sábado, 5 de noviembre de 2011

Un tranvía



Un tranvía llamado deseo es una bendición y una maldición. Es una bendición porque es una de las obras mejor escritas del mundo. Y es una maldición porque la versión cinematográfica posa como la lectura definitiva de la obra. Durante años sostuve esa creencia y me negué a ver otras versiones. Decía que para qué molestarse en hacerla en vez de exhibir la película. El tiempo enseña y si lo dejamos nos abre la mente. El film de Elia Kazan de 1951 con Marlon Brando, Vivien Leigh, Karl Malden y Kim Hunter no es, más allá de todas sus excelencias, la única versión posible. Marlon Brando no es el súmmum de Stanley Kowalski ni Vivien Leigh la apoteósis de Blanche Du Bois. Más allá de que Marlon Brando le diera la impronta de su cuerpo musculado y de su magnetismo animal inimitable. Y Vivien contara con el beneficio en el arte y desgracia en la vida real de ser emocional y psíquicamente inestable, lo que le venía como anillo al dedo al personaje. Bien, por ellos y por la gloria del cine, pero Stanley Kowalski no se agota en Marlon ni Blanche en la exquisita Vivien. La obra es tan rica que ni siquiera ellos abrazan por entero la magnitud de los personajes. Otras versiones, otras lecturas son posibles. Los críticos, como yo antes, suelen creer que Kazan, Brando y Leigh establecieron la perfección y que son insuperables. Hoy sé que no es así. Los críticos habitualmente entregan elogios a los Mitchs y a las Stellas, los personajes que delinearan Malden y Hunter, porque, aunque están magníficos, no enamoran tanto como Brando y Leigh; y castigan con durezas y sarcasmos a los Stanleys y a las Blanches por no ser Marlon y Vivien, y acentúan que el director de turno no es el "buchón" de Kazan. (Buchón porque denunció compañeros en el Macarthismo, quizá hago mal en mezclar arte y vida, pero me pudren algunos endiosamientos, Kazan era un gigante en el arte y un ser humano pequeñito por no decir miserable. Retomo:) Algo de eso pasa con la versión que se presenta en estos momentos. Érica Rivas es una Blanche estupenda y Diego Peretti está muy pero muy bien como Stanley. Por supuesto que la gran Paola Barrientos está genial como Stella y que Guillermo Arengo es un Mitch querible y comprensible, y es justo que hayan recibido las alabanzas prodigadas, como que no es menos cierto que Rivas y Peretti pagaron injustamente la estrechez de los críticos y se quedaron con todos los "peros". La dirección de Daniel Veronose es acertada y da una lectura rica de la obra. Distinta a la de Kazan, pero no por eso equivocada. Esta versión del tranvía ha entrado en sus últimos días en el teatro Apolo de Buenos Aires, de no hablerla visto todavía, si pueden, véanla. Vale la pena. Para sostener mi argumentación, va esta foto de la puesta dirigida por Luchino Visconti para el estreno en Italia (1951). Se ve a Marcello Mastroianni como Stanley y a Rossella Falk como Stella. No se había estrenado la película aún y Marcello no tuvo que sufrir la comparación con Brando. Y si duda, su interpretación fue diferente a la de Brando. Para empezar nunca fue musculado y su encanto no dependía precisamente del magnetismo animal. No, lo suyo iba por otro lado, pero no por eso tenía menos derecho a ser un Stanley Kowalski válido. 


(Está en la escena en la que Stanley, después de revolver el baúl, se sorprende por las "supuestas" joyas de Blanche)

1 comentario:

  1. Debo decir que por lo jóven casi no lo reconocí. Y admitir, además, qué hermoso que era. Un perfíl perfecto, verdaderamente. Cuánta suerte la de este tipo, haber sido tán genial, tán talentoso y poder trabajar y mezclarse en el momento indicado con una cantidad de genios tán grandes como él.

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