye con el comentario de sabrá Dios a cuántas les habrá dicho lo mismo y que ya una vez lo había enviado a un sanatorio mental para que le curaran las fantasías. Jack dice que pare de mentir, que solo lo ha comprado para no sentirse sola, que por ese mismo motivo buscó a Nelly, para no saberse sola y abandonada.
Jenny le dice que vaya a pegarse un tiro, pero que se asegure antes dónde está la cabeza. Jack le contesta que seguramente nunca lo hará, porque gente como él no se suicida. Le agradece lo que hizo por él y le asegura que aún si pudiera devolverle todo el dinero que ha invertido en él, no lo haría, porque las mujeres tontas como ella solo se pueden culpar a sí mismas. Sale acompañado de la música muy dramática. Nelly pregunta si Jack se hará daño, Jenny le dice que no. Nelly anuncia que también se irá. 
Jenny dice que lo haga, va hacia un tocador, se sienta, prende la luz del mismo y viene un momento muy Bergman, quizá el único de toda la película, o tal vez no, pero los otros no son tan buenos como este. Jenny, mirándose con impiedad en el espejo, dice que es dura, que ya ha estado sola antes y que incluso fue mejor, que cuando la vio a Ingeborg tan vieja, fea y agotada, pensó que era tan vieja como ella, aunque nadie lo adivinaría, pero que debajo de su cara… Se interrumpe para estrujársela, a continuación se pregunta por qué se van todos, que la vez que más daño le hizo fue cuando se marchó el padre de Nelly, porque lo quería, que después de él se fueron todos y ahora hasta Jack, y ella, Nelly. Le dice que haga eso precisamente, que se vaya con Jack, que en el fondo es un buen muchacho. Nelly dice haber oído disparos. Se oye una música de suspenso, pero es del teatro, Jenny sale y se la ve pasar por la vidriera, la cámara permanece en el salón con Nelly. Se oye gritar a Jenny en off. Grita: ¡Jack! Grita su nombre repetidas veces. Seguimos en el salón, el público del teatro estalla en carcajadas, Nelly, otra vez vestida, se toma la cabeza y sale, la cámara la acompaña y nos muestra lo que ve. En la esquina, que es la del teatro, Jack está tendido en la calle muerto, un diario le cubre el rostro, Jenny se lo aparta y sacude el cuerpo mientras llora a los gritos. Salen del teatro los espectadores y se agrupan alrededor de Jack y de Jenny, llega también una ambulancia, Jenny sigue zamarreando a Jack a los gritos. La ambulancia se lleva a Jack y a Jenny. Nelly está junto a un transeúnte, que dice haber estado al lado de Jack mirando los anuncios del teatro, cuando este se pegó el tiro, que todo fue muy desagradable y que fue él el que le tapó la cara con el diario. Ida la ambulancia, todos se van.


Nelly queda sola, comienza una música más lúgubre que dramática. Nelly se aleja a los tumbos, como borracha, llega a la ribera de un río de ciudad, parece que va a tirarse en el río profundo, pero decide no hacerlo. Por detrás de Nelly, por un puente pasa… ¡un tren! La música, muy dramática o lúgubre, tiene notas esperanzadoras en su apoteosis. Corte. En la sala de Ingeborg, Ulf e Ingeborg después de tomar un té, la bandeja con las cosas del té en primer plano lo evidencian, charlotean. Ulf fuma una pipa e Ingeborg teje. Llega Jessie. Ulf se levanta para irse a su cuarto y le dice a Jessie que se sirva té, que todavía queda, que está muy bueno.
Jessie se sienta junto a Ingeborg a tejer al lado del hogar encendido. Jessie dice que Ulf es tan bueno como buenmozo. Ingeborg dice que se le declare, que Ulf necesita una mujer mayor que lo cuide. Jessie le contesta con un ¡Ingeborg!, que quiere decir algo así como dejate de joder. Charlan unos segundos sobre Nelly y Ulf, y ¡llega Nelly! La acompaña una música triste. Luce deshecha, agotada. Nelly e Ingeborg se abrazan.
Jessie quiere quedarse, pero Ingeborg la manda a su cuarto, Bessie obedece, pero aclara que bajará más tarde. Nelly ratifica que está todo en su lugar. Pregunta si está también Ulf y como le dicen que sí, se dispone a saludarlo. Ulf se sorprende al verla. Tienen una conversación parecida a la que tuvieron al principio de la película. 

Ella con muchos “No te me declares”, “Somos solo amigos”, “Eres viejo”, pero también con “Atrévete y tómame de una vez”, “Si tanto me quieres ¿por qué no me tomas?” Él no quiere imponerse, quiere que sea porque ella así lo desea, o quizás la relación entre ellos sea eternamente así, contradictoria y frustrante. La escena concluye con él diciendo que al menos le permita decir que la extrañó mucho. Ella se queda dolida. Corte. Ingeborg le dice a Nelly que ya está lista la comida, Nelly insiste con que no tiene hambre. Dice que ha huido, que era todo muy espantoso, que cree que hay dos momentos que no superará jamás, la cara de Jenny junto al maniquí, o sea cuando descubrió que acababa de hacer el amor con Jack, y el cuerpo de Jack tirado en la calle frente al teatro con el rostro cubierto con el diario. Ingeborg le recuerda lo que se decían cuando no tenían plata y pasaban necesidades: “Tal vez mañana ocurra algo bueno”. Ingeborg le dice que después de comer irá a la iglesia, que toca allí mucho el piano, que le dan trabajo. Corte. Ingeborg entra por una puerta lateral, que da al parque frente a la iglesia. En un banco leyendo al sol, está Edward, el médico. Él dice que es una hermosa tarde soleada, que se ha enterado del regreso de Nelly y le pregunta cómo la trata su enfermedad. Ingeborg le dice que muy bien, porque ya no tiene miedo. Se aleja unos pasos, se da vuelta y agrega: “Este es un buen atajo” (¿!) Edward asiente y regresa a su libro. Corte. Campanas alegres. Se ve a Ingeborg salir de la iglesia, que ahora es su lugar de trabajo. Regresa el narrador y dice: “Dejemos a la Srta Ingeborg aquí, de pie a la luz del sol, observa a dos jóvenes paseando calle abajo. Caminando un poco separados, pero juntos al mismo tiempo. Nelly y Ulf. La tranquilidad de la tarde del sábado se posa dulcemente sobre este pueblo tan pequeño.” Las alegres campanas se funden a una música esperanzadora en su trémolo final. Fin

Continuará

Gustavo Monteros

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